Un saludo cariñoso para cada uno de ustedes, estudiantes de Psicología Social.
Descubre, interpreta, intuye, explora, asómbrate. Deja tu comentario. El día lunes 28 conversaremos.

No olvides, comentario  sólo hasta el sábado 26 de este mes.

Por favor, escribe tu nombre completo.

Maguita.

Conocí a José de Souza Silva en le marco del II Congreso Internacional -Universidad, Desarrollo y Cooperación-  que tuvo lugar en Cuenca, en la sede de la Universidad Salesiana.

Fue no sólo un honor, sino un inmenso placer compartir con José unos momentos de tertulia.

Su voz, más que autorizada, deja oleadas  de palabras dichas con fuerza,  con alma! Sus palabras, no son únicamente del hombre con experiencia académica, sino más bien del hombre latinoamericano (por nominar así) que tiene en su corazón la fuerza de este gran continente.

Oír a Souza es sentir el ímpetu de un caudaloso río, de los muchos que cruzan estas tierras; es sentir el bramido que emerge de un volcán, previo a la erupción. En sentir, que remueve las fibras indias, negras, mestizas que están presentes en cada uno de nosotros, pero que a fuerza de oír un discurso desvalorado por siglos, pero vigente aún, nos lleva a meditar por días. El oír se trasforma en escuchar… escuchar que algo está allí en lo profundo de nuestro ser… escuchar que esas palabras yo las tengo pero no las digo… escuchar que hay esperanza real para mis hijos, para mis nietos para los jóvenes que viven en nuestro continente.

Este artículo es la ponencia que en el I Congreso expuso.(Conferencia magistral presentada en el Primer Congreso Internacional “Universidad, Desarrollo y Cooperación”, realizado en Cuenca, Ecuador, 25-27 de abril de 2007).

Por favor léelo dos, tres, cuatro veces, tantas como sean necesarias para que sean parte tuya, para que las APREHENDAS!!

Tengo la autorización y el privilegio de atesorarlas en este blog.

¿QUÉ DESARROLLO ES POSIBLE?

Descolonizando la dicotomía del superior-inferior en la “idea de desarrollo”. De lo universal, mecánico y neutral a lo contextual, interactivo y ético.
¿Qué desarrollo es posible en América Latina, si todos los modelos
de desarrollo han fracasado en la región desde 1492?
Una forma de contestar a esta  pregunta es haciendo una descolonización de la “idea de desarrollo”. Dicho esfuerzo requiere pensar histórica y filosóficamente las razones comunes
del fracaso de los “modelos” que nos han sido impuestos históricamente, sin caer en la trampa estéril de discutir los adjetivos —integral, endógeno, alternativo, sostenible, deliberativo,
local, territorial, humano— más apropiados para el desarrollo.
La relevancia —o irrelevancia— de lo que hoy llamamos “desarrollo”
es construida por los significados culturalmente atribuidos a su
naturaleza y por las relaciones políticamente establecidas para su dinámica, y no por sus adjetivos.
Inspirados en el modo clásico de innovación de la ciencia moderna creada en Europa occidental, en los siglos XVI y XVII, los “modelos fracasados” tienen, entre otros rasgos comunes, la pretensión de ser universales en su aplicación, concebir la realidad como una máquina y reivindicar neutralidad para sus impactos.

Por causa de la experiencia colonial de América Latina, es imprescindible responder a algunas preguntas tan
críticas como obvias: ¿Quiénes crearon dichos modelos, desde qué realidad, a partir de cuáles premisas y para alcanzar qué agenda? Rehenes de la lógica de la modernidad-colonialidad
europea, dichos modelos fueron concebidos siempre en ciertos idiomas, creados siempre por determinados actores y nos llegaron siempre desde innegables lugares, que nunca coinciden con nuestros idiomas, actores y lugares. Por lo tanto, dichos modelos fueron concebidos lejos de nuestro contexto y sin compromiso
con nuestro futuro. ¿Por qué?
Para facilitar la dominación para la explotación, los imperios crearon la dicotomía del superior-inferior, con el criterio del racismo para jerarquizar a los grupos humanos, y la premisa del universalismo para “naturalizar” la colonización cultural que establece para el inferior el pensamiento subordinado al conocimiento
autorizado por el superior.
Por ello la humanidad fue dividida en civilizados-primitivos a partir de
1492, y en desarrollados-subdesarrollados desde la Segunda Guerra
Mundial. Bajo el derecho del más fuerte, ellos generan, ellos transfieren
y nosotros adoptamos.
Para facilitar nuestra formación como meros receptores de ideas,
creencias, conceptos, teorías y paradigmas euro-céntricos, nuestros sistemas de comunicación y educación han sido “diseñados” bajo la pedagogía de la respuesta que forja a “seguidores de caminos”. La “normalidad” creada por dichos sistemas de comunicación
y educación nos induce a:
Memorizar las respuestas ya existentes para las preguntas relevantes
del superior.
a. Aceptar nuestra inferioridad y la superioridad del más fuerte como
“natural” para creer que unos pocos grupos nacen favorecidos —
los superiores—, y muchos otros nacen desfavorecidos —los inferiores—.
Convencidos de que los pobres nacen no se hacen, nosotros
aceptamos el proceso histórico, global y desigual, que muchos
llaman “desarrollo”, a través del cual ocurre la creación y apropiación
de la riqueza. Así, nosotros asumimos que para superar al fenómeno
de la pobreza basta trabajar con sus síntomas, los pobres,
sin cuestionar ni superar las relaciones asimétricas intrínsecas
al fenómeno estructural de acumulación de capital.
b. Transformar el cierre de las brechas económicas y tecnológicas
con relación a los parámetros del superior en un fin que equivale a
la búsqueda de la felicidad.

c. Aspirar y competir por la cooperación del poderoso generoso que desea compartir con nosotros los secretos de sus éxitos con nosotros.
d. Aprender por imitación con los “casos exitosos” y “mejores prácticas” del superior.
e. Percibir el crecimiento económico logrado con las contribuciones
de la ciencia y la tecnología modernas del superior como sinónimo
de bienestar para todos.
f. Asumir el papel de sociedades agradecidas que, en cambio por la generosidad—cooperación— del superior, facilitan su acceso a mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes obedientes y cuerpos disciplinados.
g. Permitir el “derecho del más fuerte” en las relaciones internacionales: el superior tiene el derecho a la dominación y el inferior la obligación de la obediencia.
h. Aceptar el uso de la mentira como filosofía de negociación pública
para legitimar la agenda oculta del superior detrás de sus invasiones
e interferencias no invitadas.
i. Asumir la visión de mundo —régimen de verdades— del superior
como la única fuente válida de conocimiento sobre qué es la realidad
y cómo esta funciona.
j. Sentirnos como “anormales” innecesarios, inconvenientes o peligrosos siempre que no estemos de acuerdo con cualquiera de las situaciones anteriores.
Para implementar la dicotomía  del superior-inferior, los imperios
crean un sistema de ideas para interpretar la realidad; sistema de técnicas para transformar la realidad; y, sistema de poder (reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales)
para controlar la realidad, mismos que prevalecen sobre otros
sistemas de ideas, técnicas y poder que condicionan la naturaleza de las relaciones de producción, relaciones
de poder, modos de vida y cultura durante un período de tiempo llamadoépoca histórica.

La humanidad empezó con la época del extractivismo, cuando dependía de la naturaleza para su existencia, optó por el agrarianismo cuando inventó la agricultura para su sobrevivencia en el neolítico, e inició el industrialismo con la Revolución Industrial a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
Las épocas históricas coexisten, pero la del industrialismo está en crisis.
Su sociedad industrial tiene una coherencia que no está en correspondencia con las posibilidades y límites
del planeta. La humanidad experimenta un cambio de época, y no una
época de cambios. Los cambios globales en marcha no responden a los
estímulos del paradigma del industrialismo sino que están creando otra época histórica nueva pero no necesariamente mejor. Por eso estamos vulnerables, del ciudadano al planeta,y todos estamos en búsqueda de sostenibilidad.
Esta fue la razón por la cual, el último “modelo” de desarrollo
—desarrollo sostenible— ha sido propuesto en Río de Janeiro en 1992.
Incluso, aceptando la hegemonía epistémica del superior, nosotros hemos inventado nuevos adjetivos para legitimar un “modelo” que, otra vez, ha sido concebido por otros actores, en otros idiomas y desde otras realidades.
Para ser sostenible, el desarrollo ahora debe ser “local”, “territorial”,
“humano”, “endógeno”. Sin embargo, muchas iniciativas oficiales de
desarrollo sostenible en América Latina fracasarán, independiente del
adjetivo que vengan a adoptar. Publicado en la forma de libro, Nuestro
Futuro Común, el mismo Informe Brundtland que institucionalizó dicho “modelo”, revela que lo hizo para viabilizar “una nueva era de crecimiento económico”.
Para los sospechosos de siempre, los co-autores del Informe Brundtland, el desarrollo sostenible no pasa de crecimiento económico que se sostiene en el tiempo, así como “desarrollo local” significa crecimiento económico local, “desarrollo territorial” no pasa de crecimiento económico que toma en cuenta el territorio,
“desarrollo humano” significa darle un rostro humano al crecimiento
económico, y “desarrollo endógeno” no pasa de crecimiento económico desde adentro. Dicho Informe ha sido formulado para proponer que todo cambia para que nada cambie.
Su agenda oculta fue asegurar el protagonismo del crecimiento económico, la estrategia histórica, cuantitativa e inmutable de “desarrollo” para la acumulación en el sistema capitalista.
El “desarrollo sostenible” ha sido oficialmente concebido con las mismas características de los modelos que han fracasado en la región desde 1492. Por incluir grupos humanos y sociales (con diferentes valores, creencias historias y aspiraciones en distintos contextos), el desarrollo no se somete a “modelos”. Para ser exitosos,
modelos universales asumen la realidad como homogénea; son creados como diseños globales que ignoran
los contextos y saberes locales.

Pero el“desarrollo” emerge de una trama de  relaciones y significados entre diferentes formas y modos de vida. Su complejidad y dinámica no se encajan en la lógica mecánico-lineal bajo la cual unos generan, otros transfieren y muchos adoptan un cierto modelo
que será exitoso en todos los lugares.
Un “modelo” es un marco cerrado cuyo éxito y beneficios dependen de que el mismo sea integralmente adoptado.
Como las fórmulas y recetas, los “modelos” existen solamente para reproducir —replicar— productos idénticos
cuyo desempeño no depende de la historia ni del contexto.

Así, nosotros podemos explorar algunas respuestas para la pregunta inicial en la forma de premisas. Para aumentar su relevancia, una concepción de desarrollo debe asumir que:
a. El desarrollo no es universal, sino contextual. Un “modelo” exitoso
en un lugar no será exitoso si es replicado en otros lugares. La realidad
no es homogénea. El desarrollo es específico, es singular en
diferentes contextos.
b. Todos siempre fuimos, somos y seremos apenas diferentes. Nunca
hubo, no hay y nunca existirán civilizados -primitivos o desarrollados-
subdesarrollados. Estas son falsas dicotomías ideológico-epistémicas
creadas para fines de dominación. La dicotomía del “superior-
inferior” facilita la dominación para la explotación. Para
ser relevantes para nuestras sociedades, los sistemas de comunicación
y educación de la región deben abandonar la reproducción de dicha dicotomía. Lo que significa ser “civilizado” y “desarrollado”
ha dependido históricamente de los parámetros del más fuerte,
que los impone para efectos de comparaciones donde él siempre
emerge como superior y los demás como inferiores. Como la civilización occidental es la civilización del tener y no la civilización
del ser, dichos parámetros — cuantitativos— son de naturaleza
material y tecnológica, para que existan siempre “brechas” cuantitativas a ser superadas.
c. No se puede transformar la realidad con respuestas sino con preguntas.
Los educadores latinoamericanos deben adoptar la pedagogía
de la pregunta que forma “constructores de caminos”, porque
no se aprende con la respuesta ya existente, sino con la pregunta
localmente relevante que desafía el talento de los interesados.
Los adultos no se comprometen con la respuesta que escuchan
sino con aquella de la cual participan de su construcción. Para la
relevancia de los esfuerzos de desarrollo es más apropiada la pedagogía de la pregunta de Paulo Freire, que permite problematizar
el mundo desde nuestro contexto, formando constructores de caminos
que todavía no existen, que la pedagogía de la respuesta de la Escuela
de Negocios de la Universidad de Harvard, que nos lleva a
un mimetismo que forja seguidores de caminos ya existentes.
d. El enfoque del “desarrollo de” prevalece sobre el enfoque del “desarrollo en”. El “desarrollo en” un país es un esfuerzo realizado en un lugar geográfico para explotar sus ventajas ecoambientales, sociocul-turales o de otra naturaleza. El “desarrollo de” incluye necesariamente el desarrollo humano y social de la gente de dicho país, y es realizado desde y con la gente, tomando
en cuenta su complejidad, diversidad y diferencias. Por eso, en el “desarrollo en”prevalece la filosofía del “modo clásico”de innovación
de cambiar las cosas para cambiar las personas, mientras en el “desarrollo de” prevalece la filosofía del “modo contextual” de innovación de cambiar las personas que cambian las cosas. No por accidente, el 75% de los procesos de transformación institucional que
fracasa en el mundo tiene como fuente de inspiración el “modo
clásico” de innovación.
e. Debemos aprender inventando desde lo local para no perecer imitando desde lo global. Los modelos
universales no son malos porque son foráneos sino porque,
concebidos desde una realidad particular, son impuestos a otras
realidades donde resultan irrelevantes por ignorar los valores,
creencias, experiencias, historias, saberes, necesidades y aspiraciones
locales. Para ser relevante localmente, el desarrollo “posible” debe
movilizar la imaginación, capacidad y compromiso de los actores
localmente interesados en influenciar ciertos aspectos de su futuro.
f. Sin emoción no hay pasión, y sin pasión no hay compromiso. Para
ser relevante, el desarrollo “posible” en distintos contextos debe
ser capaz de emocionar para apasionar, y apasionar para comprometer
a los actores sociales e institucionales localmente interesados
en participar de la construcción del futuro que tendrá impacto en
su existencia y en la existencia de otras formas y modos de vida. Eso
implica imaginar sueños colectivos para crear fuentes de emoción
colectiva. Como decía Hélder Cámara, el Obispo ya fallecido de la
ciudad de Olinda, estado de Pernambuco, Nordeste de Brasil:
“cuando uno sueña solo, es apenas un sueño; cuando muchos comparten el mismo sueño, es el inicio de la realidad”. Como la complejidad de la realidad hace interdependientes a todas las formas y modos de vida involucrados, la construcción de la sostenibilidad nos transforma en ángeles con apenas un ala, que no logran volar si no lo hacen abrazados.
g. La cooperación ética no entrega el “pescado” ni transfiere el “anzuelo” sino comparte el “arte de hacer anzuelos”.
El enfoque que entrega el pescado atiende a la agenda oculta
del superior diseñada para crear dependencia absoluta entre los inferiores. El enfoque que transfiere el anzuelo atiende a la agenda oculta diseñada para definir los peces que el inferior tendrá acceso, a través del control de la forma y tamaño del anzuelo (modelo) previamente fabricado. El enfoque que comparte el arte de hacer anzuelos es el único que permite a los “talentos humanos” locales, que conocen a sus aguas y a sus peces, desarrollar su capacidad para construir anzuelos en las formas y tamaños que sus realidades, necesidades y aspiraciones requieren.

Finalmente, no todo lo que es posible es necesariamente relevante. Para ilustrar, la clonación humana es científicamente posible, pero éticamente no todos están de acuerdo que se deben “fabricar” clones humanos “diseñados” para crear seres humanos perfectos o replicar ciertos individuos.
Desde la ética de la existencia, los científicos no tienen el derecho de
decidir solos lo que debe ser clonado apenas porque saben cómo hacer laclonación. Cuando las condiciones, relaciones y significados que generan y sostienen la vida están en cuestión, la relevancia de lo qué debe ser hecho debe emerger de procesos de interacción social con la participación de diferentes grupos de actores sociales e institucionales de la sociedad, y no apenas de las decisiones de científicos y/o de actores poderosos que los financian.
La expresión “otro mundo es posible” de los movimientos sociales
debe ser reemplazada por “otro mundo relevante es posible”.
No queremos otro mundo apenas porque el mismo sería “posible”. Nosotros queremos que sea posible otro mundo “relevante” para todas las formas y modos de vida.

Por lo tanto, contestando a la pregunta inicial, no existe uno sino múltiples desarrollos posibles. Si el desarrollo no se somete a “modelos”, y si no siempre el desarrollo posible significa desarrollo relevante, no existe “una” sino múltiples posibilidades de esfuerzos localmente relevantes de lo que venga a ser localmente negociado como “desarrollo” en diferentes contextos. Eso implica liberarse de lo universal, mecánico y neutral, del “modo clásico” de innovación,
y asumir el contexto como referencia, la interacción como estrategia
y la ética como el garante de la sostenibilidad de un desarrollo relevante, donde quepan todos. Sin embargo, en el marco de la
normalidad neoliberal de la globalización que hizo de América Latina la región más desigual del mundo, ciertos agentes internacionales de los cambios nacionales, como el BancoMundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC), Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Banco Interame-ricano de Desarrollo (BID), Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y Agencia Internacional
de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), entre otros, imponen
un cierto “modelo” de desarrollo como posible y benéfico para todos.
Crean cadenas mentales que definen “lo relevante” como algo siempre inventado en otros idiomas, creado por otros actores y que nos llega desde otros lugares con su “cooperación”.
Eso facilita el acceso de los superiores a los mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados de los inferiores. Este tipo de desarrollo
ha sido siempre posible pero nunca relevante para los grupos sociales
más vulnerables.
El nuevo “modelo” usa conceptos precedidos de la palabra “capital”, como “capital social”, para promover la metáfora del mundo-mercado en la época histórica emergente, en reemplazo a la metáfora del mundo-máquina del industrialismo, y para evitar la metáfora del mundo-ágora de los movimientos sociales. Bajo el régimen
de verdades neoliberales de la globalización corporativa, todo lo
que antes era “recurso” (natural, humano) es reducido a “capital” (natural, humano).

En el mundo-mercado, todo se compra, desde principios
hasta la naturaleza, y todo se vende, desde escrúpulos hasta la vida.
Con la pérdida de parte de la soberanía del Estado-nación, está
emergiendo una especie de gobierno mundial, sin presidente ni elecciones, donde los que deciden no son electos y los que son electos no deciden.
La democracia representativa ya no logra representar a la mayoría; es
una democracia de un día, el día del voto. El auto-proclamado “superior”, está haciendo una gran inversión financiera y manipulando a muchos actores multilaterales para crear nuevas reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales favorables al “modelo” de desarrollo que le interesa, lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana.
Su estrategia es sencilla y ha sido muy exitosa: domesticar nuestra voluntad de cambiar al mundo, incluyendo la participación activa de nosotros como inocentes útiles en el proceso de nuestra misma domesticación.
¿Hasta cuándo? ¿A qué costo?

Tarea. Es la tarea más facil de todas. Aprópiate de UNA sóla declaración de Souza y comparte en este blog con tus compañeros. Lo puedes hacer hasta el sábado 27 de junio.

Saludos de Maguita.

Saludos cordiales. En la última clase pudimos relacionar mucho más los constructos lingüísticos en base al trabajo práctico que realizaron.

Los procesos de significación tiene valor que va de lo cotidiano a lo inusual, de lo obvio a lo sustancial, de lo vano a lo excelso. La posibilidad de crear textos, dependen de la perspectiva del significador y de hecho, de la contextualización en la cual se lo crea.

Tomo de mis escritos: “Halliday en su libro <El lenguaje como semiótica social>  aclara que el sistema semántico consiste en cuatro componentes funcionales: el experencial, el lógico, el interpersonal y el textual. Es más, a los dos primeros los agrupa bajo en nombre de componente ideacional. p.83.  “En su significado más general, un texto es un suceso sociológico, un encuentro semiótico mediante el cual se intercambian los significados que constituyen el sistema social. El miembro individual, por ser miembro es un significador, alguien que signifca. Mediante sus actos de significación y de los otros significadores individuales, la realidad social se crea, se mantiene en un orden adecuado y se conforma y modifica constantemente” p.84.

Hoy tienes una hermosa canción de los bolivianos Savia Nueva junto a cuadros del extraordinario compatriota Osvaldo Guayasamín. Hermosa combinación, no podía ser de otro modo!!

Tarea:

  1. deja un comentario corto en este blog, en relación a la mejor pintura, según tu criterio. Justifica tu elección.
  2. toma parte de la canción y relaciona con alguna  “realidad” de otro cuadro de la exposición. Inventa el mensaje que tu connotas y denotas (canción-pintura). Identifícate como significador/a y plasma actos de significación.
  3. presenta la realidad  social que creaste en un informe para el día jueves 18.

Sabes que puedes ver este video tantas veces como desees. BUEN TRABAJO.

Maguita.

Reciban saludos afectuosos.

Una característica de la sociedad en la que vivimos, es la recurrencia en muchas de las conductas que practicamos. Frente a una “monotonía” de clima -tú dices, ¿cómo?- Si, vivimos en una ciudad en la cual tenemos variación de temperaturas en un sólo día, pero nos arreglamos para sortearla. No asistemos a cambios que obligan a tener nuevas conductas, como cambiar la ropas, la comida, las actividades familiares, los festejos. Nuestras casa sirven “siempre” debido a que no soportamos caída de nieve o huracanes; la temperatura ambiental es regular.

Esta recurrencia incide en la manera de “mirar la vida”. Bueno si hoy no hago algo, MAÑANA no hago. O espero la próxima semana, mes o año; total… algún rato lo haré.  Tú sabes que dejas para último momento tu tarea, tu examen, tu cita…

El siguiente artículo lo tomé de PNL.com, un portal argentino. Hay un URL para activar otro espacio “Chasquidos”. Puedes ingresar y curiosear.

El poder de las palabras y las imágenes, Andrea Artieda

        • La mayor limitación que puede tener un individuo es aquella que se atribuye su propia mente.

Seamos o no conscientes de ello, las palabras que utilizamos para expresar nuestros pensamientos tienen un poder enorme sobre nosotros mismos. Son leyes a las que todos nosotros estamos sujetos, aunque muchas personas las desconozcan por completo.

Una vez que hagamos conscientes esas leyes, podemos conseguir que trabajen a nuestro favor y no en contra, cosechando beneficios que antes considerábamos como impensables o inalcanzables.

Como bien se expresa en el dicho: “la fe puede mover montañas”.

No debe auto-limitarse, debe soñar, y eso lo debe combinar con una importante dosis de entusiasmo y por supuesto perseverancia, que son dos ingredientes imprescindibles para alcanzar nuestros sueños. Si se fija aquellas personas que han perdido la capacidad de soñar para alcanzar nuevas metas es como si hubieran muerto en vida.

Todo proyecto que se plantee lleva su tiempo, muy pocas cosas se consiguen de la noche a la mañana. En ese mucho camino que ha emprendido tiene que aprender a valorar las pequeñas victorias que vaya obteniendo ya que serán el impulso que le ayudará a continuar por el buen camino. Estas pequeñas victorias nos aportan confianza y seguridad, así como energía para seguir adelante.

Por otro lado a la hora de programar el subconsciente, las imágenes cobran también especial relevancia y si no un ejemplo muy claro lo tenemos con la publicidad, que nos sugestiona a través de las representaciones pictóricas. Nos hablan y tratan de convencernos a través de las imágenes, que pueden ser seductoras, sensuales, arriesgadas, de ensueño, etc.

La imaginación es una estupenda herramienta de la que muchas veces no sacamos el suficiente partido, o si lo hacemos, lo hacemos equivocadamente. Por la educación que recibimos en muchos casos, se nos dijo que lo más inteligente es basarnos en la lógica y no hacer caso de la imaginación, aunque en realidad es una forma excepcionalmente productiva de alcanzar lo soñado.

Aunque algunas personas están orientadas hacia lo verbal, el impulso de lo visual es importante ya que para otras supone su principal fuerza de acción. Para impulsarlo visualmente lo que tiene que hacer es visualizar aquello que desea alcanzar como si ya lo hubiera logrado, es como practicar el triunfo antes de lograrlo.

Lo que puede conseguir con esas imágenes de éxito y felicidad o de tristeza y derrota es increíble. Las positivas conducen a situaciones positivas y las negativas también tiendes a cumplirse en negativo.

Lo cierto es que todo el mundo sueña, el problema radica en que no lo hacen de una forma adecuada. No lo hacen de una forma metódica y por eso no alcanzan la meta soñada.

Tanto su imaginación como sus palabras son como tesoros escondidos que uno mismo tenemos que aprender a valorar y usar en nuestro beneficio.

Son como semillas de plantas que nos pueden hacer crecer en una u otra dirección, dependiendo del abono y el riego que les demos.

Otros artículos de Andrea Artieda en ¡Chasquido!

TAREA. Deja un comentario del artículo y relaciona con el objetivo que te planteaste.

Puedes hacerlo hasta el sábado 23 de Mayo.

“El esfuerzo humano por los descubrimientos está abocado al fracaso”

http://www.elpais.com/articulo/ensayo/esfuerzo/humano/descubrimientos/abocado/fracaso/elpepuculbab/20050507elpbabens_9/Tes#despiece1

El gran etnólogo francés recibe el viernes el Premio Catalunya que otorga la Generalitat.Desde París, el nonagenario científico, autor de libros como Tristes trópicos, reflexiona sobre la evolución de la antropología. Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 1908) no sólo es la principal figura en el mundo de la etnología a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, sino también un extraordinario escritor y un filósofo de primera magnitud, padre de la escuela estructuralista. Hoy, Lévi-Strauss tiene 97 años. Privilegio de la edad, puede decir y hacer respetar su angustia ante las concentraciones humanas. Se presta de buen grado a la entrevista, un ejercicio en el que se muestra brillante y preciso, apenas un poco impaciente ante la necesidad de tener que precisar por enésima vez lo que, de ser lectores atentos de su obra, ya debiéramos haber comprendido hace mucho tiempo.

PREGUNTA. Cuando usted estudiaba, el eurocentrismo impregnaba todos los discursos. Hoy el multiculturalismo y el constante elogio del mestizaje cultural son dominantes. ¿Qué impresión le produce esta evolución a alguien que se ha interesado por probar la unidad del género humano a partir del análisis de sociedades como la de los bororos o los caduceos? RESPUESTA. Lo que llamamos pensamiento europeo, nuestra civilización, es el fruto de aportaciones que vienen de otras latitudes, que son el resultado del contacto entre los distintos pueblos y culturas del continente pero también de nuestros viajes. Europa siempre ha sido un continente mestizo, por emplear el mismo término. La gran diferencia que hemos visto en el siglo XX es la aceleración de la comunicación. Viajamos más deprisa, lo que antes necesitaba semanas o meses de barco ahora se recorre en unas pocas horas, pero también es cierto que antes salías de un puerto comercial de una vieja ciudad muy activa para llegar a otro de un mundo en construcción, mientras que ahora despegas de un aeropuerto y aterrizas en otro casi idéntico. El mestizaje, la fusión, necesita tiempo, madurar, pero la extraordinaria aceleración del siglo XX no deja tiempo para asimilar las influencias del otro.

P. ¿El famoso mestizaje se hace siempre en detrimento del más débil o, por decirlo de otra manera, es una ideología que encubre otra forma de colonialismo?

R. Es usted quien lo dice, pero no voy a desmentirle.

P. Usted ha estudiado algunas de esas civilizaciones llamadas “salvajes”. Lo ha hecho sin querer interferir en su desarrollo. ¿Qué piensa de iniciativas que transforman en “patrimonio cultural de la humanidad” una medina insalubre para satisfacer el ansia de exotismo de los occidentales?

R. No tengo respuesta ante ello. Su pregunta pone el dedo en una contradicción fundamental. No todo lo que se inscribe en el largo inventario del “patrimonio de la humanidad” se hace por razones puras. La preocupación por los ingresos derivados del flujo turístico juega un gran papel en el comportamiento de los Estados.

P. La perspectiva de dar cursos de filosofía, cada año el mismo programa, le incitó hace 70 años a irse a São Paulo para dar clases de unas materias de las que no tenía experiencia como la sociología y la etnología. ¿Qué clases daba?

R. Fui allí a partir de una sugerencia de Paul Nizan. La etnología aún no tenía caladero propio y pescaba en aguas consideradas afines, como era la filosofía. En sociología había leído los trabajos de la escuela de sociología urbana de Chicago que tenían como idea fundamental el tratar la ciudad como un objeto complejo cuyo crecimiento respondía a leyes reconocibles, lo que yo llamo invariables. De São Paulo se decía entonces que era una ciudad peligrosa porque podían darte cita en una esquina que no existía cuando tú llegabas, pero que ya estaba edificada cuando acudía la persona que te había citado. Era la posibilidad de ver crecer una ciudad ante mis ojos, de asistir en cuestión de pocos años, meses y semanas a ese proceso que en Europa había llevado años. En 1935 había una compañía inglesa de ferrocarril que estaba tendiendo una línea nueva en el Estado de Paraná y creaba una ciudad nueva cada 25 o 30 kilómetros. La primera tenía entonces unos 2.000 habitantes y hace poco me invitaron a su cincuentenario y tiene un millón. La segunda ciudad tenía unos pocos centenares de habitantes, la tercera tres decenas y la que entonces era la última del trazado, un solo habitante, un francés que buscaba la aventura. Hice un esbozo de cómo era previsible que fueran a crecer.

P. ¿Y con los alumnos?

R. Les propuse que hicieran monografías sobre su calle, sobre su barrio, que estudiasen todas esas transformaciones…

P. Su primer viaje hacia el interior, su encuentro con los bororos, es el fruto de una expedición en tiempo de vacaciones.

R. Sí. Para un etnólogo con mejor formación que la mía toparse con los bororos era toparse con el paraíso. Se trataba de una sociedad cuya cultura material estaba intacta, en la que seguía existiendo un arte de la pluma extraordinario, tal y como puede verse en la actual exposición del Grand Palais, de París, una sociedad con una organización social compleja y rica, bien distinta de la que descubrí en los nambikwara.

P. ¿En qué momento está usted en situación de sacar conclusiones de esas expediciones?

R. Lo que de verdad era o podía ser la etnología lo aprendí más tarde, a principios de la década de los cuarenta, en la Biblioteca Pública de Nueva York, después de haber escapado de la Francia de Petain. Ahí, leyendo, completé mi formación de etnólogo. Entremedio ya había conocido a Marcel Mauss y le había hablado de la organización exogámica entre los bororos. Sabe, Mauss, tras una rápida estimación, le había dicho a otro investigador que regresaba de pasar 18 meses en África que, con ese tiempo de experiencia de terreno, tenía material suficiente para 30 años de trabajo de investigación. Sin la guerra y la ocupación alemana mi destino hubiera podido ser otro. En realidad, tras el armisticio, yo quería volver a Brasil pero no me dieron visado.

P. En una entrevista concedida hace un par de años a Marcel Hénaff, usted medio bromeaba diciendo que había descubierto el estructuralismo antes de aprender a leer.

R. Sí, pero no pretendo pavonearme de mi precocidad sino tan sólo dejar constancia de que ya de muy pequeño mi espíritu funcionaba de cierta manera. Es mi madre la que contaba que me había dado cuenta yendo al boulanger (panadero) y al boucher (carnicero) que las primeras letras debían significar bou puesto que eran las mismas para las dos palabras. Más seriamente, el secreto del estructuralismo creo haberlo intuido mientras estaba en el frente, en la línea Maginot, como oficial de enlace que esperaba servir de intérprete a las tropas británicas. Allí, mientras esperábamos una batalla que no comenzaba, pude observar con detalle cómo, detrás del aparente azar de la belleza ondeante de un campo lleno de flores, estaba una organización estricta de cada una de ellas. Luego, en Nueva York, el encuentro con Roman Jakobson fue definitivo.

P. Jakobson era ya un lingüista mundialmente reconocido…

R. ¡Jakobson era un tipo genial! Me impresionó en un doble aspecto: por su extraordinaria capacidad intelectual, hablaba varias decenas de idiomas, y por su formidable resistencia física. Era capaz de pasarse horas y horas discutiendo y razonando, con una claridad extrema. Y esa claridad no la empañaba el hecho de beber alcohol, que podía ingerir en cantidades importantes.

P. La diferencia entre fonología y fonética, las consideraciones sobre la doble articulación…

R. El encuentro con Jakobson me reveló que era estructuralista sin saberlo. Lo que hasta entonces era una intuición confusa y desorganizada, coaguló, se transformó en doctrina. Cuando se estudia una sociedad se comienza por inventariar las diferencias porque los puntos comunes, al menos en un primer momento, pueden ser superficiales, quedarse en la epidermis del fenómeno. Luego, a un nivel más profundo, aparecen lo que yo llamo invariables…

P. … el tabú del incesto…

R. Sí, pero lo interesante es que esa obligación exogámica, de buscar pareja fuera del círculo familiar más estrecho, puede tener muchas formas distintas. En el Egipto antiguo se aceptaba el matrimonio entre primos; en otras civilizaciones, en caso de muerte de la esposa es obligado casarse con la hermana; en otras, la regla establece otros grados de parentesco. La invariable, la regla, está en la obligación constante de tener que buscar pareja en otra familia y así constituir sociedad. Si las culturas difieren es porque, dentro de la regla, caben muchas variables. En la naturaleza existen leyes que pueden ser universales y constantes, y si encontramos en la cultura reglas que puedan tener ese mismo carácter universal que las leyes, entonces podemos comprender mejor el paso de la naturaleza a la cultura. Ése es el interés de la prohibición del incesto.

P. Alguna vez ha responsabilizado a la revuelta de mayo de 1968 de la pérdida de prestigio universitario del estructuralismo.

R. No es exacto. Entonces yo era director de un laboratorio de antropología social y algunos profesores y estudiantes consideraron que tenían que sumarse al movimiento de protesta. Yo me limité a irme a mi casa. Pasado el vendaval, me llamaron para que volviese. Les dije que no tenía gasolina y se las arreglaron para suministrármela. Me pareció una caricatura de revolución pero el entusiasmo y respeto que existía por el estructuralismo salió tocado de Mayo del 68.

P. Hubo muchas acusaciones contra esa corriente…

R. Hubo mala fe e incomprensión. El problema de las ciencias humanas, lo que hace que no sean verdaderas ciencias, es la pretensión de que existe un nivel de observación que es mejor que los demás cuando en las ciencias que llamamos “duras” la física experimental no excluye la física teórica y la teórica no elimina la biología como ésta no anula la química: son niveles distintos entre los que uno puede escoger para desarrollar una investigación. En las ciencias humanas no faltan quienes te digan que el único nivel adecuado es el suyo y que todo otro enfoque es erróneo.

P. Al estructuralismo…

R. … se le reprochó ser antihumanista y eso es parcialmente cierto. Nos han atacado desde dos ángulos, uno epistemológico y el otro moral. Sobre el primero se nos criticaba el no adoptar el punto de vista del filósofo que se libra de una introspección sobre la propia persona, es decir, no adoptar el punto de vista del sujeto, pero esa opción a mí me parece legítima porque se tiene derecho a escoger la distancia que más conviene a cada problema o investigación. A simple vista, por ejemplo, una gota de agua es sólo eso, pero el microscopio puede descubrirnos los organismos que habitan en ella. Nosotros hemos escogido un nivel de ampliación que borra la noción de sujeto, que la disuelve, y estudiamos los mecanismos que funcionan en el interior del pensamiento. Respecto al reproche o crítica desde una perspectiva moral es imposible para un etnólogo no tomar en consideración la destrucción sistemática y monstruosa que los occidentales hemos hecho de las culturas distintas de la nuestra desde, como mínimo, 1492. No es posible separar o aislar esa condena de la destrucción de la sociedad humana de la destrucción de la que hoy son víctimas especies animales y vegetales, y todo eso en nombre de un humanismo que situó al hombre como rey y señor del mundo. La definición que el humanismo clásico hace del hombre es muy estrecha, lo presenta como un ser pensante en vez de tratarlo como un ser viviente y el resultado es que la frontera donde se acaba la humanidad está demasiado cerca del propio hombre, que así ha sido objeto de mil ataques por parte de sus congéneres.

P. En varias oportunidades se ha declarado más y más afín al escepticismo.

R. El escepticismo llega con la edad. El espectáculo que ofrece la ciencia contemporánea invita a ello. Durante el siglo XX esa ciencia ha progresado mucho más que en todos los siglos anteriores, una aceleración enorme en la producción de conocimientos y, al mismo tiempo, ese progreso vertiginoso nos abre abismos cada vez más insondables, cada descubrimiento nos plantea 10 enigmas, de manera que el esfuerzo humano está abocado al fracaso. Pero está bien que sea así.

Tarea. Luego de la lectura , escoge dos respuestas que consideres relevantes para ti y coméntalas, en este blog, hasta el sábado 9 de Mayo.

Saludos de Maguita.

Un buen día, como de costumbre encuentro investigaciones interesantes en el esoacio de Tendencias 21.
Ahora le toca a la “polémica Lectura Labial” La información es pertinente y oportuna para ustedes chicas y chico de Octavo de Educativa.
Allí va el hipervínculo, que te direcciona al artículo completo.
Tarea: comenta dos ideas que consideres veraces por la experiencia que tienes con niños y jóvenes sordos.
Científicos de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, han creado el primer ordenador que lee los labios y, además, es capaz de diferenciar diversas lenguas. El sistema está basado en un modelo estadístico de los movimientos de los labios realizados por un total de 23 hablantes bilingües y trilingües que participaron en la investigación. Su nivel de aciertos fue considerable. Este logro supone un importante paso adelante en la tecnología de lectura automática de los labios, y podría tener usos prácticos para personas sordas, y fuerzas de seguridad y militares.
Comentaremos en grupo el martes 12 en la clase, por lo tanto lleva el material.
Saludos cordiales de Maguita.

Estuve muy cansada al dejar el taller, llegué a casa y me di cuenta que no había cargado el material para ustedes, compañeros y compañeras  de PNL.

Esto me da la oportunidad de hacer algunas reflexiones de lo que vivimos:

  1. hablamos mucho de POTENCIAL HUMANO, pero qué es realmente?
  2. decimos vez tras vez, que no usamos nuestra mente sino en un 10%, pero cómo poder potenciarla?
  3. aseguramos que no nos conocemos relamente, pero de qué modo podemos evidenciar este “vacío”?
  4. lo más importante, cómo descubrir quién soy? al margen de “conceptos” e imaginarios colectivos y personales.

Por lo tanto, tenemos mucha tela por cortar. Indudablemente que los años pasados en la Carrera, de una u otra forma, te han dado respuestas. PERO, qué dices tú de ti misma, de ti mismo?

Cada vez que te miras al espejo, realmente está allí reflejada tu imagen o es únicamente cómo te piensas?

Te ruego lee, con detenimiento esta nota de Tendencias 21.

Identificados los circuitos neuronales que distinguen la realidad de la ficción

Un estudio reciente realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Alemania ha revelado que dos áreas concretas del cerebro, la corteza prefrontal media y la corteza cingulada posterior, se activan con más potencia ante alguien relevante para nosotros que ante un personaje famoso, y más ante este último que ante un personaje de ficción, como Cenicienta. Es decir, que existe una relación entre lo que el cerebro percibe como más o menos real y la importancia que tiene para nosotros lo que observamos. Este hallazgo, además de respuesta, produce nuevas preguntas, cómo qué definimos entonces por lo “real”.

Tarea. Deja un comentario en relación con el artículo. (por favor escribe tu nombre completo, algunos olvidan)

Puedes hacerlo hasta el domingo 12 de Abril.

Un abrazo grande y bien apretadito también.mamiosa

Maguita.

Ya hemos pasado dos interesantes encuentros, en los cuales a más de la “formalidad”  (uf, qué pesado!) hemos abierto vías de comunicación “más chéveres” Es que un taller en la Universidad, necesariamente debe romper con lo “académico” acartonado y muy impersonal, para redirigir las actividades a vernos como “iguales” – Esto asusta a más de un profe-

Personalemente me siento tan feliz. Me canso, por supuesto, porque se que es importante hacer de la clase, perdón del taller un lugar más amable y un APRENDIZAJE, con APRENSIÓN.

La PNL, como ya lo vimos, crea interrogantes. Nada que ver con El Secreto, ni otros sofismas. Deseo hacer un “abre-bocas” con una parte de un artículo que te enviaré a través de tu mail.

EL ASOMBROSO CEREBRO HUMANO

Escrito por Stuart Lichtman

Traducido por Aldo Lagrutta

Alguien conjeturó una vez que usamos menos del 10% de nuestra capacidad cerebral en actividades normales. Esa fue una conjetura muy pobre: demasiado alta, o demasiado baja.

Si hablamos del uso consciente del cerebro, la cifra correcta sería quizás el 0,0001 por ciento o menos, pero si hablamos del uso combinado del consciente e inconsciente, terminaríamos cerca del 100 por ciento.

El cerebro humano es una masa esponjosa que pesa entre 1.000 a 1.500 gramos. Está compuesto de aproximadamente cien mil millones de diminutas computadoras llamadas neuronas o células cerebrales.

Típicamente, cada computadora neuronal recibe entradas desde una a diez mil otras computadoras neuronales, comunica sus conclusiones a otras tantas, crea nuevas conexiones físicas entre ellas en 45 segundos o menos, y transforma radicalmente sus operaciones basándose en las entradas que le llegan tanto de las otras neuronas, como de los llamados mensajeros químicos en el torrente sanguíneo que se originan en otros órganos del cuerpo.

Varias de estas computadoras neuronales pueden “liderar” efectivamente a millones y billones de las otras, produciendo de ese modo las ondas cerebrales que podemos observar con un equipo EEG. Están vinculadas con una masa de interconexiones muy densa llamada “the feltworks –neuropil.”

La retina del ojo es una extensión del cerebro tan sensitiva que puede responder a la unidad de luz más pequeña que los físicos han definido, el casi mítico fotón, que actúa a la vez como una onda de energía y una partícula de materia.

Los oídos son casi tan sensibles, respondiendo al así llamado movimiento Browniano: el sonido de las moléculas rozando entre sí cuando se mueven en el aire al azar.

Lo que es más, el cerebro convierte todos los mensajes sensoriales (excepto los provenientes de la nariz) en un “lenguaje” único, de forma que, por ejemplo, la piel puede ser entrenada para hacer funciones de los ojos y oídos, los oídos pueden hacer muchas de las funciones que hacen los ojos, y así sucesivamente.

Ahora, deseo que vayas a este nuevo artículo. WordPress, tiene este servicio tan eficiente. Das clic sobre este subrayado y te redirige al “original” Tomo estos artículos de Tendencias 21, un sitio interesante de cualquier lado que lo veas. Esoero que nueva tu curiosidad y te informes de otros artículos.

Crean el mapa cerebral más completo de la inteligencia humana

Neurocientíficos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) han conseguido realizar el mapeo cerebral más global de las habilidades cognitivas humanas. Con las tecnologías más avanzadas, se realizaron escáneres cerebrales a 241 personas con algún déficit cognitivo. Todas estas imágenes fueron después relacionadas con las puntuaciones de dichas personas en el test de inteligencia WAIS. Así, pudieron relacionarse diversas partes del cerebro con las puntuaciones obtenidas en diferentes indicadores de inteligencia, como la capacidad lingüística o la memoria de trabajo. Este mapeo resultará útil para localizar áreas del cerebro lesionadas o para predecir el cociente de inteligencia de una persona sin necesidad de realizarle un test de inteligencia.

Tarea:

  1. Deja un comentario sobre el artículo, no olvides que debes PERSONALIZAR ese comentario. Imposible repetir el contenido!!
  2. Busca en la web quién es Stuart Lichtman para compartir en en nuevo encuentro presencial.

Con los mejores deseos de prosperidad y éxito académico, te saludo.

Maguita.


En los capítulos del libro de Flora Davis, conociste a Paul Ekman. Hoy te presento estos experimentos posteriores que se han realizado. No dejan de ser “originales” y posiblemente te preguntes: ¿por qué no los hacemos en nuestro medio? El estudio de la Psicología Experimental es sin duda, un laboratorio de infinitas posibilidades. Entonces, considero que te va a enriquecer y despertar “emociones nuevas” la lectura aquí expuesta. Presta atención a la tarea que consta al final.

EXITOS.

Una estudiante de enfermería está sentada en una habitación a oscuras, mirando esa clase de película que se considera digna de una pesadilla. En la pantalla se ve un ser humano que tiene la cara y el cuerpo horriblemente quemados mientras soporta el agónico dolor ocasionado cuando le arrancan diferentes capas de piel.
La chica no está sola durante el experimento. Hay otra mujer encargada de entrevistarla, que está sentada en el otro extremo de la habitación, enfrentando una pared blanca. Ha sido ubicada en ese lugar pues desde allí no puede ver ni a la estudiante, ni a la pantalla.

El dramático filme continúa y la chica se revuelve en el asiento, mientras los segundos transcurren lentamente y en silencio. Luego, por fin aparece un subtítulo en la pantalla: las instrucciones. Debe describir la película, falseando la verdad, como si hubiera estado viendo flores, o niños jugando en un parque. Se oye el ruido de roces de ropa, una silla que se corre y finalmente la mujer que la entrevista, respondiendo a una señal, se da vuelta y enfrenta a la estudiante. La chica finge una sonrisa valiente y comienza: “Debe ser primavera; nunca he visto tantas flores hermosas”.

Este ingenioso experimento fue ideado por Paul Ekman, joven, dinámico, muy conocido, y probablemente el más importante en el campo de la comunicación no-verbal. Su centro de investigaciones está ubicado en el Instituto Langley Porter de San Francisco, en una antigua casona de ladrillos, de altos cielos rasos, de revestimientos de roble y de largas escaleras de madera. La atmósfera es confortable; hay aproximadamente veinte investigadores en mangas de camisa; el equipo que utilizan es formidable. Otros científicos se refieren casi con veneración a la computadora, combinada con video tape que posee Ekman. Fue diseñada por él mismo y sus colaboradores que sólo tienen que hacerle una consulta —solicitar por ejemplo todo material archivado acerca de gestos de la mano hacia la boca— y en cuestión de segundos éstos aparecen en la pantalla de televisión. Se puede pasar las imágenes más lentamente o detenerlas a voluntad, para estudiarlas en detalle.

El interés de Ekman por la comunicación se remonta a 1953, cuando empezó a buscar una forma de evaluar lo que sucede durante una sesión de terapia de grupo. Se convenció de que lo que se dice durante ella no proporciona ninguna respuesta real, así que comenzó a investigar el comportamiento no-verbal. Desde hace siete años, Wallace Friesen ha estado colaborando con él en todos sus proyectos. A pesar de que han analizado juntos todos los movimientos corporales, se han concentrado especialmente en el rostro.

El propósito que lo llevó a este experimento filmado fue tratar de aprender algo acerca del engaño. Cuando una persona miente, ¿cuáles son en su expresión los detalles mínimos que la delatan? La estudiante de enfermería fue filmada mientras hablaba sobre la película. Había hecho dos sesiones previas en el laboratorio, durante las que le habían mostrado películas bastante inocuas y hasta alegres y se le dijo que las describiera tal como las veía. De esta manera, podrían comparar los movimientos de su cuerpo en ambas sesiones; en la que dijo la verdad y en la que se le pidió lo contrario, para ver si de alguna manera demostraba que estaba mintiendo.

Todas las personas seleccionadas por Ekman para este experimento eran estudiantes de enfermería porque, según él dice “no es la clase de espectáculo que me gusta mostrar a cualquier persona, excepto a alguien que debe acostumbrarse a este tipo de cosas”. La mayoría de las futuras enfermeras mentían apasionadamente porque intentaban no reaccionar visiblemente ante la mutilación física. Los resultados, sin embargo, demostraron que podían catalogarse en tres categorías: algunas eran extremadamente hábiles para fingir. Al principio, el cuidadoso análisis de su comportamiento no dio ninguna clave que indicara que estaban mintiendo. Otras, aparentemente incapaces de mentir, claudicaban rápidamente durante la sesión y decían la verdad. Otras, en cambio, mentían pero no del todo bien. Una pista fueron los gestos. Realizaron menos de los que habitualmente acompañan una conversación: marcar el compás, dibujando figuras en el aire, señalar, dar ideas de dirección o tamaño. En cambio, la mayoría de los movimientos que hicieron tendían a ser nerviosos o sobresaltados: se pasaban la lengua por los labios, se frotaban los ojos, se rascaban, etcétera.

Un análisis preliminar de las expresiones de las chicas sugirió que las claves se hallaban al comenzar, al terminar y durante la sesión. En otras palabras, la mayoría de las personas sabe fingir una expresión alegre, triste o enojada, pero lo que no sabe es cómo hacerla surgir súbitamente, cuánto tiempo mantenerla, o en qué instante hacerla desaparecer. Lo que los novelistas llaman una “sonrisa estereotipada” es un excelente ejemplo de esto.

El hombre es capaz de controlar su rostro y utilizarlo para transmitir mensajes. Deja trasuntar su carácter puesto que las expresiones habituales suelen dejar huellas. El rostro como transmisor de emociones ha interesado a los psicólogos. Con el correr de los años, su interés se ha volcado fundamentalmente en dos aspectos: ¿Trasmite el rostro emociones? Y si es así, ¿el género humano envía y comprende universalmente este tipo de mensajes? En su reciente libro, Emotion in the Human Face, Paul Ekman examina los experimentos realizados sobre el rostro en los últimos cincuenta años, y concluye que, reanalizados y tomados en conjunto, prueban que las expresiones faciales son un índice confiable de ciertas emociones básicas. Para el lego, esto puede parecer como trabajar sobre lo obvio; pero para Ekman es un punto de comprobación muy importante, puesto que gran parte de su trabajo actual está basado en la creencia de que existe una especie de vocabulario facial.

Más de mil expresiones faciales diferentes son anatómicamente posibles. Los músculos de la cara son extremadamente sensibles y en teoría una persona podría demostrar todas las expresiones en sólo dos horas. Sólo unas pocas, sin embargo, poseen un sentido real e inequívoco y Ekman considera que esas pocas se ven en toda su intensidad en la cocina, en el dormitorio o en el baño, puesto que la etiqueta exige que sean controladas en casi todas las circunstancias. (Deténgase a buscar la diferencia entre un verdadero rugido de furia, una exagerada expresión que muestra todos los dientes y que se ve sólo en momentos de emoción extrema, y el controlado gruñido y la boca tensa que son más comunes.)

El problema de Ekman consistió en encontrar un método eficiente de codificar las expresiones. Eventualmente, mientras trabajaba con Wallace Friesen y el psicólogo Silvan Tomkins, encontró una solución ingeniosa. Una especie de atlas del rostro llamado FAST (Facial Affect Scoring Technique). FAST cataloga las expresiones faciales usando fotografías en vez de descripciones verbales, dividiendo el rostro en tres áreas: la frente y las cejas; los ojos; y el resto de la cara: nariz, mejilla, boca y mentón. Para la emoción de “la sorpresa”, FAST ofrece fotografías de frentes fruncidas por encima de las cejas arqueadas; de ojos muy abiertos, y de bocas abiertas en distintos grados en el “oh” de la sorpresa. El que quiera catalogar una expresión facial, podrá comparar el rostro que le interese, área por área, con las fotografías de FAST. No son necesarias las explicaciones escritas.

Ekman está empleando ahora el FAST en una especie de entrenamiento de sensibilidad visual. El objetivo es enseñar a diferentes personas —vendedores, abogados o cualquiera que tenga interés— para que logren reconocer las expresiones faciales en la conversación cotidiana. Ekman comienza enseñando las expresiones básicas; luego las mezcla de manera que mientras un área del rostro denota una emoción, las otras presentan emociones distintas. (Por ejemplo, unos ojos y cejas enojados sobre una boca sonriente.) El mismo efecto se produce cuando las diferentes expresiones se suceden rápidamente. Se producen las mezclas cuando ambas emociones son simultáneas o cuando la costumbre las liga entre sí. Para un hombre, la ira puede estar íntimamente ligada al temor si su propia ira lo asusta; para otro, el temor puede estar ligado a la vergüenza.

Ekman entrena a sus alumnos para que identifiquen las diferentes expresiones, que son fáciles de confundir, como ser la ira o el disgusto, el dolor y la sorpresa, y reconocer las emociones que se han tratado de disimular. La piéce de résistance, sin embargo, es la que enseña a distinguir una expresión honesta de otra que no lo es. Para el entrenamiento se emplean muchas imágenes, tanto en video tape como en fotografías. Luego se les toma una prueba en video tape del experimento del engaño a los que se entrenaron. Al mostrarles las fotografías donde aparecen exclusivamente las cabezas de las enfermeras, por lo general pueden distinguir por su expresión facial cuándo las chicas mienten o cuándo dicen la verdad. Las personas no entrenadas, por lo general, no notan ninguna diferencia.

Es probable que el FAST resulte un instrumento de inmenso valor para los psicólogos que estudian las emociones. Es difícil estar seguro de lo que siente otro ser humano en un momento dado. Se le puede preguntar, pero puede negarse a contestar; puede mentir o tal vez ni siquiera saber qué es lo que siente. En el laboratorio un investigador puede medir el ritmo cardíaco o respiratorio de una persona mediante el sistema GSR (Galvanic Skin Response), pero si bien estos datos indican la presencia de emociones, no logran diferenciar unas de otras.

Algunas veces el investigador puede considerar la situación en que se encuentra el paciente, y tratar de adivinar cuál es su verdadera emoción, pero los abismos son obvios. Antes de que los científicos puedan considerar al FAST como un método seguro, deberá comprobarse que es realmente confiable. Una de las preguntas que podríamos formular es si todas las personas entrenadas en su utilización extraen las mismas conclusiones sobre lo que ven. Los experimentos de Ekman han demostrado que es así. La próxima pregunta es más difícil de contestar. ¿Puede el FAST realmente medir la intensidad del sentimiento de una persona? La dificultad reside, como ya lo hemos mencionado anteriormente, en la imposibilidad de saber con certeza cuáles son los sentimientos de un individuo, puesto que no podemos basarnos exclusivamente en lo que nos dice. El interrogante sobre las expresiones universales ha preocupado a los investigadores de las expresiones faciales; y durante años, ha habido una polémica entre Paul Ekman y Ray Birdwhistell. Ekman considera que ha probado a través de estudios comparativos entre diferentes culturas, que efectivamente existen gestos universales: los hombres de todo el mundo se ríen cuando están alegres o quieren parecerlo, y fruncen el ceño cuando están enojados o pretenden estarlo. Como ya he dicho, Birdwhistell sostiene que algunas expresiones anatómicas son similares en todos los hombres, pero el significado que se les da difiere según las culturas. Sin embargo, ésta es una opinión minoritaria. (La mayoría de los científicos considera que por lo menos algunas expresiones son universales.)

La prueba más citada por aquellos que creen en las expresiones universales es el estudio realizado en niños ciegos de nacimiento. Se ha observado que todos los bebés realizan una especie de sonrisa a partir de las cinco semanas, aun los ciegos, que de ninguna manera pueden imitar a las personas que los rodean. Los niños ciegos de nacimiento también ríen, lloran, fruncen el ceño y adoptan expresiones típicas de ira, temor o tristeza.

La evidencia de Ekman, por el contrario, se basa en un estudio comparativo entre diferentes culturas que realizó con Friesen. Utilizando fotografías de rostros cuidadosamente seleccionados que muestran claramente las expresiones básicas —alegría, sorpresa, furia, tristeza, desprecio, disgusto o contento—, pidió a personas oriundas de Norteamérica, Brasil, Japón, Nueva Guinea y Borneo que identificaran las distintas expresiones, y la mayoría de ellas lo logró sin diferencias apreciables. Incluso tuvo éxito con la tribu neolítica Fore de Nueva Guinea, que ha estado aislada del resto del mundo hasta hace tan sólo doce años. Mientras Ekman realizaba sus estudios en las selvas del Pacífico Sur y en universidades norteamericanas, otro psicólogo, Carrol Izard, investigaba entre diez culturas alfabetizadas logrando el mismo resultado positivo.
Ekman, sin embargo, no pretende que la sonrisa de un Fore es un gesto invariable de placer. (En todas las culturas existen lo que él denomina “reglas demostrativas”, que definen cuáles son las expresiones apropiadas a cada situación. Estas reglas pueden exigir que una expresión sea disimulada, exagerada, ocultada o tal vez suprimida por completo. Y cada cultura cuenta además, no solamente con sus propias reglas, sino con sus propios estilos faciales, Los italianos, cuyo comportamiento facial es extremadamente volátil y expresivo, suelen encontrar difícil de sondear el rostro parco de los ingleses.)

Las reglas demostrativas fueron comprobadas con claridad en un experimento realizado recientemente por Ekman en Norteamérica y en el Japón, donde la etiqueta exige una sonrisa en casi todas las situaciones. El entorno elegido por Ekman era idéntico en ambos lados del Pacífico. Los individuos seleccionados estaban sentados a solas en una habitación para observar una película del tipo de la que se les mostró a las aspirantes a enfermeras, sólo que algo menos impresionante. Mientras la observaban, fueron filmados y grabados sin tener idea de que esto estuviera sucediendo. Luego penetró en la habitación un hombre para entrevistarlos, japonés en el caso del Japón y norteamericano en el otro. Se solicitó a cada una de las personas que describiera lo que había visto. Mientras observaban la película, japoneses y norteamericanos habían mostrado las mismas reacciones faciales, moviendo los mismos músculos faciales en iguales situaciones. Durante la entrevista los norteamericanos continuaron reaccionando visiblemente, recorriendo toda la gama de expresiones de sorpresa y de desagrado; en cambio los japoneses describieron lo que habían visto con una amable sonrisa en el rostro. De tanto en tanto, cuando miraban hacia otro lado tratando de organizar sus ideas, se notaba un relampagueo fugaz de emoción, de desagrado o de enojo, que solamente podía captarse al pasar la película en cámara lenta.

El concepto de Ekman acerca de las reglas demostrativas y la admisión por parte de Birdwhistell de que desde el punto de vista anatómico existen realmente expresiones universales, parecen aproximar ambos polos de esta polémica, a pesar de que los puntos de vista y los métodos de investigación empleados son muy diferentes. Lo que para Birdwshistell es una evidencia, para Ekman es meramente anecdótico. Por su parte, Birdwhistell considera que los experimentos realizados en laboratorios son a menudo artificiales, planeados y no guardan relación con la vida real.

La pregunta lógica que surge es: ¿si verdaderamente hay expresiones faciales universales para el género humano, cómo se desarrollaron? Charles Darwin comenzó la investigación en 1872 con su libro The Expresión of the Emotions in Man and Animáis. Comparó las expresiones faciales de un determinado número de mamíferos, incluido el hombre, y sugirió que todas las expresiones humanas primarias podían remontarse hasta algún acto funcional primitivo. El gruñido de furia, por ejemplo, puede provenir del acto de enseñar los dientes antes de morder.

La evolución de la sonrisa es más difícil de explicar y se ha aventurado una serie de teorías diferentes. Richard Andrew, por ejemplo, parte del hecho de que algunos primates, al verse amenazados, emiten un agudo grito de protesta, ruido característico producido con los labios estirados hacia atrás, en lo que parece una sonrisa. Los monos Rhesus hacen también esto y algunas veces emplean esa mueca defensiva-amenazante pero sin molestarse siquiera en emitir sonido alguno. El hombre suele emplear una sonrisa defensiva como gesto de pacificación. Pensemos en el invitado que sonríe avergonzado cuando llega tarde a una cena. Por más débil que parezca su sonrisa es un importante paragolpes que amortigua la agresión, ya que la sonrisa constituye un medio de comunicación sutil, pero vital entre los seres humanos. Existen diferentes historias de guerra que narran cómo un soldado preparado para el combate, al sorprender al enemigo, fue literalmente desarmado por éste con una sonrisa o el ofrecimiento de algo para comer.

La sonrisa de verdadero placer es más difícil de explicar que la sonrisa defensiva, pero Andrew sugiere que puede provenir de la mueca que efectúan automáticamente muchos mamíferos, incluso el hombre, cuando se sobresaltan. Aquella mueca de sorpresa podría haber evolucionado hasta transformarse en una amplia sonrisa de placer; el humor de los adultos depende del factor sorpresa.

En 1966, dos psicólogos, Ernest Haggard y Kenneth Isaacs informaron que mientras pasaban en cámara lenta películas de psicoterapia, habían notado expresiones en el rostro de los pacientes que aparecían por un instante para volver a desaparecer inmediatamente en una fracción de segundo. Las expresiones no eran visibles al pasar la película a velocidad normal; al pasarla nuevamente en cámara lenta, a más o menos un sexto de la velocidad normal, podían ser detectadas en la mayoría de la gente. Estudios posteriores revelaron que estas fugaces expresiones eran reveladoras. Se notó que generalmente ocurrían en pacientes con conflictos. “Yo no estaba enojado”, diría al mismo tiempo que se lo veía momentáneamente muy molesto. Por lo general las personas no tenían escapatoria al enfrentar las expresiones faciales que las ponían al descubierto. Mientras que un paciente comentaba cuánto apreciaba a otra persona, su expresión solía pasar vertiginosamente del placer a la ira y nuevamente al placer. Haggard e Isaacs sugirieron que estas expresiones, que denominaron “micromentarias” o “micros”, no constituyen de por sí mensajes, conscientes o inconscientes sino que son filtraciones de sentimientos verdaderos. En realidad, pueden servir como una válvula de escape que permite a una persona expresar, aunque sea muy brevemente, sus impulsos o sentimientos considerados inaceptables.

Aparentemente, los micros no son necesariamente invisibles. Desde 1890 numerosos experimentos sobre percepción subliminal han demostrado que con frecuencia vemos mucho más de lo que creemos ver. Muchas personas recuerdan el revuelo producido en torno a la persuasión subliminal en el año 50. Un investigador de mercado, norteamericano, aseguraba haber aumentado las ventas de Coca-Cola y de maíz tostado proyectando en un cinematógrafo repetidamente sendos carteles que rezaban “Tome Coca-Cola” o “Coma maíz tostado” mientras pasaban la película.

Los avisos se pasaban sólo por espacio de un tres milésimo de segundo; en realidad eran prácticamente invisibles. Cuando el experimento tomó estado público, muchos norteamericanos protestaron y se preocuparon por el peligro que significaba la persuasión subliminal Las implicancias políticas eran aterradoras. Sin embargo, otros experimentos han indicado que ésta no es la forma más eficiente de convencimiento subconsciente. El límite entre lo visible y lo subconsciente varía entre una persona y otra y en cada individuo según las diferentes situaciones. Un mensaje que se irradia el tiempo suficiente para ser captado en forma subconsciente por la mayoría de la audiencia, probablemente será visto claramente y de manera consciente sólo por algunas personas.

Estas diferencias individuales en la percepción fueron claramente demostradas en un experimento realizado por Paul Ekman. En éste, su primer ensayo sobre investigación de expresiones micromentarias, exhibió una película a un grupo de estudiantes universitarios y de enfermeras que incluía varios micros. Los estudiantes no lograron captar los micros cuando la película fue proyectada a velocidad normal, pero sí cuando se la pasó en cámara lenta.

En cambio las enfermeras, que tenían aproximadamente diez años de experiencia, descubrieron los micros durante la proyección a velocidad normal.

Al partir de esta base, Ekman comenzó a estudiar los micros mediante un taquitoscopio, aparato que puede reproducir fotografías sobre una pantalla a velocidades que llegan a un centésimo de segundo. Cuando pasaba sus fotografías de rostros a velocidad máxima, las personas insistían en que no veían absolutamente nada.
El experimento con el taquitoscopio es mi juego de magia preferido, dice el doctor Ekman. Usted se lo muestra a una persona y ella pensará que está mirando una pantalla en blanco. Entonces hará lo que ella insiste que son conjeturas y luego usted le explica. “Ahora le probaré que la mayor parte de lo que dijo era acertado”. Lee sus primeras diez respuestas y ella quedará asombrada.

Todos poseemos un aparato de percepción capaz de descifrar rostros a una velocidad de un centésimo segundo, lo que ofrece un interrogante de especial interés: ¿por qué no lo empleamos? Yo pienso que sistemáticamente le enseñamos a la gente desde su infancia a no prestar atención a las expresiones faciales mínimas, porque son demasiado reveladoras.

Obviamente, esta enseñanza se efectúa de manera subconsciente. En cierta forma, el taquitoscopio representa la imagen bastante real de un rostro, puesto que las expresiones faciales pueden variar en sólo medio o un cuarto de segundo, y siempre están relacionadas con las expresiones que las preceden y las que les siguen, acompañadas además de una serie de palabras y de movimientos corporales que distraen la atención. El ojo humano tiene que ser muy veloz para captarlas, y un rostro proyectado por el taquitoscopio es quizás más cercano a lo que se nos presenta en la vida real que las fotografías que podemos estudiar con tiempo.
En el transcurso de sus experimentos con el taquitoscopio el doctor Ekman descubrió un fenómeno muy interesante. Aproximadamente la mitad de las personas entrevistadas perdían continuamente una emoción. Cada individuo parecía tener un punto débil particular. Lograba captar casi todo correctamente pero pasaba por alto las imágenes de rostros que demostraban ira o desagrado. Siempre se trataba de una expresión desagradable; ninguno pareció pasar por alto la alegría. Obviamente, había un mecanismo de bloqueo subconsciente, y parecía estar relacionado con la personalidad del individuo y con el humor en que se hallaba en ese momento.

Ekman investigó este bloqueo en mayor profundidad en otro estudio preliminar en que examinó a treinta individuos mediante el taquitoscopio, y luego les brindó la oportunidad de relajarse tomando un trago y fumando un cigarrillo. Diez de ellos tenían una proporción mucho mayor de alcohol en su bebida; otros diez fumaron cigarrillos de tabaco mezclado con marihuana; y el resto tomó bebida sin alcohol y fumó cigarrillos comunes, un doble efecto de placebo. Cuando todos los individuos volvieron a ser sometidos a la prueba del taquitoscopio, el último grupo reaccionó en forma similar a la inicial. El grupo alcohólico tuvo mayor dificultad para reconocer todas las emociones, excepto la de desagrado, y en ésta, parecían ahora mucho más precisos. Pero lo que más interesó a Ekman fue la reacción del grupo que había fumado marihuana, ya que es creencia popular que su uso acrecienta notablemente la sensibilidad. En realidad, el grupo se comportó notablemente peor en el reconocimiento de la tristeza, del temor y de la ira. Ekman recalca que éste fue un estudio preliminar. No estaba investigando los diferentes estados de ánimo —tanto la marihuana como el alcohol producen efectos totalmente diferentes según las circunstancias—, así que trató de intensificar el estudio de las reacciones.

La mayoría de los investigadores dedicados al estudio de la comunicación no-verbal, consideran que realizan trabajos científicos básicos y creen que aún falta mucho tiempo para que se pueda dar una aplicación práctica a su trabajo. Sin embargo, Paul Ekman piensa que los estudios de la comunicación no-verbal serán un “campo muy candente” durante unos años, hasta que se logre develar los interrogantes fundamentales. En cuanto a su aplicación práctica, predice que se emplearán en muchos estudios psicológicos sobre la emoción, utilizando como parámetro la expresión facial.

Ekman considera asimismo que no habrá grandes progresos relacionados con la psicoterapia, puesto que los terapeutas ya están empleando los conocimientos existentes sobre la comunicación; piensa además que surgirá una tremenda explotación comercial.
De esta estrategia, se colige la aparición de institutos dedicados a entrenar vendedores y aspirantes a diferentes puestos, donde se empleará la observación de las expresiones faciales durante las entrevistas de personal. El mercado de la publicidad puede probar en  qué  medida  las expresiones de las personas  reaccionan ante distintas propagandas comerciales y cuáles son las más efectivas técnicas visuales (y audibles) para ser explotadas comercialmente. Creo que veremos un creciente entrenamiento del comportamiento facial de los empleados en todo el mundo de los negocios. Considero que es posible enseñar a las personas para que aprendan a engañar mejor. Algunas de estas predicciones no son muy halagüeñas. Ekman, comenta a propósito de este tema: que en cuanto la comunicación no-verbal pase a ser parte del conocimiento popular, comenzará a cambiar. En cuanto se publiquen estudios que describan las formas en que la gente disimula que está fingiendo, esas maneras comenzarán a desaparecer para dejar lugar a otras. Esto presenta un nuevo problema para los investigadores de ciencias sociales. Sus estudios sobre el comportamiento pueden precipitar cambios de conducta que a su vez quitarán validez a sus investigaciones anteriores.

La idea de que exista una persona para entrevistar al personal que esté entrenada para registrar expresiones faciales, es algo escalofriante y nos recuerda el 1984 de George Orwell, donde un hombre cometió un “crimen facial” cuando su rostro dejó traslucir que estaba imaginando pensamientos prohibidos. Al explicar a la gente que los movimientos corporales producen una comunicación, ésta se siente desamparada, expuesta y al descubierto aun en completo silencio; después de todo, uno puede negarse a hablar, pero es difícil permanecer inmóvil y sin tensar un solo músculo. Freud escribió: “Aquel que tenga ojos para ver y oídos para escuchar, podrá convencerse de que ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios mantienen silencio, conversará a través de las puntas de sus dedos; la traición brotará de todos sus poros. Una vez oí que un hombre le dijo a una mujer: ¿Te has dado cuenta de que acabas de cruzar las piernas y los brazos al mismo tiempo? Obviamente te has puesto a la defensiva”. Ésta es una irrupción en la intimidad, tan incorrecta como leer o discutir la correspondencia ajena.

Mucha gente se sentirá menos feliz ante la perspectiva de vivir en un mundo en el que algunas personas aprenden a leer el rostro, y otras a mentir con la expresión facial. Sin embargo, este proceso cultural, que es una especie de “diente por diente”, es probablemente tan antiguo como la humanidad misma; un hombre aprendía a usar la lanza; otro inventaba el escudo; el primero mejoraba la lanza y así sucesivamente.

De cualquier manera, yo considero que los beneficios potenciales de esta ciencia sobrepasarán en mucho las mínimas deficiencias que provengan de su uso indebido. Ya que, a medida que las personas se vuelvan más conscientes de sus rostros, ¿cómo podrán dejar de sentirse más próximas a los sentimientos de los demás?
Marido y mujer, paciente y terapista, podrán interpretarse mejor uno al otro y captar más rápido la desazón, la ira o el placer para determinar con más claridad la impresión que causan en el otro.
Si al mismo tiempo, las personas se tornan más responsables de lo que hacen con sus propios rostros, terminarán tomando un contacto más íntimo con sus sentimientos personales. Eso es verdaderamente lo que se trata de conseguir en la actualidad mediante la terapia de grupo, la psicoterapia, los encuentros juveniles y otros fenómenos de la vida moderna.

Tarea: luego de leer, te ruego realizar estas actividades:

  1. Construye un informe escrito para ser presentado la próxima reunión de Taller (posiblemente el viernes 12 de diciembre)
  2. Selecciona tres series de fotos de cinco cada una (tomadas de tu archivo personal o de revistas y periódicos) dividiendo el rostro en tres áreas: la frente y las cejas;  los ojos;  y el resto de la cara que incluye nariz, mejillas, boca y el mentón.
  3. Busca en esas series características semejantes, y agrúpalas en posibles sentimientos.
  4. Ingresa a la web e investiga para ampliar el tema de FAST y persuación subliminal.
  5. Contesta a esta pregunta: ¿es posible introducir el LNV en la educación de los estudiantes universitarios de Psicología? SI, NO. ¿por qué? argumenta.

RECIBE UN ATENTO SALUDO DE MAGUITA.

Días de certezas y buen humor son mis deseos para todos y cada uno de ustedes.

Por varias oportunidades he tomado artículos publicados en Tendencias 21.

Una nueva y oportuna información; va para los estudiantes del Taller de Lenguaje No verbal y una invitación a leer para los estudiantes de Psicología Laboral.

La forma en que HOY PODEMOS APRENDER, es tremendamente relevante. La información es abundante en torno a temas como este. Podemos DISCRIMINAR y transformarla en conocimiento personal. Y estos son los mejores aprendizajes!!

Ingresen por favor en:

Crean un dispositivo capaz de medir el lenguaje no verbal

Investigadores del MIT han creado un dispositivo capaz de medir el lenguaje no verbal. Lo han llamado “sociómetro” y registra factores como el tono de la voz o la movilidad corporal mientras se habla. Con estas “señales honestas” se pueden predecir los efectos de cualquier conversación o el resultado de una entrevista de trabajo. El dispositivo se basa en que en nuestros intercambios de comunicación es más importante lo que no decimos que lo que decimos, señalan estos investigadores, ya que sirve para comprender las verdaderas intenciones de los otros.

El MIT es uno de los mejores en los EE.UU, Massachuset Institut Tecnologi, casa de Noham Chosmky y una veintena de científicos e investigadores con visión social.

Disfruten mucho. Saludos Maguita.

PD. Para los estudiantes del Taller de LNV, le ruego hacer un informe que lo discutiremos en la clase del viernes 7 de Noviembre.

Les doy la más cordial bienvenida.

Esta es la primera vez que cada uno de ustedes va a ingresar a otro espacio para leer un artículo muy importante. Tengo suscripción a la Revista Tendencias21.

Es tan fácil, accesar a los artículo que proponen en sus ediciones periódicas. Aquí está una nueva y de interés capital para ustedes estudiantes de Psicología Educativa.

Conocer los temas sociales es imperante en la formación de ustedes, más aún como el desempeño escolar que los niñ@s y jóvenes, hijos de inmigrantes, exhiben en los nuevos países.

Tarea:

  1. Para ingresar al artículo, coloca el cursor sobre el texto que está inmediatamente abajo. Te lleva al documento directamente.
  2. Lee el artículo, así como los comentarios que dejan los lectores de Tendencias21.
  3. Regresa al blog, y haz un comentario personal. (final de la página)
  4. Usa ideas amarillas, rojas y verdes. Redacta con seguridad y pertinencia, este blog es leído por muchas personas.
  5. Tu comentario puede ser escrito, únicamente hasta sábado 11 de Octubre.

Exitos, Maguita.

Los niños inmigrantes tienen más dificultades para el rendimiento académico

Un informe realizado por la American Sociological Association señala que la educación de estos jóvenes se ve afectada por las influencias que sobre ellos ejercen los países de origen, los países huéspedes y las comunidades inmigrantes a las que pertenecen.

Flora Davis, autora del “clásico” EL LENGUAJE DE LOS GESTOS, en el prólogo relata cómo fue su encuentro con la Comunicación No Verbal. Partió de la necesidad de escribir un artículo para una revista femenina Glamour; hacerlo llevó a Flora cuatro meses, pero dejó  “la sensación de haber tratado el tema superficialmente,había mucho más que aprender al respecto”

Continua: “Después de haber pasado varios meses en contacto con la comunicación no verbal, el efecto que esperimenté, fue más profundo que lo habitual, estaba entregada por completo al tema y no podía soportar la idea de dejarlo. Por lo tanto durante el siguiente año y medio recorrí universidades e institutos de salud mental, ya que allí se lleva a cabo la mayor parte de la investigación. Tuve entrevistas con psicólogos, antropólogos y psiquiatras: lo que da una pauta de la diversidad de personas que se ocupan del tema”

Aclara: “La comunicación humana es demasiado compleja. de todos modos, la investigación sobre la comunicación es todavía una ciencia incipiente”

En este contexto, ser una ciencia incipiente, permite localizar adecuadamente los objetivos del taller. Flora Davis puntualiza dos aspectos relevantes:

  1. el secreto de la comunicación verbal es VER.
  2. todos tenemos una cierta habilidad para descifrar determinados gestos y la llamamos INTUICIÓN.

En este mismo espacio, más abajo, está copiado textualmente los temas: la ciencia incipiente, señales genéricas y comportamiento durante el galanteo. (comienza con: PL Lenguaje no verbal).

Puedes bajar todo el material y realizar el trabajo que en la clase expliqué.

Un buen fin de semana y nos veremos pronto.

Saludos cordiales de Maguita.

Les doy una cordial bienvenida a tod@s estudiantes de Educativa, Social y del Taller de LNV.

Para muchos de ustedes este será su primer encuentro con esta forma de trabajo. Personalmente lo encuentro tan fácil,  tremendamente interesante y apasionante.

Tengo la certeza que a ustedes también les cautivará. Pone a nuestros pies, gran parte del conocimiento que circula en la Web, nos lleva a temas de actualidad y como el de ahora, relamente inspirador.

Además, espero que estos meses que pasaremos juntos, nos podamos enriquecer como seres humanos. Encontremos motivos suficientes para aprender, aprehender, divertirnos, descubrirnos, y sentirnos en medio de un círculo amable, cordial y sinergético.

Aquí está la primera muestra. Lo que sigue, transcribo de un períodico de México, publicado el 7 de este mes.

Les ruego ingresar luego a esta dirección:  http://www.andreamacias.com

Copia y pégalo en el navegador. Allí encontrarás algunos apartados, ingresas en Reflexiones y escoge una de ellas. El la prógima clase vas a presentar un informe del contenido que trabajaste.

Exitos permanentes en tu vida!!!! Un abrazo muy fuerte de Maguita.

Adriana Macías considera que deben prepararse mucho para lograr sus metas y acceder a las fuentes de empleo

MÉXICO.- La actitud positiva para enfrentar los retos de la vida cotidiana es el arma más fuerte con que cuentan las personas con discapacidad (PcD), aseveró la escritora Adriana Macías.

La también abogada y conferencista, platicó con los lectores de EL UNIVERSAL.com.mx para dar a conocer su nueva novela, “La Fuerza de un Guerrero”, donde narra las historias de unos jóvenes héroes con discapacidad.

Ante los problemas que enfrentan las PcD, la mejor forma para solucionarlos depende de la actitud que se asuma para resolverlos. “Cuando pienso que algo es muy difícil y que posiblemente no lo puedo hacer, reflexiono: ¿qué pasaría si lo intento? ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Y quién me puede ayudar si la cosa se pone peor? Y luego me lanzo a la aventura.”

Macías consideró que las PcD deben prepararse mucho para lograr sus metas y acceder a las fuentes de empleo. “No hay que pedir que se contrate a personas con discapacidad, más bien hay que prepararnos para que todas las fuentes de empleo se conviertan en oportunidades para nosotros”, al recordar que ella misma es una persona en dicha situación.

Recomendó a los padres que tienen a un hijo con discapacidad que no intenten hacerlos personas normales, sino que les enseñen a ser personas felices y autosuficientes para enfrentarse a la vida.

Ante la pregunta del porqué las personas que no cuentan con ningún algún tipo de discapacidad les cuesta trabajo lograr ser felices, la autora de ‘Abrazar el éxito’ comentó que la gente espera que las cosas sean demasiado fáciles y se les olvida que los grandes logros requieren grandes esfuerzos, pero también las satisfacciones serán mayores.

“Tener o no una discapacidad no asegura la felicidad, pues hay gente sin discapacidad que se siente fracasada”, recordó

La fuerza de un guerrero fue escrita para el público infantil, sin embargo, la pueden leer personas de cualquier edad. Con esta novela, la autora busca que los lectores redescubran sus capacidades y habilidades y “saquen al guerrero que llevan dentro”.

http://www.adrianamacias.com

Este último artículo va dirigido para Psicología Laboral,  Social, Educativa y el Taller de PNL.

Es parte del libro de Echeverría, lo dedico como un homenaje al tiempo que hemos estado juntos. Ironía para algunos que pretenden ser “independientes” preciosa realidad para otros que valoramos el poder de la sinergia y la amistad. Encontré amig@s entre ustedes y eso me hace FELIZ!

Lean con “pasión”, sin ella es insípida la vida.

Algunas declaraciones fundamentales en la vida

Hemos dicho que para hacer determinadas declaraciones es necesario tener la debida autoridad. Sin que tal autoridad haya sido concedida, estas declaraciones no tienen validez y, por lo tanto, no tienen tampoco eficacia. Sin embargo, hay un vasto rango de declaraciones que no requieren de una concesión social de autoridad, sino que están asociadas a la propia dignidad de la persona humana. Así como el dignatario, por ocupar una posición de autoridad, tiene el poder para efectuar determinadas declaraciones que la sociedad reserva sólo para algunos, de la misma forma, toda persona humana tiene el poder de efectuar determinadas declaraciones en el ámbito de la propia vida personal y en cuanto ejerza tal poder asienta su dignidad como persona. Una sociedad de hombres y mujeres libres es precisamente aquella sociedad que reconoce y sanciona socialmente los derechos que guardan relación con la dignidad de la persona humana. Ello se relaciona directamente con el reconocimiento de que el individuo, por el simple hecho de serlo, tiene autoridad para efectuar determinadas declaraciones.

A continuación vamos a referirnos a un conjunto de declaraciones que pertenecen a este ámbito de autoridad personal. Nos restringiremos sólo a seis, conscientes de que podríamos añadir varias más.

La declaración del «No»

El decir «No» es una de las declaraciones más importantes que un individuo puede hacer. A través de ella asienta tanto su autonomía como su legitimidad como persona y, por lo tanto, es la declaración en la que, en mayor grado, comprometemos nuestra dignidad. En cuanto individuos, tenemos, podemos arrogarnos el derecho de no aceptar el estado de cosas que enfrentamos y las demandas que otros puedan hacernos. Este es un derecho inalienable que nadie puede arrebatarnos. En muchas ocasiones, sin embargo, el precio de decir que no es alto y depende nuevamente de cada uno pagarlo o no. Pero, aunque el precio sea alto, como individuos podemos seguir ejerciendo nuestro poder de decir que no. Muchos de nuestros héroes, muchos de nuestros santos, son personas a las que admiramos porque estuvieron dispuestos a pagar con sus vidas el ejercicio de este derecho.

Existen dos importantes instituciones sociales que descansan en el reconocimiento social del derecho de los individuos a decir que no: la democracia y el mercado. Ambas descansa en el derecho del individuo a escoger y todo derecho a escoger se sustenta, en último término, en el derecho a decir que no. Obviamente no se trata de las únicas instituciones sociales en las que este derecho se manifiesta, ni se trata tampoco de sostener que no podamos reconocerles limitaciones. Pero analizar esto nos sacaría del tema que estamos tratando.

Más allá de héroes y santos, de la democracia y el mercado, queremos destacar la importancia de la declaración «No» en la vida cotidiana de cada persona. Cada vez que consideremos que debemos decir «No» y no lo digamos, veremos nuestra dignidad comprometida. Cada vez que digamos «No» y ello sea pasado por alto, consideraremos que no fuimos respetados. Esta es una declaración que define el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y que nos tendrán los demás. Es una declaración que juega un papel decisivo en el dar forma a nuestras relaciones de pareja, de amistad, de trabajo, a la relación con nuestros hijos, etcétera. De acuerdo a cómo ejercitemos el derecho a la declaración de «No», definimos una u otra forma de ser en la vida. Es más, definimos también una u otra forma de vida.

La declaración de «No» puede adquirir formas distintas. No siempre ella se manifiesta diciendo «No». A veces, por ejemplo, la reconocemos cuando alguien dice «Basta!», con lo cual declara la disposición a no aceptar lo que se ha aceptado hasta entonces. Ella se refiere, por lo tanto, a un proceso en el que hemos participado y al que resolvemos ponerle término. También reconocemos el «No» cuando alguien dice «Esto no es aceptable para mí» y, al hacerlo, le fija al otro un límite con respecto a lo que estamos dispuestos a permitirle.

La declaración de aceptación: el «Sí»

El «Sí» pareciera no ser tan poderoso como el «No». Después de todo la vida es un espacio abierto al «Sí». Es, como dirían los especialistas en computación, la declaración que opera «por omisión» (by default). Mientras no decimos que «No», normalmente se asume que estamos en el «Sí».

Sin embargo, hay un aspecto extremadamente importante con respecto al «Sí» que vale la pena destacar. Se refiere al compromiso que asumimos cuando hemos dicho «Sí» o su equivalente «Acepto». Cuando ello sucede ponemos en juego el valor y respeto de nuestra palabra. Dado que sostenemos que somos seres lingüísticos, seres que vivimos en el lenguaje, se comprenderá la importancia que atribuimos al valor que otorguemos a nuestros «Sí». Pocas cosas afectan más seriamente la identidad de una persona que el decir «Sí» y el no actuar coherentemente con tal declaración. Un área en la que esto es decisivo es el terreno de las promesas. Sobre ello hablaremos más adelante.

La declaración de ignorancia

Pareciera que decir «No sé» fuese una declaración sin mayor trascendencia. Alguien podría incluso argumentar que no se trata de una declaración, sino de una afirmación y, en algunos casos, efectivamente puede ser considerada como tal (cuando, por ejemplo, la comunidad —cualquiera que ella sea— establece consensual-mente criterios que definen con claridad para sus miembros quién sabe y quién no sabe). Ello, sin embargo, no siempre acontece y, es más, en muchas ocasiones tampoco es posible alcanzar ese consenso.

La experiencia nos muestra cuántas veces solemos operar presumiendo que sabemos, para luego descubrir cuan ignorantes realmente éramos. Uno de los problemas cruciales del aprendizaje es que muy frecuentemente no sabemos que no sabemos. Y cuando ello sucede, simplemente cerramos la posibilidad del aprendizaje y abordamos un terreno pleno de posibilidades de aprender cosas nuevas, como si fuera un terreno ya conocido. Cualquier cosa nueva que se nos dice, queda por lo tanto atrapada en lo ya conocido o en la descalificación prematura. Cuantas veces nos hemos visto exclamando: «¡Sobre esto yo sé!» o «Esto es el viejo cuento de…» para luego, mucho más tarde, comprobar que escuchábamos presumiendo que sobre aquello sabíamos, y descubrir que nos habíamos cerrado a una posibilidad de aprendizaje. Y hay quienes podrán morir sin que logremos convencerlos de que no saben.

Declarar «No sé» es el primer eslabón del proceso de aprendizaje. Implica acceder aquel umbral en el que, al menos, sé que no sé y, por lo tanto, me abro al aprendizaje. Habiendo hecho esa primera declaración, puedo ahora declarar «Aprenderé» y, en consecuencia, crear un espacio en el que me será posible expandir mis posibilidades de acción en la vida. Nuestra capacidad de abrirnos tempranamente al aprendizaje, a través de la declaración «No sé», representa una de las fuerzas motrices más poderosas en el proceso de transformación personal y de creación de quienes somos.

La declaración de gratitud

Cuando niños nos enseñan a decir «Gracias» y a menudo miramos a esa enseñanza como un hábito de buena educación una formalidad que facilita la convivencia con los demás. No siempre reconocemos todo lo que contiene esa pequeña declaración. Por supuesto, podemos decir «Gracias» sin que ello signifique demasiado, aunque, insistimos, decirlo no es nunca insignificante. Pero podemos mirar la declaración de «Gracias» como una oportunidad de celebración de todo lo que la vida nos ha proveído y de reconocimiento a los demás por lo que hacen por nosotros y lo que significan en nuestras vidas.

En este contexto, no podemos dejar de reconocer el poder generativo de la acción que ejecutamos al decir «Gracias». Cuando alguien cumple a plena satisfacción con aquello a que se ha comprometido con nosotros y le decimos «Gracias», con ello no estamos sólo registrando tal cumplimiento, estamos también construyendo nuestra relación con dicha persona. No hacerlo puede socavar dicha relación. No importa el tipo de relación de que se trate, sea ésta sentimental, de amistad o de trabajo, agradecer a quien cumple con nosotros o a quien hace suya nuestras inquietudes y actúa en consecuencia, nos permite hacernos cargo del otro y dirigirnos a su propia inquietud de ser reconocido en lo que hace y de recibir nuestro aprecio por la atención de que fuimos beneficiados. Por no agradecer, podemos generar resentimiento y quien se esmeró en servirnos, en estar cerca nuestro, termina diciendo «Y no dijo ni gracias». Es muy posible que en el futuro no volvamos a contar, si puede evitarlo, con su ayuda.

Pero no sólo las personas, la vida misma es motivo de gratitud y celebración por todo lo que nos provee. Decirle «Gracias a la vida», como lo hace, por ejemplo, la bella canción de Violeta Parra, es un acto fundamental de regeneración de sentido, de reconciliación con nuestra existencia, pasado, presente y futuro. No nos puede extrañar, por lo tanto, que algunas sociedades tengan como una de sus principales actividades la celebración de un día de acción de gracias. Al declarar nuestra gratitud, no sólo asumimos una postura «frente» a los otros y «frente» a la vida. Al hacerlo, participamos en la generación de nuestras relaciones con ellos y en la de la propia construcción de nuestra vida.

La declaración del perdón

Bajo este acápite incluimos tres actos declarativos diferentes, todos ellos asociados al fenómeno del perdón. Así como destacábamos previamente la importancia de la declaración de gracias, debemos ahora examinar su reverso. Cuando no cumplimos con aquello a que nos hemos comprometido o cuando nuestras acciones, sin que nos lo propusiéramos, hacen daño a otros, nos cabe asumir responsabilidad por ello. La forma como normalmente lo hacemos es diciendo «Perdón». Esta es una declaración.

En español, sin embargo, el acto declarativo del perdón solemos expresarlo frecuentemente en forma de petición. Decimos «Te pido perdón» o «Te pido disculpas». Con ello hacemos depender la declaración «Perdón» que hace quien asume responsabilidad por aquellas acciones que lesionaron al otro, del acto declarativo que hace el lesionado al decir «Te perdono». Ambos actos son extraordinariamente importantes y nos parece necesario no subsumir el primero en el segundo.

Lo importante de mantenerlos separados es que nos permite reconocer la eficacia del decir «Perdón» con independencia de la respuesta que se obtenga del otro. En otras palabras, lo que estamos señalando es que la responsabilidad que nos cabe sobre nuestras propias acciones no la podemos hacer depender de las acciones de otros. El perdón del otro no nos exime de nuestra responsabilidad. El haber dicho «Perdón», aunque el otro no nos perdonara, tiene de por sí una importancia mayor y el mundo que construimos es distinto —independientemente del decir del otro— según lo hayamos o no declarado. Obviamente, en muchas oportunidades el declarar «Perdón» puede ser insuficiente como forma de hacernos responsables de las consecuencias de nuestras acciones. Muchas veces, además del perdón, tenemos que asumir responsabilidad en reparar el daño hecho o en compensar al otro. Pero ello no disminuye la importancia de la declaración del perdón.

El segundo acto declarativo asociado con el perdón es, como lo anticipáramos, «Te perdono», «Los perdono» o simplemente «Perdono». Este acto es obviamente muy diferente del decir «Perdón». A él vamos a referirnos también cuando abordemos el tema del resentimiento. Sin embargo, permítasenos hacer algunos alcances al respecto.

Cuando alguien no cumple con lo que nos prometiera o se comporta con nosotros de una manera que contraviene las que consideramos que son legítimas expectativas, muy posiblemente nos sentiremos afectados por lo acontecido. Más todavía si, luego de lo sucedido, la persona responsable no se hace cargo de las consecuencias de su actuar (o de su omisión). Posiblemente, con toda legitimidad, sentiremos que hemos sido víctimas de una injusticia. Y al pensar así, justificaremos nuestro resentimiento con el otro, sobre todo en la medida en que nosotros nos hemos colocado del lado del bien y hemos puesto al otro del lado del mal. Por lo tanto, consideramos que tenemos todo el derecho a estar resentidos.

De lo que posiblemente no nos percatemos, sin embargo, es que al caer en el resentimiento, nos hemos puesto en una posición de dependencia con respecto a quien hacemos responsable. Este puede perfectamente haberse desentendido de lo que hizo. Sin embargo, nuestro resentimiento nos va a seguir atando, como esclavos, a ese otro. Nuestro resentimiento va a carcomer nuestra paz, nuestro bienestar, va probablemente a terminar tiñendo el conjunto de nuestra vida. El resentimiento nos hace esclavos de quien culpamos y, por lo tanto, socava no sólo nuestra felicidad, sino también nuestra libertad como personas.

Nietzsche, ha sido el gran filósofo del tema del resentimiento. Cuando habla de él, lo asocia con la imagen de la tarántula. El resentimiento, nos dice Nietzsche, es la emoción del esclavo. Pero cuidado. No se trata de que los esclavos sean necesariamente personas resentidas. Muchas veces no lo son, como nos lo demuestra el ejemplo de Epicteto. Se trata de que quien vive en el resentimiento vive en esclavitud. Una esclavitud que podrá no ser legal o política, pero que será, sin lugar a dudas, una esclavitud del alma.

Perdonar no es un acto de gracia para quien nos hizo daño, aunque pueda también serlo. Perdonar es un acto declarativo de liberación personal. Al perdonar rompemos la cadena que nos ata al victimario y que nos mantiene como víctimas. Al perdonar nos hacemos cargo de nosotros mismos y resolvemos poner término a un proceso abierto que sigue reproduciendo el daño que originalmente se nos hizo. Al perdonar reconocemos que no sólo el otro, sino también nosotros mismos, somos ahora responsables de nuestro bienestar.

Cuando hablamos de perdonar, suele surgir también el tema del olvido. Hay quienes dicen «Yo no quiero olvidar» o «Siento que tengo la obligación de no olvidar». Olvidar o no es algo que no podemos resolver por medio de una declaración. De cierta forma, no depende enteramente de nuestra voluntad. El perdón, sin embargo, es una acción que está en nuestras manos.

El tercer acto declarativo asociado al perdón es, esta vez, no el decir «Perdón», ni tampoco el perdonar a otros, sino perdonarse a sí mismo. En rigor, ésta es una modalidad del acto de perdonar y, por lo tanto, lo que hemos dicho con respecto al perdonar a otros, vale para el perdonarse a sí mismo. La diferencia esta vez es que asumimos tanto el papel de víctima, como de victimario.

Una de las dificultades que encontramos en relación al perdón a sí mismo proviene de sustentar una concepción metafísica sobre nosotros que supone que somos de una determinada forma y que tal forma es permanente. Por lo tanto, si hicimos algo irreparable ello habla de cómo somos y no podemos sino cargar con la culpa por el resto de nuestras vidas. Esta interpretación no da lugar al reconocimiento de que en el pasado actuamos desde condiciones diferentes de aquéllas en que nos encontramos en el presente. Sin que ello nos permita eludir la responsabilidad por nuestras acciones y nos evite actuar para hacernos cargo de lo que hicimos, tal postura no reconoce que el haber hecho lo que entonces hicimos y el recriminarnos por las consecuencias de tales acciones, de por sí, nos transforma y aquél que se recrimina suele ser ya alguien muy diferente de aquél que realizara aquello que lamentamos.

El perdón a sí mismo tiene el mismo efecto liberador de que hablábamos anteriormente y hacerlo es una manifestación de amor a sí mismo y a la propia vida.

La declaración de amor

La última declaración de la que queremos hablar en esta sección es aquella en la que un individuo le dice a otro «Te amo» o «Te quiero». Sin entrar a examinar en esta ocasión lo que es el amor desde un punto de vista lingüístico, es importante señalar que éste remite a un vínculo particular, un tipo de relación, entre dos personas. Dada la ya aludida capacidad recursiva del lenguaje podemos también hablar de amor a sí mismo, refiriéndonos precisamente al tipo de relación que mantenemos con nosotros mismos.

Un supuesto común es que el amor existe y que decir «Te amo» no hace más que describir lo que está allí. Basados en tal supuesto, a veces escuchamos a quienes dicen «¿Qué sentido tiene decirte que te quiero? Ello no cambia nada». Es posible que ello no cambie la emoción que uno siente por el otro, pero decirlo o no decirlo no es indiferente a la relación que construimos con el otro, particularmente cuando este otro es también un ser humano. El declarar «Te amo» o «Te quiero» participa en la construcción de mí relación con el otro y forma parte de la creación de un mundo compartido.

Es importante examinar nuestras relaciones personales fundadas en vínculos de afecto —como lo son, por ejemplo, nuestra relación de pareja, con nuestros hijos, con nuestros padres, con nuestros amigos, etcétera— y preguntarnos cuan a menudo solemos declararnos mutuamente el afecto que nos tenemos. Preguntarnos también qué diferencia le significaría al otro el escuchar esta declaración. Es importante no olvidar cómo el hablar — y, por lo tanto, también el callar— genera nuestro mundo- Mientras escribo, recuerdo la película inglesa «Remains of the Day», que viera unos días atrás. El tema central de la película es precisamente la ausencia de la declaración de amor. En ella vemos lo que sucede con dos personas que fueron incapaces de decirse el uno al otro «Te amo».

¿Cómo te sientes luego de leer? Te ruego que vuelvas otra vez al texto!! Leerás con nuevos ojos!

TAREA. Deseo que hagas una reflexión escrita considerando lo que te has apropiado del texto. No vuelvas a repetir las declaraciones, transfórmalas para que pueda leer y aprehender tu corazón.

Será un privilegio cuando nos compartas en la nuevo encuentro (cada grupo en su horario).

Maguita.

Buenos días a todos ustedes. No siempre podemos asistir de primera mano a la inauguración de nuevos paradigmas, como lo estamos haciendo en estos días. Por tal motivo, les presento parte de un discurso que el Dr. Enrique Echeverría pronunciara en la Universidad Nacional de Uruguay.

Han participado en parte a través del pequeño taller del jueves 12 de Junio. Vi varias reacciones, lo mejor cuando dudas! Tu posicionamiento en la reflexión, es sin lugar a dudas, el comienzo de tu entendimiento. Con estas pocas palabras inicio una lectura apasionante.


Una nueva concepción sobre el fenómeno humano.

Yo creo que hemos estado siendo partícipes de una transformación muy profunda, quizás de las más profundas que uno pueda concebir, una transformación que pienso pone en cuestión premisas fundamentales que hemos preservado durante cerca de 25 siglos. Sin embargo, ha sido una transformación que está tomando tiempo, que se inició ya hace algunos años, algún tiempo atrás, que no culmina del todo todavía, que no tiene un hito claro que la marque, porque es una caída dentro de Berlín, pero que pienso que va a cambiar por completo la faz de la tierra y la forma como convivimos los seres humanos. Yo creo, que estamos asistiendo a la clausura de un período fundamental de la historia de la humanidad, particularmente de la historia de occidente, lo que yo llamo la clausura del Programa Metafísico.

Es en Inglaterra, al comienzo de la década de los 50, que se inicia un movimiento importante en la Filosofía y que se va a conocer como la emergencia de la Filosofía del Lenguaje, donde justamente comienza a sospecharse que esa visión del lenguaje es estrecha, es cerrada, que yo cuando hablo no solamente describo pasivamente lo que allí existe, sino que cuando yo hablo tengo la posibilidad de transformar con mi palabra la verdad, que la palabra tiene un poder mágico transformador que habíamos desconocido ¿lo habíamos desconocido siempre?, yo creo que no, tenemos distintos indicios, que la cultura antigua egipcia se valoraba el papel de la palabra, sabemos que la expresión, del arameo, el hebreo antiguo que se usaba en Judea, la tierra de los profetas, que sabían el poder de la palabra, que decía “avara ha d’avara” creo mientras hablo, la palabra transforma. Y yo sospecho que esa expresión “avara ha d’avara” nos volvió de otra forma, luego del cautiverio de judíos en Babilonia de 586 a 518 A. De C. fue tomada por los persas y la expresión persa: “abracadabra”, que te abre puertas, que te abre posibilidades, que redefine lo que es posible, es una expresión de esa original expresión arameo, “avara ha d’avara”.

Lo sabíamos, en la tradición hebrea cristiana, está planteado con tanta fuerza el poder de la palabra, el poder del verbo, en el inicio la palabra fue logos. Dios crea el mundo con el poder de la palabra. “Hágase la luz”, dijo, y la luz se hizo. La palabra crea entidad y comienza a descubrirse, por tanto vuelvo atrás, hacia algunas décadas solamente que hemos desconocido el poder transformador del lenguaje, de la palabra, que cuando yo hablo no solamente describo lo que existe, sino que porque hablo hago que ciertas cosas pasen, transformo; cambio.

El primer filósofo del lenguaje Ludwig Wittgenstein, nos dice: “todo lenguaje es una forma de vida, aprender un lenguaje es aprender a vivir”. Poco tiempo después, una década después un filósofo nacido de Oxford, Austin nos dice: “la palabra es acción, yo con la palabra intervengo, modifico el curso de los acontecimientos, hago que pase lo que no me ha pasado, si yo no hubiera hablado”. Austin muere el año 62, y antes de morir, una periodista le pregunta: “Usted está diciendo que la palabra es acción ¿qué importancia tiene eso?”, él le responde: “¿importancia? yo creo que ninguna”. Pero, ustedes pueden haberse dado cuenta que sólo ahora estamos reconociendo la importancia de ese descubrimiento y estamos reconociendo cómo dimensiones fundamentales de la vida humana son entendibles por el poder transformador de la palabra. Pero, aquello, en lo que yo estoy comprometido no es la Filosofía del Lenguaje, el tema de la Filosofía del Lenguaje tenía como sujeto, como objeto fundamental el análisis del lenguaje, yo me defino por un espacio que he llamado el espacio de la Ontología del Lenguaje, donde los aportes que los filósofos del lenguaje han hecho junto con muchas otra gente, pensamos que dan claves fundamentales para entender cómo somos los seres humanos, y, responder en forma diferente a la pregunta, que nos define como esa forma particular de ser que nos caracteriza y decimos muchas cosas y decimos incluso la respuesta del lenguaje es insuficiente, porque el lenguaje siempre se da acompañado, siempre se da como parte de un binomio más amplio; más rico, las conversaciones.

Cada vez que hablamos, entramos en conversaciones. El lenguaje es un ingrediente fundamental de toda conversación, pero no se da solo, se da siempre con otros ingredientes fundamentales que están presentes. En toda conversación planteamos hay tres ingredientes fundamentales, de hecho hay muchos más, pero el resto deriva, proviene de los tres que indico ahora: el lenguaje, la emocionalidad y la corporalidad. Se dan cuenta que estamos rescatando los muertos del programa metafísico: el lenguaje, la emocionalidad, la corporalidad, los elementos despreciados por los metafísicos, por lo tanto hay que colocarlos de nuevo en el centro y así como la metafísica tenía tres pilares fundamentales; el ser, la verdad y la razón, la propuesta que llamamos ontológica, que busca ponerlo en cuestión, que busca inaugurar una ética de la convivencia, de la existencia humana distinta dice: a los tres pilares de la metafísica, oponemos otros tres pilares. Al ser, oponemos el devenir, y, del devenir rescatamos la importancia de la acción, de la transformación, del cambio. A la verdad, oponemos la noción de observador, somos observadores distintos, ninguno es poseedor de la verdad, sólo tenemos interpretaciones de acuerdo al tipo de observador que somos y la pregunta frente a las interpretaciones no es cuál es la verdadera, sino cuál es la que nos permite vivir mejor, ser más efectivo, tener vidas más satisfactorias, establecer modalidades de convivencias más armónicas. Y a la razón, oponemos el lenguaje y de ahí emerge la noción de conversación. Y decimos si queremos entender como los seres humanos somos, preguntémonos por la forma como conversamos, nuestras conversaciones nos constituyen, somos nuestras conversaciones, yo soy y tengo la vida que tengo de acuerdo a como converso con los demás y como converso conmigo mismo, mi forma particular de ser, lo que llamo mi alma, cada uno tiene una forma particular de ser y, por tanto, en particular un alma, que está constituida de manera fundamental por nuestras conversaciones.

Nuestras conversaciones determinan lo que es posible para cada uno y lo que no es posible. Nuestras conversaciones determinan los niveles de efectividad y de inefectividad que alcanzamos en la vida. Nuestras conversaciones definen nuestras alegrías y nuestros sufrimientos, porque la alegría y el sufrimiento son fenómenos conversacionales. Sufrimos en función de lo que esperamos, de las expectativas que tenemos, de las imágenes que tenemos con respecto a cómo complacer el futuro y aquí aparece el lenguaje como un ingrediente fundamental y, por tanto, comenzamos a descubrir la nueva visión del ser humano.

Pero, yo quiero rescatar algo que no es suficientemente apreciado, éste no es un cambio como se dijo, a nivel de la teoría, éste no es un cambio a nivel de los conceptos, éste es un cambio a nivel de la ética, de las modalidades de relacionarnos con los demás y lo digo porque muchas veces las distinciones ontológicas se las utiliza en espacios metafísicos, en espacios impositivos, en espacios abusivos, carentes de respeto, mientras allí estén las estamos distorsionando, los estamos contaminando, estamos perdiendo lo más importante que ellas tienen, ellas inauguran un espacio ético diferente y los restantes espacios es el respeto, el respeto del otro como ser diferente, legítimo y en las distinciones no nos confundan, este espacio se define por su ética no por otra cosa.

Estamos en los umbrales de una nueva concepción de lo que significa el ser humano y yo creo que la concepción del ser humano es lo más importante que podemos establecer, porque a partir de ella definimos todo el resto, a partir de una determinada concepción del ser humano hacemos ciertas cosas, miramos el mundo de una cierta forma, miramos a los demás de una cierta forma, emprendemos proyectos distintos, damos respuestas a todo el resto de forma tributaria a la forma como nos concebimos, como somos, ya no hay algo más importante que indagar en la noción del ser humano que nos anima, que nos da sustento en todo lo que hacemos, por eso que esto es una transformación de una profundidad inmensa, que está dando sus primeros pasos, que lleva ya más de 100 años dando algunos pasos importantes, que no está terminada, que está inconclusa, que no está completa, que seguirá dando pasos, y donde como insisto lo fundamental es reconocer tanto el poder transformador generativo de la palabra y el lenguaje como de las conversaciones.

Como he dicho, los seres humanos tenemos algo en particular estamos en la vida no solamente para revelar cómo somos, para ser de acuerdo a un ser predeterminado con el que nacimos en el nacimiento, estamos aquí para encontrarnos, estamos en esta tierra con la gran responsabilidad de estar permanentemente diseñándonos, inventándonos, incluso cuando negamos la posibilidad de hacerlo, no tenemos alternativa. Hemos dicho la palabra transforma, la palabra genera, el lenguaje tiene una fuerza transformadora fundamental, que transforma ¿qué hacemos con el lenguaje?. Con el lenguaje construimos relaciones con los demás, no hay relación con otros que no requiera del lenguaje y no digo solamente de la oralidad, porque el lenguaje ocurre de múltiples otras formas, con el lenguaje yo logro establecer compromisos, acuerdos y, porque establezco compromisos y acuerdos con otros, logramos hacer juntos lo que ninguno podría hacer por cuenta propia o individualmente. El lenguaje nos ha convocado, yo estoy aquí porque alguien, dos personas, me hicieron una invitación y me trajeron, ustedes están aquí porque también hubo personas que los invitaron o porque algunos hicieron de invitadores. El lenguaje genera posibilidades, toda posibilidad surge de conversaciones, las posibilidades no están en el mundo exterior dando vueltas, las crean, las constituyen nuestras conversaciones y cuando me desespero porque siento que algo no es posible, sé que puedo abrir conversaciones que puedo tener el poder de demostrar posibilidades que no tenía.

Para los seres humanos lo que es posible resulta de lo que conversamos, con otros y con nosotros. Las conversaciones, el lenguaje genera mundos, construimos el mundo con nuestras conversaciones, decimos hágase una escuela y hacemos escuela, hágase una cátedra y hacemos una cátedra, hágase una empresa, hágase un país, y el país se hizo, y la escuela se hizo y la cátedra se hizo, con el lenguaje construimos el futuro, nos imaginamos lo que es posible, y orientamos las acciones hacia el logro de lo que hemos imaginado, nos permitimos leer fantasías, sueños, con el lenguaje estamos permanentemente construyendo los futuros distintos, pero con el lenguaje también construimos nuestras identidades. La mayoría de ustedes no me había visto, alguno posiblemente había leído mi libro y a partir de eso tenían alguna impresión quizás de cómo yo era, y ahora que me están viendo, me están viendo no solamente como escribo sino que me están mirando con una emocionalidad distinta, con mi corporalidad entera, y yo sé que mientras estoy hablando me estoy constituyendo ante ustedes en un ser que posiblemente antes no era y cada vez que uno de ustedes habla se constituye de una forma particular ante los demás y ante ustedes mismos. Nuestras conversaciones, lo que decimos habla de nosotros mismos, habla de muchas cosas, pero siempre, inevitablemente habla de nosotros mismos y escuchando a alguien empezamos a tener una idea de cómo esa persona es, creemos que no hay nada más importante para entender el género humano que el lenguaje de las conversaciones, creemos en el acto, el logos, el lenguaje estatuido a un lugar central para entender el mundo que observamos, que es un mundo siempre visto a través del lenguaje, es un mundo que lo vemos con el tamiz de las palabras que tenemos para dar sentido. Las palabras que usamos nos hacen ver mundos distintos, yo sin ciertas palabras hay cosas que no puedo ver, las palabras que aprendo me cambian el mundo, y no solamente las palabras, ese mundo que yo veo.

Todo ser humano cuando se para frente a él y lo observa, no solamente lo ve con el tamiz de sus palabras, de sus distinciones, también tomamos partido frente a ese mundo, si nos gusta o no nos gusta, es feo, es bello, es aburrido, es entretenido, vemos a alguien y le decimos es incompetente, es competente, es alegre, es triste, hacemos juicios sobre ese mundo y de acuerdo a los juicios que hacemos también vamos conformando mundos diferentes.

No hay un mundo, hay tantos mundos como seres humanos existen, porque cada ser humano tiene su diferencia, tiene su plena legitimidad, su autonomía, emite juicios sobre lo que observa diferente, constituimos mundos con las narrativas que tenemos, los seres humanos somos muy especiales, nos gusta contar cuentos, nos encanta escuchar cuentos. Yo les estoy contando un cuento, sólo un cuento, no es más que un cuento, no les estoy entregando la verdad, es esto simplemente un cuento. No solamente nos gusta contar cuentos, escuchar cuentos, muchas veces creemos los cuentos que contamos y vivimos de acuerdo a ellos, los cuentos nos constituyen.

Toda nuestra vida, nuestra existencia está plagada por el poder de las conversaciones, por el poder del lenguaje, por la emocionalidad que expresamos en esas conversaciones, porque yo podría estar hablando las mismas palabras con una emocionalidad muy distinta, estaríamos pensando cosas distintas, con una corporalidad muy distinta, estaríamos percibiendo cosas muy diferentes.

Se está inaugurando un cambio fundamental en el paradigma más importante que anima al ser humano que es la posesión que tenemos sobre nosotros mismos y que a veces no nos damos cuenta del cambio, de lo que se está viendo, de las nuevas aguas que se están abriendo, de la posibilidad de cruzar un continente diferente.

Tarea: elabora un informe para ser entregado el jueves 26 de Junio.

Te deseo un buen fin de semana, Maguita.

LO QUE DICEN LOS OJOS

Imagínese que un día mientras usted está sentado en un lugar público, levanta la vista, y se encuentra con la mirada fija de un desconocido que lo observa inexpresivamente, y que no se altera aun cuando usted le clava los ojos. Con seguridad, usted mirará rápidamente hacia otro lado y luego de unos segundos se volverá hacia él para ver si todavía lo sigue observando. Si continúa haciéndolo, usted lo mirará de hito en hito varias veces y a medida que lo haga, si la persona persiste en su actitud, usted pasará rápidamente de la ira a la alarma.

Esta forma de mirar fijo, sin variante, es un medio de amenaza para muchos animales como así también para el hombre. Un naturalista que estudió el comportamiento de los gorilas montañeses en la selva, registró esta especie de “combate de miradas fijas” entre los machos. Él mismo se expuso a un ataque si miraba a un animal fijamente por un lapso prolongado.

Los monos Rhesus también reaccionan violentamente cuando otro mono o un ser humano los mira fijo. En recientes experimentos de laboratorio, Ralph Exline, un psicólogo de la Universidad de Delaware, investigó la comunicación a nivel hombre-mono, referente al comportamiento del ojo. Los monos fueron encerrados en jaulas, en una habitación vacía bien iluminada. Cuando el investigador se aproximaba a la jaula mirando hacia abajo, con una actitud tímida, la reacción era mínima. Cuando lo hacía de manera más agresiva, mirando directamente a los ojos y fijando la mirada, el animal comenzaba a mostrar los dientes y balancear la cabeza amenazadoramente. Sin embargo, el mono no respondía como si se sintiera amenazado, cuando el investigador con la misma expresión fija mantenía los ojos cerrados. Al dar un paso más en el experimento, es decir cuando el investigador se echaba hacia adelante y sacudía la jaula, siempre con los ojos cerrados, el animal demostraba estar atento pero no aparecía como amenazado.

Los monos son sensibles a la mirada hasta un límite increíble. En otro experimento se expuso a varios monos Rhesus a las miradas de un hombre que estaba oculto. Inmediatamente comenzaron a parecer deprimidos y al controlar sus ondas cerebrales, se descubrió que cada vez que el hombre los miraba directamente se notaban alteraciones en el esquema de las ondas. Resultaba difícil entender cómo sabían cuándo se los miraba directamente y cuándo no, puesto que no podían ver al hombre que lo hacía; pero este comportamiento parece ligado a una experiencia humana muy común. Casi todos hemos sentido en alguna oportunidad la incómoda sensación de ser vigilados y luego confirmar nuestra sospecha al darnos vuelta. Generalmente consideramos que un sonido apenas audible o un movimiento ínfimo, captado en la visión periférica, nos ha brindado esa sensación. Resulta intrigante la idea de que para los monos y quizá también para los hombres, exista tal vez alguna clave aun más primitiva que produzca esa sensación. Nadie ha observado qué ocurre con las ondas cerebrales del hombre cuando lo miran fijo, pero un estudio reciente parece indicar que una persona que es mirada insistentemente tiende a aumentar su ritmo cardíaco en mayor proporción que la que no lo es. Una de las mayores incomodidades de hablar en público, consiste en enfrentarse con gran cantidad de miradas fijas.

La potencia de la mirada fija ha sido reconocida a través de la historia de la humanidad, y en muchas culturas diferentes existen leyendas sobre el “mal de ojo”, mirada que ocasiona perjuicios a la persona que la recibe. En tabletas de arcilla atribuidas al tercer milenio a. C. hay referencias sobre una deidad que poseía el “mal de ojo”.

¿Por qué existe el tabú sobre la mirada fija? Por supuesto puede explicarse como parte de la herencia biológica que compartimos con otros primates. Experimentos con bebés recién nacidos han demostrado que la primera reacción visual que experimentan se produce ante un par de ojos o cualquier otra configuración similar, un par de puntos sobre una cartulina blanca que se asemeje a dos ojos; algunos científicos consideran esto como una evidencia de que la respuesta humana a la mirada es innata. Sin embargo, existe otra explicación posible. El lugar hacia donde mira una persona nos indicará cuál es el objeto de su atención. Cuando un hombre (o un mono) mira fijamente a otro, indica que su atención está concentrada en él pero no proporciona señales de cuáles son sus intenciones, lo que ya de por sí es suficiente para hacer que un primate se sienta nervioso. Esto explica asimismo, por qué ciertas personas se sienten tan incómodas frente a un ciego. Su comportamiento ocular no les brinda ninguna clave acerca de sus intenciones.

A pesar de que todas las culturas desaprueban a la persona que mira fijo, algunas son más estrictas que otras. El psicólogo Silvan Tomkins ha señalado que la mayoría de las sociedades consideran tabú el exceso de intimidad, de sexo, o de libre expresión en las emociones. Este exceso varía de una cultura a otra. Sin embargo, desde que existen estos tres tabúes, también existe el tabú acerca del contacto ocular, ya que destaca la intimidad, expresa y estimula las emociones, y es un elemento importante en la exploración sexual.  Es fácil para un hombre denotar intenciones sexuales con los ojos: una larga mirada a los pechos, a las nalgas o a los genitales; una mirada escudriñadora de arriba abajo que desviste a quien la recibe o simplemente mirando directamente a los ojos. Tal vez el hecho de que el contacto ocular activa la excitación sexual tan rápidamente, sea la causa de ese episodio tan común en cualquier esquina: el hombre que mira provocativamente a una mujer, quien baja la vista en una inmediata actitud defensiva. Se enseña a los niños a no mirar fijamente los senos o los genitales. Rara vez se les explica claramente; sin embargo, lo aprenden. En muchas, sino en todas las sociedades, las niñas reciben un entrenamiento más estricto que los varones acerca de “dónde no deben mirar”. La conexión entre el sexo y el contacto ocular es en realidad muy fuerte. Desde hace mucho tiempo se considera que el exceso sexual causa debilidad en la vista y ceguera.

Cuando dos personas se miran mutuamente a los ojos, comparten una sensación de placer por estar juntas, o de enojo, o bien ambas se excitan sexualmente. Podemos leer el rostro de otra persona sin mirar sus ojos, pero cuando los ojos se encuentran no solamente sabremos cómo se siente el otro, sino que él sabrá que nosotros conocemos su estado de ánimo.

De alguna manera, el contacto ocular nos hace sentir —vivamente— abiertos, expuestos y vulnerables. Tal vez ésa sea una de las razones que induce a la gente a hacer el amor a oscuras, evitando la única clase de contacto (el ocular) que es el que más tiende a profundizar la intimidad sexual.

Jean Paul Sartre sugirió una vez que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia de otra persona como ser humano, que tiene conciencia e intenciones propias. Cuando los ojos se encuentran se nota una clase especial de entendimiento de ser humano a ser humano. Una chica que tomaba parte en manifestaciones políticas declaró que le advirtieron que en caso de enfrentarse a un policía, debía mirarlo directamente a los ojos. Si lograba que él la considerase como otro ser humano, tenía más posibilidades de ser tratada como tal. En situaciones en que debe mantenerse una intimidad mínima, por ejemplo, cuando un mayordomo atiende a un convidado, o cuando un oficial reprende a un soldado, el subordinado tratará de evitar el contacto visual manteniendo la mirada directamente hacia el frente.

Los norteamericanos piensan que mirar fijo en público es una intromisión en la intimidad, y ser sorprendido en esta actitud es embarazoso. La mayoría de las personas se enfrenta con el problema de no saber hacia dónde mirar cuando comparten con otra un espacio pequeño como el ascensor. Por otra parte, cuando uno debe reunirse con otra persona a la que no se conoce en un lugar público, el tabú de la mirada facilita el medio de descubrirla: seguramente, violando la regla dirigirá una mirada interrogante. Los homosexuales dicen que con frecuencia pueden ubicar a otro homosexual en un lugar público simplemente porque éste les llama la atención con la mirada.

La mayoría de los encuentros comienzan con el contacto visual. Como gesto de apertura tiene distintas ventajas; puede ser poco comprometido si el que mira no necesita asumir la responsabilidad por el contacto, contrariamente a lo que sucedería si el saludo fuera verbal. No obstante, según Goffman, cuando una persona permite que otro capte su mirada, se subordina a lo que pueda sobrevenir. Ésa es la razón por la que las camareras desarrollan una cierta habilidad que permite que su mirada no sea captada mientras están muy ocupad. Los niños aprenden esta actitud particular sobre el contacto visual desde muy temprano.

Establecer un contacto visual o verse impedido de hacerlo puede cambiar enteramente el significado total de una situación. El hombre que corre a tomar el ómnibus y llega en el preciso momento en que el conductor cierra la puerta y arranca mirando hacia la carretera, se sentirá de manera muy diferente si las puertas se cierran y el conductor prosigue su camino mirándolo fijo. Las reglas de la etiqueta establecen una gran diferencia entre no saludar a una persona simulando no verla, o no hacerlo luego de mirarla y negarse a reconocerla. Esto último representa una ofensa mucho mayor.

El comportamiento visual es tal vez la forma más sutil del lenguaje corporal. La educación nos prepara desde pequeños, enseñándonos qué hacer con nuestros ojos y qué esperar de los demás. Como resultado de esto, si un hombre esquiva la mirada, si se encuentra con la mirada de otra persona, o si no lo hace, produce un efecto totalmente desproporcionado al esfuerzo muscular que ha realizado. Aun cuando el contacto visual sea efímero, como generalmente lo es, la suma de tiempo acumulado en mirar tiene cierto significado.

Los movimientos de los ojos, por supuesto, determinan qué es lo que ve una persona. Los estudios sobre la comunicación han demostrado el hecho inesperado de que estos movimientos también regulan la conversación. Durante el cotidiano intercambio de palabras, mientras la gente presta atención a lo que se dice, los movimientos de los ojos producen un sistema de señales de tráfico hablado que indican al interlocutor su turno para hablar.

Este descubrimiento fue hecho en Gran Bretaña en un estudio realizado por el doctor Adam Kendon. Llevaron al laboratorio un par de estudiantes que no se conocían; les pidieron que se sentaran y trabaran relación, y luego los filmaron mientras conversaban. A pesar de que entre los estudiantes variaba enormemente el tiempo insumido en mirar a su compañero —la escala iba desde el veintiocho hasta más del setenta por ciento del tiempo—, el patrón que surgió era muy claro.

En su estudio Kendon descubrió que cuando una persona interroga a otra, suele mirarla directamente a los ojos a no ser que se trate de una pregunta algo atrevida o que se refiera a algún tema que tenga ansiedad por conocer. Si el que escucha se sorprende ante algo que ha dicho su compañero, también tiende a mirarlo si se trata de algo agradable, o a desviar los ojos hacia otro lado si el que habla expresa algo desagradable, repugnante u horrible, a menos que ambos compartan una misma emoción, en cuyo caso el que escucha pestañeará bajando los ojos. Sin embargo Kendon recalca que todas estas generalidades se aplican a una conversación relativamente formal; presume que las personas en sus propios hogares o las que se conocen muy bien, no se comportarán de esta manera.

También parece ser cierto que durante una conversación social entre dos individuos que no se conocen, por lo general se trata de reducir mutuamente el intercambio visual, probablemente porque un exceso de éste alteraría el foco de atención del tema de la conversación hacia una relación más personal. Un par de estudiantes, hombre y mujer, parecían atraídos mutuamente. El análisis demostró que cuanto más se sonreían uno a otro, menos se miraban. La chica comenzó a evitar el contacto visual y tendía a mirar hacia otro lado en los momentos en que se elevaba el nivel emocional. Esta pauta de comportamiento visual, por lo tanto, no guardaba ninguna relación con la función de la “señal de tráfico” visual, sino que formaba parte de su vocabulario expresivo; era una manera de decir “me siento turbada”.

Las señales visuales cambian de significado de acuerdo al contexto. Existe una gran diferencia entre recibir una prolongada mirada cuando uno está hablando —en este caso puede ser halagador— o percibir la misma mirada en alguien que nos habla. Para el que escucha, recibir una mirada fija y prolongada resulta inesperado e incómodo. Más aun, durante un silencio amistoso la mirada fija puede ser directamente perturbadora. Un individuo puede expresar muchas cosas mediante su comportamiento visual, tan solo exagerando levemente los patrones habituales. Si mira hacia otro lado mientras escucha al otro, le indica que no coincide con lo que el otro le dice. Si mientras habla vuelve los ojos hacia otro lado más tiempo del habitual, denota que no está seguro de lo que dice o que desea modificarlo. Si mira o la otra persona mientras la escucha, le indica que está de acuerdo con ella, o simplemente que le presta atención. Si mientras habla mira fijamente a la otra persona, demuestra que le interesa saber cómo reacciona su interlocutor ante sus afirmaciones, y que además está muy seguro de lo que dice.

Mientras una persona habla, puede en realidad tratar de controlar el comportamiento del que escucha mediante movimientos oculares. Puede impedir una interrupción evitando mirar a la otra persona, o puede animarla a responder mirándola con frecuencia.

He mencionado anteriormente que la suma de miradas entre las personas varía enormemente. Parece ser que el comportamiento visual no es simplemente compartir y usar un mismo código. Los movimientos oculares de un mismo individuo están influenciados por su personalidad, por la situación en que se encuentra, por las actitudes que toma hacia las personas que lo acompañan y por la importancia que tiene dentro del grupo que conversa. También es cierto que los hombres y mujeres emplean sus miradas de manera totalmente diferente.

Uno de los descubrimientos más llamativos de Exline es que el mirar está directamente relacionado con la sensación de agrado que se siente por otra persona. Cuando a una persona le agrada otra, es probable que la mire más frecuentemente que lo habitual y que sus miradas sean también más prolongadas. La otra persona interpretará esto como un signo de cortesía de que su amigo no está simplemente absorto en el tema de la conversación, sino que también se siente interesado por ella como persona. Por supuesto que el comportamiento visual no es la única clave de atracción. También cuentan las expresiones faciales, la proximidad, el contacto físico si existe y lo que se dicen entre sí. Pero a la mayoría de nosotros, sin embargo, nos resulta más fácil decir “me gustas” con el cuerpo y especialmente con una mirada, que con palabras. El comportamiento visual puede ser crucial en las etapas iniciales de una relación, porque se realiza sin esfuerzo. En una habitación llena de gente, aun antes de intercambiar una sola palabra, dos personas podrán iniciar una compleja relación preliminar, exclusivamente mediante los ojos: iniciar un contacto, retirarse tímidamente, interrogar, hacer tentativas, elegir o rechazar. Una vez iniciada la conversación, ésta continuará, acompañada de sutiles comunicaciones no-verbales, en las que el comportamiento visual juega un papel preponderante.

Así como los movimientos oculares pueden transmitir actitudes y sentimientos, también expresan la personalidad. Algunas personas miran más que otras. Aquellos que por naturaleza son más afectuosos, suelen mirar mucho, como los individuos que, según los psicólogos, tienen más necesidad de afecto. Denominada también “motivo de amor”, la necesidad de afecto es el deseo de formar una relación cálida, afectiva e íntima con otras personas, necesidad que todos sentimos en mayor o menor grado.

Realmente no constituye una sorpresa saber que las personas que buscan afecto y las que se gustan mutuamente están inclinadas a mirarse directamente al rostro y a los ojos. En realidad hay mucho de sabiduría popular relacionada con el movimiento de los ojos, y luego de investigar, algunas creencias resultan ciertas. Por ejemplo la persona que se encuentra turbada o a disgusto, y que trata de evitar la mirada de las otras. Asimismo, la persona que mira menos cuando hace una pregunta personal, que cuando formula otra más general. Más aun, algunos individuos suelen desviar la mirada notoriamente cuando están faltando a la verdad.

Otra influencia importante sobre el comportamiento visual está determinada por el sexo. Parece ser que las mujeres, por lo menos en el laboratorio, miran más que los hombres. Y una vez que realizan el contacto visual, lo mantienen por más tiempo. También existen otras diferencias más sutiles. Tanto los hombres como las mujeres miran más cuando alguien les resulta agradable, pero los hombres intensifican el tiempo de la mirada cuando escuchan el final de una conversación, mientras que las mujeres lo hacen cuando son ellas las que hablan. Una explicación plausible de estas diferencias reside en el hecho de que les enseñamos a las niñas y a los varones a demostrar sus emociones de manera diferente. Las mujeres, por lo general, se sienten menos inhibidas para demostrar lo que sienten y más receptivas a las respuestas emocionales de terceros. Aparentemente las mujeres no sólo dan mayor importancia a la información que pueden recibir a través de la mirada —información con respecto a las emociones— sino que tienen una necesidad mayor de saber, especialmente cuando están con alguien que les resulta agradable, y cómo reacciona él o ella ante lo que están diciendo. En realidad, si se le pide a una mujer que converse con alguien a quien no puede ver, hablará menos de lo habitual. Un hombre, en cambio, al conversar con alguien a quien no puede ver, habla mucho más.

Entre los hombres, como así también entre los animales, la manera de mirar frecuentemente refleja el status. En general el animal superior es más dominante en su mirada. Cuando un mono superior o líder capta la mirada de otro que considera inferior, éste entrecerrará los ojos o los desviará hacia otro lado. Algunos etólogos sostienen que la estructura dominante entre los primates se basa en la capacidad de sostener la mirada, más que en actos realmente agresivos. Cada vez que dos monos se encuentran, cruzan miradas y uno la desvía; ambos confirman el lugar que les corresponde en la jerarquía. Esto probablemente también sea cierto entre los hombres. El ejecutivo se considera con derecho de mirar desafiantemente a su secretaria; la secretaria lo hace con el cadete y los tres sentirían que algo no funciona bien si se alterara dicho esquema.

Hasta ahora nos hemos referido exclusivamente a los movimientos visuales, como si el ojo en sí fuera inexpresivo. Sin embargo, la gente responde también en un nivel subliminal a los cambios que se producen dentro del ojo; a variaciones en el tamaño de la pupila. Un psicólogo de Chicago, Eckhard Hess, está investigando un nuevo campo que él denomina la “pupilometría”. En 1965 escribió en el “Scientific American”: “Una noche, hace aproximadamente cinco años, estaba en la cama hojeando un libro que tenía hermosas fotografías de animales. Mi mujer me miró por casualidad y me dijo que había poca luz, porque mis pupilas parecían más grandes que lo normal. Me pareció que la luz que provenía de la lámpara de la mesa de noche era suficiente, pero ella insistió en que mis pupilas estaban dilatadas. Como psicólogo, interesado en la percepción visual, este pequeño fenómeno me llamó la atención. Más tarde, mientras trataba de conciliar el sueño, recordé que alguien se había referido a la correlación que existe entre el tamaño de la pupila de una persona y su respuesta emocional a ciertos aspectos del medio que la rodeaba. En este caso era difícil hallar un componente emocional. Me pareció que era el resultado de un interés intelectual, y hasta ahora nadie se había referido al aumento del tamaño de la pupila en ese aspecto.

A la mañana siguiente, me dirigí a mi laboratorio en la Universidad de Chicago. En cuanto llegué, seleccioné una cantidad de fotografías —todos paisajes, con excepción de una chica desnuda—. Cuando entró mi asistente, James M. Polt, lo sometí a un pequeño experimento. Mezclé las fotos y manteniéndolas sobre mi cabeza, donde yo no podía verlas, se las mostré una por una, observando sus ojos mientras las miraba. Cuando llegué a la séptima, hubo un notable aumento en el tamaño de sus pupilas; controlé la foto y por supuesto se trataba de la chica. Desde entonces, Polt y yo comenzamos una investigación acerca de la relación entre el tamaño de las pupilas y la actividad mental”.

Hess parece haber encontrado un índice bastante seguro y graduable acerca de lo que piensa y siente la gente. En sus experimentos, pide a sus examinados que miren a través de un visor diseñado especialmente, mientras les muestra diapositivas. A medida que un individuo observa una cámara cinematográfica le filma los ojos que se reflejan mediante un espejo que hay en el interior del visor. Las diapositivas se exhiben de a pares, tratando de neutralizar cuidadosamente el estímulo que produce una brillante u otra que no lo es tanto, de manera tal que el cambio del tamaño de la pupila no responde al cambio de intensidad de la luz. Hess ha encontrado una extensa gama de respuestas de la pupila: desde la dilatación extrema cuando la persona observa una diapositiva interesante o placentera, hasta la contracción extrema ante otra que resulta desagradable. Como era de suponer, las pupilas de los hombres se dilatan más que las de las mujeres ante la exhibición de una chica desnuda, y las de las mujeres lo hacen más a la vista de una madre con un niño o de un hombre desnudo. Los niños de todas las edades, desde los cinco a los dieciocho años, responden más ante fotos del sexo opuesto, a pesar de que este involuntario signo de preferencia no corresponde siempre a lo expresado verbalmente.

En experimentos posteriores, los homosexuales respondieron con mayor entusiasmo ante los desnudos masculinos que ante los femeninos; las personas hambrientas reaccionaron más ante imágenes de comida que aquellas que recién se habían alimentado, y las fotos aterradoras producían una reacción negativa y constrictiva a no ser que fueran tan horribles que produjeran un shock, en cuyo caso la pupila se agrandaba para achicarse luego. Cuando al mismo tiempo se medía una reacción galvánica en la piel se obtenía una respuesta similar, y el GSR se considera un índice seguro de la reacción emocional. El tamaño de las pupilas se ve afectado no solamente por la visión, sino también por el gusto y el sonido. Cuando se les dio a las personas distintos líquidos para gustar, sus pupilas se dilataban ante cada uno de estos, tanto los agradables como los desagradables, pero se agrandaban más ante un sabor preferido. Las pupilas también se expanden ante el sonido de la música, pero un amante del folklore reaccionará más ante el sonido de una guitarra que ante los primeros acordes de la Novena Sinfonía de Beethoven.

Al enfrentar a las personas a un problema mental de aritmética, el tamaño de la pupila comienza a aumentar a medida que piensan el problema; alcanza un tamaño máximo cuando llegan a la solución y luego comienza a decrecer. No obstante, las pupilas no vuelven a su tamaño normal —o sea el que tenían antes de comenzar el experimento— hasta que la persona ha dado una respuesta verbal al problema. Si se le pide que espere para dar la respuesta, el tamaño de la pupila vuelve a aumentar. Hess considera que la “pupilometría” puede proporcionar la capacidad de decisión de un individuo. “Embriológica y anatómicamente, el ojo es una extensión del cerebro” —escribe—; “es casi como si una parte del cerebro estuviera a la vista del psicólogo para poder espiar dentro de él”.

¿Responde el hombre al cambio en el tamaño de las pupilas en los encuentros de la vida diaria? Existe evidencia para suponer que sí. Aparentemente, un prestidigitador que efectúa trucos con cartas puede captar la carta preseleccionada por un individuo porque las pupilas de éste se agrandan al volverla a ver. Se dice que los vendedores chinos de jade examinan las pupilas de sus presuntos clientes para poder descubrir cuándo una pieza les interesa especialmente y pedir entonces un alto precio por ella. Pero la evidencia científica de que la gente reacciona ante el tamaño de las pupilas de otra persona surgió de un experimento realizado por Hess en el que mostró un grupo de fotografías a varios hombres. Entre ellos estaban las dos fotos de la misma chica hermosa; idénticas en todos los detalles menos en el tamaño de las pupilas, que habían sido retocadas. En una de ellas fueron agrandadas y en la otra, achicadas considerablemente. Las respuestas de los hombres se midieron por la reacción de sus propias pupilas. Más del doble de ellos las dilataron ante la foto que tenía las pupilas agrandadas. Sin embargo, al interrogárseles después del experimento, la mayoría creía que ambas fotos eran idénticas, a pesar de que algunos mencionaron que una de ellas le había parecido de alguna manera más suave o bonita. Ninguno había notado la diferencia de los ojos, por lo que parece que las pupilas grandes atraen a los hombres en un nivel subliminal; posiblemente porque es la respuesta de una mujer cuando está muy interesada en el hombre que está con ella.

Hess también demostró que las mujeres prefieren las fotos de hombres que tienen las pupilas agrandadas —y las de mujeres que las tienen contraídas—. Los homosexuales varones también se inclinan por las fotos de mujeres de pupilas pequeñas, pero sorpresivamente, también prefieren las de hombres del tipo “Don Juan”, que en realidad suelen estar más interesados en una “conquista” que en una respuesta afectiva. Parece ser, por lo tanto, que todos respondemos, de acuerdo con nuestra propia forma de ser, a la señal sexual que emite el tamaño de la pupila.

Las aplicaciones prácticas de la “pupilometría” son obvias. En la Edad Media, las mujeres solían emplear bellaidonna para dilatarse las pupilas y parecer más atrayentes. En nuestros días los investigadores ya han empleado el descubrimiento de Hess para aumentar el impacto en la propaganda de ciertos productos y estudiar el poder de decisión evaluando el efecto de ciertas clases de experiencias sobre actitudes ínter-raciales. La “pupilometría” puede convertirse algún día en una manera de controlar el progreso logrado en la psicoterapia para descubrir, por ejemplo, si una fobia ha logrado ser dominada.

Todo esto nos retrotrae a un hecho básico que sólo pocas veces se tiene en cuenta: La afirmación de que “miramos para ver” es una verdad sólo parcialmente cierta con respecto a los encuentros cara a cara.

LA DANZA DE LAS MANOS

Es una antigua broma decir que “Fulano quedaría mudo si se le ataran las manos”. Sin embargo es cierto que todos estaríamos bastante incómodos si nos forzaran a no realizar los pequeños movimientos con que acompañamos e ilustramos nuestras palabras.

La mayoría de las personas son conscientes del movimiento de las manos de los demás, pero en general lo ignoran, dando por sentado que no se trata más que de gestos sin sentido. Sin embargo los gestos comunican. A veces contribuyen a esclarecer, especialmente cuando el mensaje verbal no es claro. En otros momentos, pueden revelar emociones de manera involuntaria. Las manos fuertemente apretadas o las que juguetean constituyen claves sobre la tensión que otras personas pueden notar en nosotros. Un gesto puede ser tan evidentemente funcional, que su sentido exacto es inconfundible. En una película, experimental, una mujer se cubría los ojos cada vez que hablaba de algo que la avergonzaba. Cuando discutía su relación con el terapeuta, se acomodaba la falda.

Algunos de los gestos más comunes están íntimamente relacionados con el lenguaje, como formas de ilustrar o enfatizar lo que se dice. Hay gestos que señalan ciertas cosas y otros que sugieren distancias. “Se acercó un tanto así…” o direcciones: “Debemos movernos más allá”. Algunos representan un movimiento corporal (blandir el puño o hacer juegos malabares) y otros delinean una forma o tamaño en el aire. Otros gestos subrayan las etapas durante el desarrollo de una narración: “Entonces se sentó y entonces dijo…”

Cada individuo posee su propio estilo de gesticular y en cierto modo el estilo de una persona revela su cultura. En Estados Unidos, los gestos frecuentemente revelan el origen étnico de un individuo ya que cada cultura posee sus propios movimientos corporales, distintivos, y el estilo es más persistente que un “acento” extranjero o un dialecto. Los expertos creen que en los Estados Unidos los gestos étnicos se transmiten a menudo hasta la tercera generación; por ejemplo, los miembros de una familia del Sur de Italia que han vivido en los Estados Unidos durante tres generaciones, todavía se mueven con la expansividad y ampulosidad que es común a los italianos. Teóricamente, el estilo del movimiento podría persistir para siempre si en cada generación los niños se educaran dentro del entorno étnico. Un niño criado en los suburbios y enviado a otro lugar para concurrir al colegio a una temprana edad, adquiere una forma diferente de moverse.

Albert Scheflen ha sugerido que algunas veces el estilo del movimiento se confunde con los rasgos físicos. Cuando decimos que alguien parece francés o parece judío, lo que queremos expresar es que se mueve con elegancia como un francés, o tiene movimientos cortos y apresurados como un judío. Hay personas bilingües que cambian su manera de gesticular al mismo tiempo que el idioma, como Fiorello La Guardia. Muchas otras no, y es por ello que solemos encontrar gente que habla perfectamente el inglés y mantiene movimientos de cinesis claramente identificables con el iddish; de algún modo su inglés no sonará tan bueno como realmente es, porque los movimientos que hace no lo acompañan adecuadamente.

Los franceses usan pocos movimientos pero con elegancia y precisión en estilizadas expresiones de las emociones. No son tan expansivos como los italianos; tan insistentes como los judíos; tan angulares e incisivos como los alemanes, ni tan informales como los norteamericanos. Entre los alemanes, las zonas más expresivas son el rostro y la “región de la columna vertebral” —refiriéndose a la clásica postura del soldado— mientras que los movimientos de manos y de brazos, por lo general se emplean para reforzar una aseveración sobre la que se está seguro. En Estados Unidos, los gestos carecen del estilo ardiente de los franceses o de los movimientos interpersonales integrados que se observan entre los italianos. Más aun, existen notables diferencias de estilo entre las distintas regiones.

El lenguaje y los gestos de los norteamericanos incluyen la duda, la posibilidad de no ser comprendidos cuando una relación se profundiza, la posibilidad de construir un código que sirve para comunicarse en lo básico, la necesidad de sondear a la otra persona, para encontrar alguna forma delicada, sobreentendida, imperfecta, de comunicación inmediata.

De la misma manera que cada cultura posee su propio estilo de movimientos característicos, también tiene su repertorio de emblemas. Un “emblema” es un movimiento corporal que posee un significado preconcebido, como el gesto de “hacer dedo” en la ruta o el gesto de cortar la garganta.

Paul Ekman, en un trabajo paralelo a su investigación sobre la expresión facial, ha efectuado otra investigación sobre emblemas que resultan universales a toda la humanidad. Después de trabajar en Japón, en Argentina y en la tribu Fore de Nueva Guinea, ha encontrado hasta ahora entre diez y veinte emblemas que posiblemente son universales. Es decir, que en estas tres culturas totalmente divergentes el mismo movimiento corporal implica igual mensaje. Puede no ser cierto que todas las sociedades tengan estos emblemas, pero Ekman considera que si una cultura posee algunos emblemas para ciertas palabras o frases, serán sin duda los que él extrajo de sus investigaciones.

Un claro ejemplo es el del sueño, que se indica inclinando la cabeza y apoyando la mejilla sobre una mano. Otro es el emblema de estar satisfecho, que se representa poniendo una mano sobre el estómago, palmeándolo suavemente o masajeándolo. Ekman piensa que estos gestos son universales debido a lo limitado de la anatomía humana. Cuando la musculatura permite realizar una acción en más de una forma, existen diferencias culturales en los emblemas. Por ejemplo, a pesar de que el emblema de comer siempre involucra el movimiento de llevarse la mano a la boca, en Japón, una mano sostiene un tazón imaginario a la altura del mentón, mientras que la otra lleva una imaginaria comida a la boca; en Nueva Guinea, en cambio, donde la gente come sentada en el suelo, la mano se estira a lo largo del brazo, levanta un bocadillo imaginario y lo lleva a la boca. En la Argentina, el emblema del suicidio consiste en llevarse la mano en forma de pistola a la sien; en Japón, es la pantomima de abrirse el vientre mediante el hara-kiri.

Algunas veces las diferentes culturas emplean los mismos emblemas, pero con un significado totalmente diferente. Sacar la lengua es considerado una señal de mala educación, entre nuestros niños, pero en el sur de China moderna, una rápida exhibición de la lengua significa turbación; en el Tibet, representa una señal de educada cortesía, y los habitantes de las islas Marquesas sacan la lengua para negar.

Resulta obvio que una persona que visita un país extranjero puede encontrarse ante un problema embarazoso si emplea un emblema que no corresponde a la cultura local. Por ejemplo un norteamericano que estaba dictando conferencias en Colombia, les hablaba a sus alumnos acerca de niños de edad pre-escolar; cuando estiró el brazo con la palma de la mano hacia abajo para indicar la altura de esos niños, toda la clase comenzó a reír. Parece ser que en Colombia este gesto se emplea para señalar el tamaño de los animales pero nunca el del ser humano. Incidentes de este tipo indujeron a dos jóvenes becados de la Universidad de Colombia, a escribir lo que probablemente es el primer manual para interpretar emblemas. A pesar de que algunos profesores de idiomas han señalado que la gente no espera que los extranjeros hagan gestos perfectos, aun cuando sean fluidamente bilingües, parece lógico que los estudiantes traten de aprender aunque sea someramente la parte de la cinesis de una lengua, al mismo tiempo que aprenden su vocabulario. Es probable que en el futuro se encare así la enseñanza de los idiomas.

La gesticulación ha sido estudiada desde un punto de vista totalmente distinto por los especialistas en cinesis, que ven en ella un elemento perfectamente delineado dentro de la corriente regular y hasta repetitiva de los movimientos corporales.

Adam Kendon realizó un análisis detallado de las gesticulaciones de un hombre, que fue filmado mientras hablaba a un grupo informal, de aproximadamente once personas. Con la ayuda de un lingüista, Kendon dividió la conferencia no en unidades gramaticales sino en sectores fonéticos, basados en los ritmos y los patrones de entonación del discurso en sí. Descubrió que esta conferencia de dos minutos podía ser analizada en tres “párrafos”, que contenían entre ellos once “subpárrafos”, los que a su vez estaban formadas por dieciocho locuciones (cada una representaba grosso modo una oración). Éstas a su vez, podían subdividirse en cuarenta y ocho frases.

Kendon realizó a continuación un sorprendente descubrimiento. Cada nivel de un discurso está acompañado por una norma contrastante de movimiento corporal, de tal manera que cuando el orador pasa de una frase a la siguiente o de una oración a otra también varía de un tipo de movimiento corporal a otro. Durante el primero de los tres párrafos, por ejemplo, el hombre gesticulaba únicamente con su brazo derecho; durante el segundo, con el izquierdo, y durante el tercero, con ambos. Dentro de los subpárrafos podía emplear amplios movimientos de adentro hacia afuera con todo el brazo durante la primera oración, gestos con la muñeca sola y los dedos durante el segundo, y luego podría flexionar el brazo hasta el codo durante el tercero. Lo mismo ocurría a nivel de las frases.

Kendon me explicó que el hombre de la película estaba representando mediante su gesticulación la estructura gramatical de lo que decía. Además, asociaba en forma regular algunos movimientos con frases o ideas particulares. En un momento dado, expresó: “Los británicos son conscientes de sí mismos”, mientras mantenía sus manos en el regazo, los dedos entrecruzados, enfrentando las palmas y los pulgares hacia arriba. En el siguiente párrafo, volvió a citar la misma idea pero expresándola de manera diferente; sin embargo, la acompañó con la misma posición de las manos.

Todo esto concuerda de manera bastante clara con los descubrimientos de la cinesis acerca de la postura, en el sentido de que ante cada encuentro el hombre acomoda su cuerpo mediante una serie de posiciones diferentes. Adoptará una postura especial para hablar y otra para escuchar, y algunas veces hará diferencias entre las posturas para hablar. Se presentará en una forma al interrogar; en otra al dar órdenes; en otra para dar explicaciones, y así sucesivamente. Mediante el microanálisis se ha llegado a la conclusión de que los movimientos corporales de un hombre cambian de dirección, cuando coinciden con los ritmos del lenguaje, de tal manera que aun a nivel silábico, el cuerpo danzará al ritmo de las palabras.

Un problema que interesa actualmente a Kendon es el contexto en el que la gente gesticula o deja de hacerlo. Notó que el hombre de la película estaba diciendo su pequeño discurso que probablemente tenía bien pensado de antemano, y lo pronunció sin dificultades. Como sabía aproximadamente lo que diría a continuación, el hombre condicionaba sus gestos, aun cuando no lo hacía conscientemente, con la fluidez de sus palabras.

También se realizan gesticulaciones durante discursos que no denotan tanta seguridad. Kendon observó que cuando una persona se interrumpe en medio de una frase mientras busca la próxima palabra, trata de representarla mediante el movimiento de sus manos. Una mujer que decía que “había traído rodando una mesa con una ah… eh… torta encima”, había realizado en el aire con un dedo un movimiento circular y horizontal con la forma de una torta, mientras dudaba y decía “ah… eh…”. Kendon sugirió que algunas veces, la gente suele hacer gestos que indican lo que está por decir. Y agregó:

También es cierto que si usted le pide a alguien que repita algo que no entendió claramente, aun cuando anteriormente no haya gesticulado, seguramente lo hará al repetir la explicación. Los gestos aparecen cuando una persona tiene más dificultad para expresar lo que quiere decir, o cuando le cuesta más trabajo hacerse comprender por su interlocutor. Cuanto más necesita despertar sus sentidos, mayor intensidad da a la expresión corporal, de tal manera que cada vez gesticula con mayor amplitud.

Esta explicación está refrendada en un experimento realizado por el psicólogo Howard Rosenfeld. Descubrió que las personas a las que se les indica que traten de parecer agradables ante terceros, gesticulan más y también sonríen más que las que reciben la consigna de no mostrarse demasiado amistosas.

Cuando una persona gesticula, se da cuenta sólo periféricamente de que lo hace. Es más consciente del movimiento de las manos de la otra persona, pero en general, se fija más en el rostro que en ellas.

Sin embargo, las manos están maravillosamente articuladas. Se pueden lograr setecientas mil posiciones diferentes, usando combinaciones de movimientos del brazo, de la muñeca y de los dedos. El profesor Edward A. Adams, de la Universidad del Estado de Pensilvania ha notado que: “Los movimientos de las manos también son económicos, rápidos de emplear y pueden ejecutarse con mayor velocidad que el lenguaje hablado.” A través de la historia ha habido lenguajes por señales que realmente reemplazaron a las palabras. Efectivamente, algunos científicos sugieren que el primitivo lenguaje del hombre era por señas. Aseguran también que el hombre aprende el lenguaje de los gestos con toda facilidad. Los niños sordomudos inventan rápidamente su propio sistema de comunicación si no se les enseña uno preestablecido.

Sin embargo, en nuestros días hablamos con nuestra lengua más que con nuestras manos, obviamente es la mejor manera de hacerlo. La voz humana es capaz de lograr muchos matices ricos y sutiles y la persona que habla gesticulando con las manos, necesariamente dejará de hacerlo si necesita emplearlas en otros menesteres. Aun así, la gesticulación transmite muchas cosas. Sirve de clave a la tensión de un individuo; puede ayudar a precisar su origen étnico, y representa una manera directa de expresión de la personalidad.

MENSAJES A LA DISTANCIA Y EN EL LUGAR

El sentido del yo del individuo está limitado por su piel; se desplaza dentro de una especie de burbuja invisible, que representa la cantidad de espacio aéreo que siente que debe haber entre él y los otros. Esto es algo que cualquiera puede demostrar fácilmente acercándose en forma gradual a otra persona. En algún momento, ésta comenzará, irritada o sin darse cuenta, a retroceder. Las cámaras han registrado los temblores y los mínimos movimientos oculares que dejan al descubierto el momento en que se irrumpe en la burbuja ajena. Edward Hall, profesor de antropología de la Northwestern Universtity, observó por primera vez, y comentó este fuerte sentido del espacio personal; y de su trabajo surgió un nuevo campo de investigación denominado proxémico (proxemics, en inglés), que él ha definido como “el estudio de cómo, el hombre estructura inconscientemente el microespacio”.

La preocupación principal de Hall consiste en los malentendidos que pueden surgir del hecho de que las personas de diferentes culturas disponen de sus microespacios en formas distintas. Para dos norteamericanos adultos, la distancia cómoda para conversar es de aproximadamente setenta centímetros. A los sudamericanos les gusta colocarse mucho más cerca, lo que crea un problema cuando un norteamericano y un sudamericano se encuentran frente a frente.

El sudamericano que se desplaza en lo que él considera la distancia apropiada para el diálogo, puede ser considerado “agresivo” por el norteamericano. A su vez, éste parecerá engreído para el otro al tratar de mantener la distancia que para él es adecuada. Hall observó una vez una conversación entre un latino y un norteamericano que comenzó en la esquina de un corredor de diez metros y finalmente terminó en la otra; el desplazamiento se produjo por “una serie continuada de pasos hacia atrás del norteamericano e igual ritmo de pasos hacia adelante de su interlocutor”.

Si existe una incomprensión entre los americanos del norte y los del sur con respecto a la distancia adecuada para mantener una conversación social, los norteamericanos y los árabes son mucho menos compatibles en sus hábitos en cuanto al espacio. A éstos les encanta la proximidad. Hall explica que los mediterráneos pertenecen a una cultura de contacto y en su conversación literalmente rodean a la otra persona. Le toman la mano, la miran a los ojos y la envuelven en su aliento. Una vez le pregunté a un árabe cómo se daba cuenta cuando le “llegaba” a otra persona…; me miró como si estuviera loca y me dijo: “Si no llego a él, es porque está muerto”.

El interés del doctor Hall por el uso que hace el hombre del microespacio despertó a comienzos del año 1950 cuando era director del programa de instrucción Punto Cuatro en el Instituto Nacional del Servicio Exterior. Al conversar con norteamericanos que habían vivido en el extranjero, descubrió que muchos de ellos se habían sentido sumamente afectados por diferencias culturales de una naturaleza tan sutil como para que sus efectos se percibieran casi exclusivamente en un nivel preconsciente. A este fenómeno se lo denomina generalmente “shock cultural”.

El problema es que relativamente hablando, los norteamericanos viven una cultura de “no contacto”. En parte es el resultado de su herencia puritana. El doctor Hall señala que pasamos años enseñando a nuestros hijos a no aproximarse demasiado, a no recostarse sobre nosotros. Equiparamos el contacto físico con el sexo de tal manera que al ver a dos personas muy cerca la una de la otra, presumimos que están cortejándose o conspirando. En situaciones en que nos vemos forzados a estar demasiado cerca de otras personas, como en el subterráneo, tratamos cuidadosamente de compensar ese desequilibrio. Miramos hacia otro lado, nos damos vuelta y si se realiza un contacto físico real, los músculos del lado en que éste se produce se pondrán automáticamente tensos. La mayoría de nosotros consideramos que ésta es la única manera correcta de proceder.

“No puedo soportar a este tipo”, dijo un corredor de bolsa refiriéndose a un colega. “Algunas veces debo viajar con él en el subterráneo y prácticamente se deja caer sobre mí; siento entonces, como si una montaña de gelatina caliente avanzara hacia mí.”

Los animales también reaccionan frente al problema del espacio y en forma que es predecible para cada especie. Muchos poseen una distancia de fuga y una distancia crítica. Si cualquier ser viviente suficientemente amenazador aparece dentro de la distancia de fuga del animal, éste huirá. Pero si el animal se ve acorralado, y la amenaza entra en el ámbito de la distancia crítica, entonces atacará. Los domadores aparentemente manejan a los leones porque conocen milímetro por milímetro la distancia crítica del animal. El domador atraviesa este límite de sensibilidad y el león salta y cae —no casualmente por cierto— sobre la banqueta que los separa. Instantáneamente, el hombre retrocede hasta estar nuevamente fuera de la distancia crítica. El animal queda en el lugar pues desde allí no siente necesidad de atacar.

La burbuja del espacio personal de un ser humano representa al mismo tiempo su margen de seguridad. Dejemos que un extraño irrumpa en ella, e inmediatamente surgirá la necesidad de huir o de atacar. Los libros de texto policiales reconocen esto cuando aconsejan a los detectives, que al interrogar a un sospechoso se sienten cerca de él, sin ninguna mesa u otro obstáculo intermedio, y se acerquen a él a medida que avanza el interrogatorio.

El grado de proximidad puede transmitir mensajes más sutiles que una amenaza. Hall ha sugerido que expresa claramente la naturaleza de cualquier encuentro. De hecho, ha confeccionado una escala hipotética de distancias, consideradas apropiadas en este país para cada tipo de relación. El contacto de hasta cuarenta y cinco centímetros es la distancia apropiada para reñir, galantear o conversar íntimamente. A esta distancia las personas se comunican no sólo por medio de palabras sino por el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo; cada uno está consciente del ritmo respiratorio del otro, de las variaciones en el color de la piel. La distancia que Hall considera espacio personal es de cuarenta y cinco a setenta y cinco centímetros. Ésta se aproxima al espacio de la burbuja personal en una cultura de no contacto como la nuestra. La mujer puede permanecer cómodamente dentro de la burbuja de su marido pero no se sentirá así si otra mujer lo hace. Para la mayoría de la gente la distancia personal, en la fase alejada —setenta y cinco centímetros a un metro veinte— está limitada por la extensión del brazo, es decir, el límite del dominio físico; Es la distancia apropiada para discutir asuntos personales. La distancia social correcta es de un metro veinte a dos metros. En una oficina, la gente que trabaja junta, normalmente adoptará esta distancia para conversar. Sin embargo, cuando un hombre se coloca de pie a una distancia que oscila entre dos y tres metros de donde está sentada su secretaria, y la mira desde allí, obtendrá un efecto dominador. La distancia social más alejada, entre tres y cuatro metros, es la que corresponde a conversaciones formales. Los escritorios de personas importantes suelen ser muy anchos para mantener distancia con sus visitantes. Más allá de cuatro metros se considera una distancia para el público, adecuada para pronunciar discursos o algunas formas muy rígidas y formales de conversación. Elegir las distancias adecuadas puede llegar a ser crucial. Una joven que conozco, al recibir una declaración de amor de parte de un hombre a quien ella creía amar, lo rechazó de inmediato. Lo que la decidió a tal actitud fue el hecho de que él le declaró su amor sentado en una silla a una distancia de dos metros.

Hall considera que el ser humano no solamente tiene un sentimiento muy arraigado en cuanto al espacio que necesita, sino que posee una necesidad real y biológica de él. La importancia de este hecho queda demostrada en estudios sobre población hechos con animales. Hasta hace relativamente poco tiempo, los científicos creían que los límites de población de las especies salvajes estaban determinados por una combinación entre la escasez de alimentos y los depredadores naturales. Por lo tanto, predecían, que si se producía una superpoblación en la tierra, sobrevendría el hambre mundial y las guerras porque los alimentos rápidamente reducirían el número de habitantes. Pero ahora se sugiere que el espacio puede ser una necesidad tan acuciante para el hombre como el alimento. En experimentos realizados con ratas, se ha observado que mucho antes que se presente el problema real de la alimentación, los animales entran en un estado de tensión tal por falta de espacio, que comienzan a comportarse de una manera totalmente extraña —en realidad muy similar a la de los seres humanos—. Los machos se vuelven homosexuales, corren en manadas, violan, asesinan y cometen actos de pillaje; o simplemente se dejan estar, tornándose totalmente pasivos. Este fenómeno descorazonante se denomina “derrumbe del comportamiento”.

Para un mundo enfrentado con la superpoblación, las implicancias de este problema son alarmantes a pesar de que algunos científicos todavía dudan si se puede o se debe generalizar entre seres humanos y animales. También ha habido sugerencias de que para los hombres —y posiblemente para las ratas— lo que más importa no es la porción de espacio disponible o la preservación de la burbuja individual, sino el número de situaciones con quienes el individuo se ve forzado a interactuar. Si esto fuera cierto, en nuestras grandes ciudades podríamos acomodar cuidadosamente a la gente de tal manera que no se molestara entre sí; las personas deberían ser capaces de sobrevivir razonablemente bien sin importar la densidad por metro cuadrado que ocupan. También existe una evidencia creciente de que en algunas áreas del mundo el hambre está sólo a unas pocas décadas de distancia y por lo tanto, más próxima que un colapso del comportamiento.

Pero, y en términos menos dramáticos, la superpoblación tiene influencia definitiva sobre el comportamiento y esta influencia es diferente para el hombre y para la mujer. Los hombres, encerrados en una habitación pequeña, se tornan desconfiados y combativos. Las mujeres, en una situación semejante, se hacen más amigas e íntimas entre sí. Suelen encontrar la experiencia agradable y gustar más una de otra que si estuvieran en un ambiente de mayores dimensiones. En un espacio reducido un jurado enteramente masculino dará un veredicto más estricto, mientras que uno femenino será más benigno.

Otros psicólogos han ideado experimentos basados en las observaciones de Hall acerca del comportamiento proxémico de los norteamericanos. Su evidencia sugiere que la forma en que los seres humanos se ubican entre sí puede ser determinada no sólo por su cultura y la relación que ésta implica, sino también por otros factores. En una reunión social, las personas necesariamente estarán de pie y muy juntas para poder conversar; lo mismo sucede, según se deduce de los experimentos, cuando la gente se encuentra en un lugar público tal como un parque. Adam Kendon sugiere que en público la gente necesita demostrar más claramente el hecho de que está junta —que están “con”, por emplear el término técnico— y de esta manera pueden permanecer en una pequeña burbuja de intimidad. Cuando dos individuos están parados más juntos de lo que la situación o el ambiente pudiera aconsejar, puede ser simplemente porque se agraden mutuamente. Los estudios psicológicos han demostrado que los seres humanos prefieren pararse más cerca de aquellas personas que les agradan, y más lejos de las que no son de su gusto; que los amigos se paran más cerca que los simples conocidos, y los conocidos más cerca que los extraños. La evidencia también demuestra que en situaciones íntimas, los introvertidos mantienen una distancia algo mayor que los extrovertidos y que las parejas de mujeres lo hacen más cerca que las de hombres.

El psiquiatra Augustus F. Kinzel ha estudiado lo que él llama la “zona de absorción” del cuerpo entre convictos violentos y no violentos. Luego de haber ubicado a un prisionero en el centro de una habitación pequeña y vacía, Kinzel se acercó lentamente hacia él, instruyendo al hombre para que informara cuando sentía que se le había aproximado demasiado. Los violentos reaccionaban vivamente cuando Kinzel estaba aproximadamente a ochenta y cinco centímetros de distancia. Los no violentos no decían nada hasta que el psiquiatra se ubicaba a medio metro. Los primeros dijeron que se sentían amenazados o que Kinzel se iba a abalanzar sobre ellos. Este experimento parece sugerir que la técnica proxémica podrá llegar a servir algún día para detectar a los individuos potencialmente violentos, pero Kinzel hace la salvedad de que no servirá para identificar positivamente a todos los individuos de esta condición; algunos poseen una “zona de absorción” normal. También señala que: “Puede haber otros tipos de comportamiento relacionados con grandes ‘zonas de absorción’ que todavía no conocemos.”

El espacio también puede proporcionar un signo de status. Al mostrar a varias personas un corto metraje mudo de un ejecutivo que entraba en la oficina de otro, todas coincidieron notablemente en clasificar la importancia de cada uno de ellos. Las claves empleadas fueron de tiempo y de distancia. ¿Cuánto tiempo tardó el hombre del escritorio antes de contestar el llamado a su puerta? ¿Cuánto tardó en ponerse de pie? ¿Hasta dónde entró el visitante en el escritorio? Cuanto más se aproximaba, tanto más importante era considerado. Y por supuesto, la estimación de su status decrecía cuando el que estaba detrás del escritorio demoraba en atenderlo. De estas maneras insignificantes, y cientos de veces por día, el individuo reafirma silenciosamente su superioridad, desafía a otros o se asegura a sí mismo que conoce su lugar.

El comportamiento espacial en público ha sido investigado por Robert Sommer de la Universidad de California y por otros numerosos psicólogos. En un experimento llevado a cabo en la biblioteca de la Universidad, el investigador seleccionaba una “víctima” rodeada de asientos vacíos y se sentaba en uno próximo a él. Esto viola reglas sociales implícitas puesto que si hay suficiente espacio libre, se espera que uno mantenga la distancia. La víctima generalmente reaccionaba con gestos defensivos e incómodos, cambios de postura o trataba de apartarse, sentándose en el borde de la silla. Pero si el investigador no sólo se sentaba cerca de él, sino que luego se aproximaba aun más, con frecuencia la víctima huía. Rara vez se hace una protesta verbal porque a pesar de que las personas tienen un fuerte sentido acerca de la ubicación respectiva en lugares públicos, este sentimiento no se suele expresar con palabras.

Algunas veces la gente trata de hacer notar la posesión de una porción de territorio público tan sólo por la ubicación que elige. En una biblioteca vacía, alguien que simplemente quiere sentarse solo, selecciona una silla en la punta de una mesa rectangular; pero en cambio, el que quiere desanimar abiertamente a otra persona a que se le aproxime, se sienta en la silla del medio. También podemos ver el mismo fenómeno en los bancos de las plazas. Si la primera persona que llega se sienta en una punta, la segunda lo hará en el otro extremo y después de esto, suponiendo que se trate de un banco corto, si la primera persona se sienta exactamente en el centro, podrá lograr mantenerlo para ella sola durante un lapso.

La posición relativa que adopta un individuo puede representar un signo de status. El líder de un grupo automáticamente se dirigirá a la cabecera de una mesa rectangular. También parece que en general un jurado reunido para elegir presidente, si está sentado ante una mesa rectangular, tiende a elegir a uno de los que ocupan las cabeceras; más aun, los individuos que eligen esos lugares suelen ser gente de mucho status social y que toman parte activa en las discusiones.

Adam Kendon señala que cualquier grupo de personas, al estar de pie y conversar, adopta lo que él llama una configuración. Si se colocan en forma circular, es casi seguro que todo el grupo es parejo. Los grupos que no lo son tienen tendencia a formar una “cabeza” y la persona que ocupa ese lugar será, formal o informalmente el líder. Los lugares que se asignan a los alumnos en un aula son casi siempre impuestos físicamente, y pueden afectar el comportamiento. Durante un seminario, si los estudiantes se sientan en forma de herradura, los que están en los extremos participan menos que los que están en el medio, y que pueden tener un contacto visual más frecuente con el profesor. Cuando los alumnos se sientan en filas, los que están en el medio suelen intervenir más que los de los costados, y aquí nuevamente la facilidad de establecer contacto visual es lo que proporciona la explicación.

Otros estudios han demostrado que cuando dos personas están preparadas para competir, generalmente se sientan enfrentándose; si piensan cooperar, lo hacen una al lado de la otra, mientras que para conversaciones comunes, lo hacen en ángulo recto. Cuando se realiza una reunión de negocios entre dos corporaciones, los equipos tomarán ubicación automáticamente enfrentándose a ambos lados de la mesa de conferencia. Sin embargo, si se produce un intervalo para almorzar, los hombres se sientan alternados entre sí en las mesas del restaurante, cada uno de ellos entre dos de la otra corporación. Toda vez que la ocasión se define como social, los individuos tratan cuidadosamente de mezclarse, así como antes evitaron hacerlo.

El espacio comunica. Cuando se forma un conjunto de personas que conversan en un grupo —en una reunión o en los parques de una universidad— cada individuo define su posición dentro del grupo por el lugar que ocupa. Al elegir la distancia, indica cuánto está dispuesto a intimar. Cuando toma ubicación en la cabeza del grupo, demuestra cuál es el rol que espera desempeñar. Cuando el grupo queda inmóvil en una configuración especial y cesa todo movimiento, es una señal inequívoca de que han cesado también las comunicaciones no-verbales. Todos los interesados están de acuerdo, aunque sea temporalmente, en cuanto al orden de precedencia de cada uno y el nivel de intimidad que debe mantenerse.

LOS RITMOS DE LOS ENCUENTROS HUMANOS

Imagínese que lo están entrevistando por .algún motivo: un nuevo trabajo, un ascenso o lo que sea. Usted ha llegado algo nervioso, pero, ¡oh, maravilla!, el entrevistador ha resultado ser un oyente perfecto. Permanece allí sentado, atento, amable, brindándole toda su atención y dejándolo hablar libremente. Cada vez que usted se interrumpe para ver su reacción, él preguntará algo para indicarle a usted que quiere oír mucho más. Esto hace que usted se sienta muy bien.

Pero, repentinamente, todo cambia: Usted hace una pausa y espera ansiosamente que el hombre le diga algo, y él permanece allí imperturbable. El silencio se prolonga hasta llegar a ser incómodo. Pensando que tal vez no le entendió, usted repite la última frase. Aun así, él permanece silencioso. Entonces usted trata de iniciar otro tema de conversación. Lo hace durante un minuto y luego se vuelve a interrumpir. Nuevamente: silencio. Temeroso de preguntar qué sucede, usted comienza a hablar ahora nerviosamente y los momentos se eternizan mientras busca algo que decir que vuelva a despertar el interés de su interlocutor, y que merezca una respuesta. Por fin usted parece haber dado en el clavo, porque cuando hace una nueva pausa, su entrevistador abre la boca para efectuarle una pregunta interesante y alentadora. Pero ahora, usted se siente acalorado, ruborizado y poco feliz; y antes de que pueda darse cuenta, habrá comenzado a despacharse acerca de la manera en que lo trataba su jefe anterior y todos los jefes en general. Pero ahora cada vez que usted haga una pausa, el hombre formulará una pregunta que exprese interés, y en forma gradual usted volverá a calmarse y olvidará su descontento anterior.

El tipo de entrevista que he descripto no es habitual en modo alguno. Se denomina “entrevista de interacción programada”, un medio complejo y muy seguro de diagnosticar. Cualquier información que el sujeto —en este caso usted— pueda brindar es completamente irrelevante. E incluso su interlocutor que está atento en forma aparente recordará muy poco de ella. Lo importante no es lo que se dice, sino la oportunidad y la duración de lo dicho. Siempre que el sujeto habla, un observador o el mismo entrevistador registra la duración de una afirmación. Cada vez que él le formula una pregunta, toma nota de cuánto tiempo tarda usted en responder.

La técnica de registro en sí es sumamente simple. Se efectúa mediante una pequeña cajita negra, del tamaño de una caja de fósforos. A pesar de que la cajita puede parecer totalmente inocente, está conectada a un grabador y a una computadora. Cada vez que el sujeto habla, el observador aprieta un botón marcado con la letra “A”. Al responder, el entrevistador toca un botón marcado con la letra “B”. Los botones también se oprimen para asentimientos de la cabeza, sonrisas y otros comportamientos no verbales si éstos parecen estar claramente vinculados a las respuestas de la conversación. El resultado final es un registro cronológico exacto, una especie de índice que establece cuánto tiempo y con qué frecuencia respondió cada persona (en términos científicos “actuó”), y también figuran los silencios, las interrupciones, etc. En este registro el comportamiento del entrevistador podrá tomarse como patrón constante porque ha sido entrenado para contestar en el momento preciso, conversar el tiempo necesario y permanecer en silencio oportunamente.

Los seres humanos son tremendamente regulares en el hábito de hablar y de escuchar. Si un hombre que pasa por esta entrevista de diagnóstico es reentrevistado nuevamente semanas, meses o aun un año después, se comportará de manera muy similar en la segunda oportunidad. Hablará menudo, y cada vez que lo haga, será por un intervalo aproximadamente igual y reaccionará de la misma manera a la tensión. Aparentemente, el ritmo de la conversación de mí hombre es una de sus características más constantes y predecibles y según lo registrado mediante la “entrevista de interacción programada” quedará revelada la forma en que el entrevistado se relaciona con las otras personas.

Todos empleamos el ritmo de la conversación para interpretar las relaciones humanas. Si nos detenemos a pensar, podemos definir a casi todas las personas que conocemos por su manera de hablar. Hay personas que responden luego de una meditada pausa y hablan lentamente durante lapsos prolongados, como si, en forma deliberada, fueran tomándose tiempo para pensar mientras hablan. Otras tratan de concluir las ideas que alguien ha iniciado y toman luego por una tangente propia para concluir su afirmación en forma tan abrupta como la comenzare: Si imaginamos a dos personas tratando de mantener una conversación mutua, tendremos una idea cabal de la forma en que la acción recíproca de los diferentes ritmos interaccionales puede afectar su relación. Los efectos de esta acción recíproca son a menudo mucho más sutiles y más predecibles de lo que uno podría pensar, y por supuesto ejercen su influencia en un nivel subconsciente. Las palabras son una gran fuente de distracción para la mayoría de nosotros. Estamos demasiado preocupados por lo que dice la otra persona como para fijarnos en la forma en que actúa mientras habla. Sin embargo, si fuera posible negar las palabras —substituir sílabas sin sentido —el significado de los “cuándo” y de los “por cuánto tiempo” se notaría en forma clara.

Los psicólogos reclutaron a tres estudiantes, les dieron un tema de discusión y luego los filmaron en video-tape mientras conversaban. Luego se trajo a más de cien “jueces”. A la mitad de ellos se les mostró el video, a la otra mitad, sólo se les exhibió un show de luces, en panel que tenía tres luces que se prendían y apagaban el sonido. Cada una de las luces representaba a uno de los estudiantes y las tres reproducían exactamente el encuentro. Cuando se encendía la primera luz, significaba que un estudiante había comenzado a hablar. Si, a los pocos segundos, se encendía una segunda luz, éste había sido interrumpido. Cuando no había luces prendidas, era porque estaban en silencio. Todos los jueces, tanto los que vieron el video-tape como los que observaron el panel de las luces, fueron invitados a llenar un cuestionario. Una de las principales preguntas fue: ¿Cuál de los estudiantes es el más dominante y cuál el más sumiso? Los jueces que sólo habían visto el panel de luces no tuvieron más dificultad para contestar la pregunta, que los que habían observado el video-tape.

La cantidad de tiempo que habla una persona y la forma en que lo hace son factores determinantes para establecer la forma en que la gente reacciona frente a ella. Estudios psicológicos han demostrado que en un grupo, la persona que más habla es la que tiene más status, y en consecuencia, tiene mayores posibilidades de ser elegida líder. También es cierto que los otros miembros del grupo se reservan sus sentimientos ambivalentes respecto a ella. El que interrumpe a menudo probablemente desea dominar; el que tercia ansiosamente en cuanto se produce una oportunidad es normalmente un individuo emprendedor o como se dice en la jerga de los ejecutivos tiene un “arranque automático”. Estos conocimientos son casi obvios; sin embargo, el ritmo interaccional de una persona nos revelará asimismo muchas otras características más sutiles de su personalidad.

El antropólogo Eliot Chapple es el hombre que “descubrió” los ritmos interaccionales, e inventó no sólo los métodos para medirlos sino también una computadora para analizarlos, denominada cronógrafo de la interacción. El doctor Chapple desarrolló el primitivo modelo del cronógrafo en los últimos años de la década del treinta y lo empleó durante mucho tiempo para seleccionar personal para grandes tiendas y empresas. Desde 1961 ha sido director de un departamento del hospital de Rockland County que utiliza el cronógrafo para diagnosticar y tratar a adolescentes perturbados, y para evaluar a adultos psicópatas.

Cuando visité el hospital de Rockland, para enfermos mentales, que está situado al norte de Manhattan, el doctor Chapple me explicó parte de la biología básica que respalda su trabajo. El cuerpo humano es una intrincada madeja de ritmos que se producen constantemente a diferentes niveles de tiempo, desde los ciclos menstruales hasta el ritmo respiratorio y cardíaco, que se mide en inspiraciones y latidos por minuto, e incluso los diez escalofríos por segundo que constituyen la acción de tiritar. La mayoría de los sistemas internos del cuerpo humano están regidos por ritmos cíclicos de un día de duración que llegan a un punto máximo cada veinticuatro horas. Para cada individuo hay un momento del día en que su temperatura es más baja y el latido de su corazón más lento. La glucemia, la actividad glandular, el metabolismo, la división celular, la sensibilidad hacia las drogas y muchas otras cosas varían de acuerdo a ciclos predecibles dentro de las veinticuatro horas. Algunas personas trabajan mejor por la mañana, mientras otras están más avispadas durante la noche porque el sistema de sus cuerpos alcanza su punto máximo de eficiencia a cierta hora. No resulta sorprendente que períodos de actividad o de inactividad sean paralelos a otros ritmos del organismo y de igual manera sigan un ciclo de un día de duración.

Los ritmos biológicos existen en cada uno de los escalones de la evolución, desde la ameba hasta el hombre, así como las plantas. Varían entre cada especie y dentro de cada una de ellas; pero para un mismo individuo son muy regulares y característicos. Más aun, si se aísla una sola célula del cuerpo, se podrán detectar en ella los ritmos cíclicos diarios de la persona a que pertenece, lo que constituye una evidencia de que los factores biológicos que diferencian a una persona de otra comienzan a nivel celular.

No resulta difícil aceptar el hecho de que la temperatura del cuerpo fluctúa de acuerdo a estos ritmos cíclicos; pero uno se resiste a la idea de que los patrones de interacción sean igualmente predecibles. Nos gusta pensar que hablamos porque tenemos algo que decir y que callamos al concluir nuestra idea. Sin embargo, las experiencias llevadas a cabo por Chapple durante largos años, analizando a miles de casadas; al cabo de ese tiempo la mujer comenzó a quejarse de que no podía extraer de su marido una contestación; tardaba tanto en responder, que ella se ponía furiosa mientras esperaba. Él afirmó que nunca había sido muy conversador y que ella lo sabía cuando se casaron. Éste es un caso en que la tensión era acumulativa, y a medida que crecía, hacía que ambos individuos se tornaran más inflexibles e incapaces de adaptarse, hasta que los ritmos desavenidos que no tuvieron importancia en un principio comenzaron a pesar en el descontento mutuo.

También es cierto que los individuos no mantienen relaciones aisladas con otras personas aisladas, sino que viven en medio de todo un sistema de relaciones humanas de tal manera que el desequilibrio rítmico en un punto puede compensarse con el equilibrio rítmico en otro. De esta manera, el hombre que tiene una mujer charlatana podrá tener una buena relación si él es taciturno o si tiene suficiente cantidad de amigos que le permitan expresar sus sentimientos. Si pierde a algunos de esos amigos, puede comenzar a encontrar su matrimonio inaguantable.

Originariamente, los patrones de interacción del doctor Chapple fueron registrados en situaciones naturales. Se observó conversaciones entre parejas casadas, entre amigos o desconocidos. Sin embargo, aunque por lo general es posible determinar el ritmo interaccional en una situación precisa, mediante trabajosos análisis estadísticos, es difícil lograrlo puesto que continuamente una persona trata de adaptarse a la otra. Cuando Chapple trató de utilizar entrevistadores, e incluso psiquiatras experimentados que efectuaban las mismas preguntas, el ritmo individual era notablemente diferente en cada caso. De este modo, Chapple comenzó a entrenar entrevistadores que programaran sus propios comportamientos eliminando así el factor personal. Descubrió que los entrevistadores a los que se les enseñó no sólo lo que debían decir, sino cuánto debían tardar en decirlo, cuánto tiempo esperar antes de contestar y cómo controlar sus expresiones faciales, lograban registros consistentes y acertados.

De esta manera, se desarrolló la entrevista de diagnóstico standard. Mediante ella se registra antes que nada el compás básico de cada individuo. Luego se lo somete en forma precisa a exactas medidas de tensión para determinar sus patrones de reacción característicos. A partir de allí, es posible descubrir mucho acerca de su personalidad y acerca de la manera en que se relaciona con otras personas.

Por lo general, no se aclara el motivo de esta entrevista los individuos que son sometidos a ella. El procedimiento está dividido en cinco períodos y comienza con quince minutos previos de conversación complementaria y profunda, ya que los entrevistadores de Chapple están entrenados para responder en perfecta sincronía y demostrar un interés concentrado en un solo propósito. Luego viene el período de no-respuesta, descripto al comienzo de este capítulo. Cada vez que el examinado deja de hablar, se produce un silencio mortal. Durante quince segundos el entrevistador hace una pausa completa a menos que el entrevistado la haga primero. Esto sucede doce veces en total, a pesar de que hay un momento de pausa después de quince minutos.

Muchas personas equiparan la no-respuesta a un rechazo y se sienten muy perturbadas cuando ésta sucede repetidamente. Cada individuo tiene una manera especial de reaccionar. Algunos rompen el silencio cada vez con más frecuencia, mediante acotaciones breves. Es como si la tensión apresurara su “tempo” o como si se provocara a la otra persona para que responda. Ésta fue la reacción del sujeto, de la entrevista que describí al comienzo de este capítulo. La persona que reacciona ante la falta de respuesta acelerando la tensión suele ser la que tiene gran dificultad en delegar responsabilidades. Al encontrar en los otros una falta inmediata de respuesta, prefiere hacer el trabajo ella misma. Otras personas, al recibir este tratamiento desarrollan una imperiosa necesidad de hablar. Cada vez que el entrevistado se interrumpe en su turno de hablar, ellas arremeterán mediante acotaciones propias que duran cada vez más. El enojo parece ser el factor desencadenante de esta situación. Otra situación común es provocar una falta de respuesta con otra respuesta: esperar que el otro hable en medio de silencio tenso y una retirada llena de sospechas. Estas reacciones representan situaciones extremas. La mayoría de la gente tiene respuestas mixtas; unas veces aceleran el “tiempo”, otras lo reducen, o tratan tanto de hablar como de callar, en un intento de lograr restablecer el equilibrio de una conversación normal. Existen también aquellos individuos afortunados que se mantienen totalmente ajenos a lo que sucede alrededor de ellos.

Una vez terminado el período de no-respuesta, el entrevistador vuelve a la complementación, a ese patrón maravilloso y sincronizado del primer período. El propósito no es tanto darle un respiro al individuo, sino lograr un índice del grado de tensión, puesto que la tensión se nota al comparar el ritmo de este período con el ritmo del período número uno. Algunas personas vuelven al mismo patrón casi inmediatamente, en apariencia, poco perturbadas por la tensión; pero son mucho más comunes las que muestran signos evidentes de tensión.

Una vez terminado el período de complementación de cinco minutos, el entrevistador introduce un nuevo patrón. El sujeto comienza a hablar y luego de tres segundos es interrumpido en forma precisa. Si ignora la interrupción y continúa hablando, el entrevistador habla durante cinco segundos más y luego se detiene. Cuando el sujeto termina lo que está diciendo, le hace otra pregunta cortés, espera tres segundos y lo vuelve a interrumpir. Por otra parte, si el sujeto se calla al ser interrumpido la primera vez, el entrevistador habla durante cinco segundos, y le da una oportunidad para reanudar la conversación y luego vuelve a interrumpirlo. El período termina después de doce interrupciones o es suspendido después de quince minutos. La interrupción, por supuesto, es un intento de dominar; es clara evidencia de agresividad. La gente reacciona de diversas maneras ante el intento de dominación. Muy pocas personas son persistentes y hablan durante más tiempo y más fuerte cada vez que se las interrumpe. Más usual es la reacción escalonada: el sujeto que es interrumpido duda y luego se encierra en sí mismo. Cada vez se interrumpe un poco, antes, de manera que el “tiempo” es más rápido. Este tipo de competición, donde una persona interrumpe a la otra antes de que ésta pueda terminar lo que quiere decir, es típico de las rencillas. Otra reacción común es la de sumisión. Si puede, el individuo se interrumpe y huye. Si no puede, se pone muy dubitativo y efectúa largas pausas, mientras inventa algo para decir.

El doctor Chapple ha descubierto que regular el tiempo de una interrupción es particularmente importante. Es mucho más perturbador ser interrumpido cuando uno recién ha comenzado a hablar. Una vez que se está bien encaminado en la conversación, uno puede evadir con mayor facilidad las interrupciones de la otra persona. No obstante, se puede lograr entrecortar a la otra persona, hacerla hablar por períodos cada vez más cortos e interrumpirla repetidamente justo cuando está por terminar su exposición. Presumiblemente, la otra persona considera estas interrupciones como una expresión de impaciencia y esto la hace sentir cada vez más insegura de sí misma.

El período de interrupción o dominación es seguido por otro período complementario, que mide exactamente hasta dónde ha sido alejado el ritmo de interacción de un individuo de su nivel normal. Algunas personas reaccionan de manera negativa. Pueden parecer casi normales pero su ritmo es algo más rápido y sus acciones son un poco cortas; resulta difícil sincronizar con ellas. Todos conocemos personas así, que después de una discusión muestran, por esta actitud, que el conflicto no ha sido superado. Otra reacción común es la petulancia. La persona se pone muy tensa y sin deseo de hablar y mantiene esta actitud aunque haya superado todas las interrupciones. Otras —éstas son generalmente las resentidas— dejan pasar largos intervalos de silencio antes de responder una pregunta. En contraste, otras hablan compulsivamente y se tornan muy impulsivas y excitadas. Las reacciones transitorias ante el intento de ser dominado pueden ser importantes. Si un hombre discute con su esposa y enseguida se encuentra con un amigo, su comportamiento puede ser tan distinto al habitual que el amigo a su vez puede ponerse molesto o enfadarse.

Los entrevistadores y observadores de Chapple son entrenados cuidadosamente. Los primeros practican para lograr una duración exacta en sus actuaciones. Se los ayuda mediante una pantalla colgada de una pared que está fuera de la vista del entrevistado. Manejada mediante una “caja lógica” que está ubicada en la habitación contigua —una pequeña computadora pre-programada— la pantalla se ilumina y muestra una columna de números en clave que le indican al entrevistador la etapa exacta en que se halla, cuántas interrupciones ha efectuado, cuánto tiempo ha transcurrido, etc. Los resultados finales de la “entrevista de diagnóstico” se obtienen mediante una computadora y se expresan en términos matemáticos.

Ha sido comprobado que el cronógrafo de Chapple puede predecir patrones de interacción, no a través de sus propios estudios, sino por otros realizados por investigadores británicos y por José Matarazzo, de la Universidad de Oregón. Las conclusiones acerca de la personalidad que se extraen de estos patrones se utilizan constantemente. Además, los años de experimentos que Chapple lleva como consultor de empresarios proporcionan una cierta evidencia práctica. Su trabajo, realizado entre personal de grandes tiendas es bastante acertado, puesto que la habilidad para vender se puede probar en dólares y centavos. En sucesivas oportunidades los aspirantes fueron seleccionados en entrevistas secretas. Después de ellas se hicieron las predicciones de su capacidad como vendedores, es decir que las empresas los tomaron sin conocer esas predicciones. Luego pudo comprobarse que en una tienda los resultados de la técnica de Chapple fueron acertados en un 96,8 por ciento cuando predijo que los candidatos tenían buenas condiciones para ser vendedores y en un 85,4 por ciento cuando predijo que tenían “capacidad mediana”. Al predecir que no servirían, la técnica fue correcta en un 97,7 por ciento de los casos. Como es de esperar en casos de duda, en el grupo de los que eran de “capacidad mediana” las predicciones resultaron acertadas solamente en un 61,5 por ciento.

Chapple descubrió que para las grandes tiendas se requieren diferentes tipos de personalidad para cada tipo de artículo. La chica que está detrás de un mostrador tiene que atender a una cantidad de clientes simultáneamente. Para ella, es importante ser capaz de mantener un “tempo” flexible y de rápida interacción. Por otra parte, la persona encargada de vender modelos de alta costura debe esperar, conversando, mientras la cliente se prueba los diferentes modelos, y debe estar capacitada para advertir cuándo reacciona favorablemente ante un modelo determinado y emplear todos sus recursos en la venta de ese artículo. Por lo tanto, en el caso de la alta costura, es necesario un cierto grado de dominio.

Chapple se ocupó de los puestos para ejecutivos de la misma manera. Daba mayor importancia a lo que el aspirante tenía que enfrentar en términos básicos de interacción, más que a los conocimientos que el empleador consideraba que el aspirante debía poseer. En una oportunidad, los especialistas de negocios de una escuela aconsejaron que uno de los directores de personal debía ser reentrenado, porque no encuadraba dentro del criterio usual para ejercer ese cargo: no parecía comprensivo, era incapaz de comunicarse fácilmente con su gente, etc. La firma consultó a Chapple, quien entrevistó al hombre, descubriendo que era algo rígido y taciturno pero que poseía una increíble capacidad para escuchar. Cuando Chapple examinó en qué consistía el trabajo del hombre, descubrió que el 80 por ciento de su tiempo lo pasaba entrevistando a representantes gremiales, casi todos sumamente charlatanes, especialmente cuando presentaban sus quejas. Después de la entrevista, se llegó a la conclusión de que el director era la persona más indicada para ese puesto, si era necesario, y porque era capaz de escuchar quejas todo el día y de no ceder en nada.

Actualmente Chapple está empleando el procedimiento de cronógrafo interaccional para hacer terapia. En Rockland, él su equipo están trabajando con muchachos adolescentes que tienen problemas por su comportamiento violento y antisocial. Antes que nada Chapple realiza una entrevista para diagnosticar el problema de cada paciente. Mediante esta entrevista, descubre que uno de ellos no puede soportar ser interrumpido y reacciona violentamente en el período mediato posterior a la interrupción. Entonces emplea computadoras para preparar un programa por el que dosifica gradualmente los momentos de dominación en entrevista individuales o de grupo, hasta que el muchacho aprende a reconocer la tensión y su propia reacción, y a controlar esta reacción. En general, Chapple ha descubierto que la mayoría de los adolescentes son capaces de dominar esa tensión después de aproximadamente doce sesiones, y lo más importante, es que el aprendizaje conduce a situaciones en que no necesitan más tratamiento. Esta terapia bastante pragmática, tiende más a modificar el comportamiento que a producir un conocimiento interior, y está incluida en una gran cantidad de programas de escuelas especiales y de talleres de reformatorios, donde los muchachos perciben dinero por su trabajo. También se emplea en lugares de recuperación intermedia que tratan de asegurar que una vez que los individuos son devueltos a la comunidad, no volverán a padecer los mismos problemas que los llevaron inicialmente a Rockland.

Estas tentativas también se efectúan en la comunidad misma —en los hogares, en la escuela y en los distintos barrios—. En un proyecto especial en Bronx, los entrevistadores de Chapple, provistos de grabadores portátiles, siguen a los adolescentes mientras éstos desarrollan sus actividades normales y toman notas de su interacción. A través de las entrevistas de diagnóstico, Chapple ya conoce cuál es la clase de tensión que perturba a los muchachos. También quiere registrar esa tensión en el momento en que se produce, ver cuándo, por qué y con qué frecuencia tiene lugar, y de qué modo los afecta para considerar el cúmulo de relaciones que compone el total de la red de intercomunicación. Luego trata de relacionar estos descubrimientos con las entrevistas de diagnóstico originales.

No es fácil relacionar el trabajo realizado por Chapple con el que efectúan otros especialistas en comunicación. Por una parte, su investigación parece ocupar un lugar intermedio entre la comunicación verbal y la no-verbal. Por otra, él no enfoca su trabajo en un código sino en el individuo y en la forma en que juegan las diferencias individuales básicas, los ritmos biológicos de cada individuo en frente a frente.

Hasta aquí con el material.  Fue  postergado  una semana más la entrega del trabajo escrito, ENSAYO.   Lo más importante es que cada uno de ustedes inicie con la PROPUESTA  en relación al tema general. Usen un poco de pensamiento amarillo, verde y por supuesto rojo.

Les deseo éxitos y tengo la certeza que al realizar el trabajo van a descubrir más de este comportamiento no verbal.   Maguita.

Un buen día para cada uno de ustedes. Cada vez que retomo estas lecturas crea un mi el deseo de ser más observadora de la conducta humana. Considero que allí está el corazón de la práctica psicológica. Es imprescindible acumular conocimiento sobre tal o cual tema, aplicarlo a la vida diaria, tiene réditos. Esto es para mi, la diferencia fundamental entre los estudios en otros espaciosos académicos y los nuestros. Investigar no sólo es hacerlo en los grandes temas, sino más bien, en los que tienen que ver con lo cotidiano. Allí surge lo creativo y nuevos paradigmas. (Obliga a construir discursos sintagmáticos y paradigmáticos nuevos)

Espero que la lectura sea ciento por ciento provechosa.  Saludos de Maguita.

EL SILENCIOSO MUNDO DE CELULOIDE DE LA CINESIS

Visualmente, la película es inocua. Desde una distancia prudencial, la cámara capta a cuatro personas sentadas, hablando incansablemente. Se trata de una sesión de psicoterapia. Los dos hombres son psiquiatras que trabajan en equipo y las dos mujeres son madre e hija. La hija es esquizofrénica.

Al pasar la película en cámara lenta y en silencio, surge un esquema bien claro. Cada pocos minutos la hija cruza la pierna seductoramente, mostrando una porción considerable de los muslos, y se da vuelta hacia uno de los psiquiatras en tal forma que uno de sus pechos lo enfrenta provocativamente, en un evidente signo de coqueteo. Cuando la hija hace esto, la madre realiza otro gesto particular: se pasa el dedo índice por debajo de la nariz. Inmediatamente, la chica descruza la pierna y suspende la conversación con el psiquiatra. Otras veces, la madre cruza los tobillos de una manera especial, y se pasa el dedo por debajo de la nariz y el efecto sobre la hija es el mismo.

Algunas veces, la madre da la impresión de aliarse con uno de los psiquiatras. Ante esto la hija reacciona dramáticamente, revolviéndose en el sillón o poniéndose súbitamente de pie con una expresión de estupor en el rostro. Sin decir palabra y sin ser conscientes de lo que están haciendo, ambas mujeres controlan mutuamente su comportamiento, y de esta manera defienden y preservan su propia relación.

A medida que progresa la sesión se presentan variaciones en el esquema. La hija cruza la pierna e intenta seducir al mayor de los psiquiatras; pero ahora el más joven, que parece interesado en la conversación con la madre, se pasa el dedo por debajo de la nariz. Inconscientemente ha captado las señales descritas. Más aun: durante toda la sesión el mayor de los psiquiatras se detiene a encender o a juguetear con la pipa, cada vez que brinda su atención a la chica. Finalmente, cuando empieza a encender la pipa, la madre comienza inmediatamente a rascarse la nariz.

Luego de largos años de estudiar películas de este tipo, Ray Birdwhistell, el pionero de los especialistas en cinesis, ha llegado a la conclusión de que la base de las comunicaciones humanas se encuentra en un nivel por debajo de la conciencia, en el cual las palabras sólo tienen una importancia relativa. Estima que no más del 35 por ciento del significado social de cualquier conversación corresponde a las palabras habladas.

Hay oportunidades en que el científico es tan fascinante como la ciencia, ocasiones en que el propio punto de vista del especialista, sobre la condición humana, forma e informa en grado extraordinario su trabajo. Ésta es la verdad de la cinesis, que es la gran realización de un solo hombre: Ray Birdwhistell. La historia de la cinesis es primeramente la historia del desarrollo de su pensamiento.

Birdwhistell comenzó a, interesarse en los movimientos corporales en 1946, mientras estaba estudiando antropología en el Oeste de Canadá, y vivía entre los indios Kutenai. Notó entonces que los aborígenes actuaban en forma diferente al hablar su propio idioma, que al hacerlo en inglés. Variaban la forma de sonreír, los movimientos de cabeza, de cejas y todo en general.

“Fue algo que me obsesionó después que dejé el lugar”, dice.

Parece que algunas personas son bilingües tanto en los movimientos corporales como en el lenguaje hablado. Existen películas que muestran al famoso alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, pronunciando discursos políticos en inglés, en iddish o en italiano. Sin sonido puede diferenciarse fácilmente por los gestos en qué lengua se está expresando. Un francés no sólo habla el idioma, sino que gesticula como tal. Un norteamericano lo hace en una forma que lo identifica claramente. Un especialista en cinesis puede distinguir un europeo de un norteamericano solamente por la manera de arquear las cejas durante su conversación.

A fines de 1940, Birdwhistell se dedicó de lleno al estudio de los movimientos corporales. Como otros lo hicieron después de él, partió de la idea de que las emociones reales básicas del ser humano, como la alegría, el temor o la atracción sexual, se expresan de igual manera en las diferentes culturas. Por lo tanto, consideró que hay algunos gestos y expresiones comunes a toda la humanidad. Era una presunción lógica —la mayoría de nosotros pensamos que todos los hombres del mundo sonríen cuando están contentos, fruncen el entrecejo cuando están enojados, etc. “Sin embargo”, dice Birdwhistell, “rápidamente llegué a la conclusión de que no hay gestos universales. Lo más que sabemos es que existe una expresión facial, una actitud o una postura corporal que en sí misma no tiene el mismo significado en todas las sociedades”.

El término “significado” es crucial en la afirmación de Birdwhistell. Desde el punto de vista anatómico, todos los hombres sonríen, por citar una expresión familiar. Pero el significado de la sonrisa varía en las diferentes culturas. Dentro de los Estados Unidos existen vastos grupos humanos muy propensos a sonreír, como en el Sur, y otros que no lo son tanto, como por ejemplo en Nueva Inglaterra o menos aun la parte Oeste del Estado de Nueva York. En la región de los Grandes Lagos, si una persona es demasiado afecta a sonreír, se presta a que le pregunten “qué es lo que encuentra tan gracioso”; en Georgia, si una persona no sonríe, le preguntarán si tiene algún problema. Esto no significa que la gente que más sonríe es más feliz, sino que en nuestra niñez aprendemos en qué circunstancias corresponde sonreír y en cuáles se espera que no lo hagamos; este aprendizaje difiere en los distintos puntos del país. Birdwhistell descubrió que no hay tal cosa como una simple sonrisa. La posición de la cabeza, la expresión de los ojos y la postura general del cuerpo están involucrados en la sonrisa misma. Por ejemplo, la cabeza inclinada hacia un lado puede añadir un aire de flirteo, mientras que una sonrisa que no provoca pequeñas arrugas alrededor de los ojos, o que surge de un cuerpo tieso, puede parecer forzada.

Una vez concluidas las reglas universales, Birdwhistell dedicó su atención a la clase de gestos que tienen un significado consciente y sobreentendido. El saludo es un buen ejemplo de ello; hacer “dedo” en la ruta es otro. Cada cultura posee su repertorio especial. Un italiano al ver a una chica bonita suele tirarse el lóbulo de la oreja; un árabe en una situación similar se acaricia la barba, mientras que un norteamericano mueve ambas manos describiendo las formas de una figura de mujer. Sin embargo, estos gestos suelen usarse también a modo de comentario irónico, cuando la mujer no es atractiva en absoluto, en cuyo caso la ironía del rostro, la postura o alguna otra pauta denotan la diferencia. Del mismo modo, un soldado cuando hace la venia puede lograr la aprobación o el ridículo de su superior, tan solo por la manera de pararse, por la expresión de su rostro, por la velocidad o duración del movimiento de su brazo, o simplemente porque saluda en un momento inoportuno.

Birdwhistell descubrió también que los gestos descritos más arriba son sólo actos parciales que deben ir acompañados de otros para tener un significado. Esto condujo a un avance real en el desarrollo de la cinesis. Porque si los gestos son como las raíces en el lenguaje —”acepto” por ejemplo no tiene significado hasta que le añadimos el prefijo que forma “excepto”— el movimiento del cuerpo también se parece al lenguaje en algunas cosas, y puede ser analizado por un sistema similar al que utilizan los lingüistas para estudiar la lengua.

“Prefiero ser el que hace las preguntas, y no el que da las respuestas”, ha dicho de sí mismo.

Al estudiar las películas, Birdwhistell descubrió que existe una analogía entre la cinesis y el lenguaje. Así como el discurso puede separarse en sonidos, palabras, oraciones, párrafos, etc., en cinesis existen unidades similares. La menor de ellas es el “kine”, un movimiento apenas perceptible. Por encima de éste existen otros movimientos mayores y más notorios, llamados “kinemas”, que adquieren significado cuando se los toma en conjunto.

Los norteamericanos cuentan con apenas cincuenta o sesenta “kinemas” para todo el cuerpo, incluyendo treinta y tres para la cara y la cabeza. Estos últimos tienen cuatro posiciones para las cejas (levantadas, bajas, contraídas, o movidas por separado); cuatro posiciones para los párpados, siete para la boca, tres maneras de inclinar la cabeza (simple, doble, o triple asentimiento) y así sucesivamente. Es obvio que esto representa sólo una mínima fracción de los movimientos que son capaces de efectuar el rostro y la cabeza. En realidad cada cultura otorga un significado a unos pocos de los innumerables movimientos que corresponden a la anatomía del cuerpo humano.

Los “kinemas” pueden ser intercambiados entre sí algunas veces. Puede sustituirse uno por otro, sin alterarse el significado. Si nos limitamos a las cejas, un simple movimiento al levantarlas puede expresar una duda o acentuar una interrogación: pero también puede emplearse para dar énfasis a una palabra dentro de la oración.

Las normas del movimiento humano son tan complejas que no pueden ser analizadas a simple vista; primero deben ser transcritas, problema que ha preocupado a los estudiosos de la comunicación. Birdwhistell halló la solución hace unos años, inventando un ingenioso sistema taquigráfico que ha sido adaptado y empleado por algunos científicos desde entonces.

Este peculiar sistema taquigráfico es la clave de la investigación técnica denominada microanálisis, que constituye un procedimiento extremadamente concienzudo y largo. A la velocidad normal, la mayoría de las películas proyectan a razón de veinticuatro cuadros por segundo. Por lo tanto, para poder efectuar un microanálisis, el investigador debe registrar todo lo que sucede —cada movimiento de las cejas o de las manos, cada cambio en la postura del cuerpo— en los veinticuatro cuadros por cada segundo de película. Se registra esto mediante el sistema de anotaciones descrito, en enormes hojas de papel cuadriculado. El resultado es algo parecido a la partitura de un director de orquesta. Birdwhistell me confesó que tarda una hora en analizar un segundo de película, y comentó: “Cierta vez noté que en una tarde había mirado dos segundos y medio de película mil ocho veces”.

Una vez terminado el trabajo escrito, Birdwhistell verifica las regularidades, es decir las pautas que se repiten una y otra vez. Es difícil encontrarlas. En veinte minutos de película las mismas secuencias aparecen cientos de veces. Una de las cosas que más llaman la atención sobre el movimiento del cuerpo humano es justamente la frecuencia en las repeticiones.

El significado del mensaje está contenido siempre en el contexto, y jamás en algún movimiento aislado del cuerpo. Por ejemplo, en la película que describimos al comenzar el capítulo, podría caerse en la generalización de que frotarse la nariz siempre representa un gesto de desaprobación. La realidad es que puede serlo o no serlo. No obstante en este caso particular resulta claro que la forma de interpretarlo es correcta; en la película era una parte de la pauta que se repetía una y otra vez. Cada vez que la hija hacía un movimiento seductor, la madre se pasaba el dedo debajo de la nariz y la hija cesaba en su intento.

Nunca lograremos tener un diccionario sobre gestos inconscientes, porque el significado de ellos debe buscarse siempre solamente dentro del contexto general. No podemos afirmar que si una mujer se sienta entrelazando los brazos y cruzando fuertemente las piernas, indefectiblemente expresa que es inalcanzable. Con frecuencia suele ser así, pero para estar seguros debemos estudiar el contexto, estudiar qué otros movimientos realiza con el cuerpo, quiénes la rodean, y muchos otros detalles.

Los hallazgos de Birdwhistell, luego de largos años de investigar la cinesis, cubren una extensa gama que va desde el descubrimiento de todas las categorías de movimientos que ocurren en un minuto y que acompañan a la palabra hablada, hasta una larga lista de observaciones sobre psiquiatría, sobre signos genéricos, y sobre relaciones humanas en general. Descubrió por ejemplo que existen mini movimientos que son tan inseparables de la palabra como es la puntuación en una frase escrita. Encontró que los norteamericanos suelen terminar una aseveración dejando caer levemente la cabeza, una mano o tal vez los párpados. Del mismo modo, al efectuar una pregunta, levantan una mano, el mentón, o abren los ojos de una manera exagerada.

Algunas palabras y frases van acompañadas de “marcadores” definidos, especialmente pequeños movimientos de cabeza, de ojos, de manos, de dedos o de hombros. Para los pronombres “yo”, “mío” y “nosotros” como así también para “éste” o “aquí” el marcador es un movimiento hacia el cuerpo de la persona que habla. Para los pronombres en plural, el gesto concluye con un giro mínimo para significar la presencia del plural. Si se utilizan los hombros, se los encorva o se los estrecha en dirección de una línea vertical imaginaria que pasa por el centro del cuerpo. Para los pronombres “tú”, “ellos” y “eso” el marcador se aleja de dicha línea. Al emplear los verbos en tiempo futuro se nota un marcador que indica hacia adelante; si se trata de verbos en pasado, por el contrario, el movimiento es hacia atrás. Todo esto nos parece tan lógico que nos sorprende descubrir que para otras personas —por ejemplo algunas tribus de indios norteamericanos estos marcadores resultan confusos u ofensivos, al emplearlos combinados con sus propios dialectos.

Otro descubrimiento importante corroborado en numerosas películas es que, algunas veces, el comportamiento no verbal contradice lo que se está expresando en un momento dado en lugar de subrayarlo. Un hombre considerado básicamente un pacífico hombrecillo —al que Birdwhistell califica de “masculinoide”— algunas veces trata de imponer toda la autoridad de que es capaz en lo que dice y en el tono de voz que emplea, mientras que por la manera de mantener el cuerpo agachado, y por la indecisión de los gestos, resulta tan poco convincente como siempre. Algunas veces podemos observar parejas que realizan el repertorio entero de gestos usuales en el galanteo, mientras están enfrascadas en una discusión intelectual sobre literatura, o hablan de la respectiva fidelidad que les guardan a sus cónyuges. A la inversa, un diálogo fuertemente sexual puede no estar acompañado por el comportamiento del galanteo. En casos como éste, la gente se siente más inclinada a creer en la presencia del componente no verbal, puesto que es más probable que éste se encuentre bajo control.

Inevitablemente la investigación de la cinesis abre ciertos interrogantes. ¿Cómo un movimiento, del cuerpo puede comunicar si es tan mínimo e imperceptible que pasa inadvertido en la vida diaria y sólo cobra significado al observarlo en cámara lenta? ¿La cámara lenta distorsiona la vida real? ¿Es posible que los especialistas en cinesis den por sentado movimientos que en realidad no existen?

Resulta difícil creer que la gente pueda enviar y recibir mensajes, aun no-verbales, sin ser consciente de que lo está haciendo. Pero hay demasiadas coincidencias cuando una secuencia de conducta se repite una y otra vez, como en el caso de la película de la señora que se frota la nariz y siempre obtiene el mismo resultado. Tal vez, en el fenómeno normal de la atención exista una explicación biológica parcial.

Los científicos están tratando aún de descifrar el misterio de la atención, el sistema de filtro del cerebro humano que selecciona entre el vertiginoso caleidoscopio de sensaciones que recibimos —visiones, sonidos, etc.—, las particulares, aquellas a las que el individuo presta atención, piensa sobre ellas y tal vez actúa de acuerdo con ellas. Obviamente vemos y oímos mucho más de lo que “absorbemos” —en el sentido de que somos conscientes de ello—. Interrumpa la lectura un momento y trate de registrar todos los sonidos que ha excluido mientras leía; todo lo que ha dejado de ver y que sin embargo se encuentra al alcance de su vista; todas las sensaciones —el respaldo del asiento contra su espalda; los pies sobre el suelo— que usted ha estado ignorando. Las señales de las que no estamos conscientes, las que no llaman nuestra atención momentánea, aparentemente son debilitadas por el filtro o absorbidas, pero no analizadas. No obstante poseen su impacto a un nivel subliminal y la investigación de la comunicación humana hace hincapié continuamente en este punto.

Birdwhistell resumió para mí su particular punto de vista sobre la comunicación humana de la siguiente manera:

“Hace muchos años comencé a preguntarme: ¿Cómo hacen los movimientos del cuerpo para representar las palabras? Ahora me pregunto: ¿Cuándo resulta apropiado el empleo de las palabras? Son muy adecuadas para enseñar o para hablar por teléfono, pero en este instante usted y yo nos estamos comunicando en muchos niveles diferentes, y solamente en uno o dos de ellos las palabras poseen alguna relevancia. Actualmente mi planteo es diferente: El hombre es un ser multisensorial. Algunas veces se expresa con palabras.”

EL CUERPO ES EL MENSAJE

Una de las teorías más asombrosas que han propuesto los especialistas en comunicación es la noción de que algunas veces el cuerpo se comunica por sí mismo, no sólo por la forma en que se mueve o por las posturas que adopta. También puede existir un mensaje en el aspecto del cuerpo en sí, y en la distribución de los rasgos faciales. Birdwhistell cree que el aspecto físico muchas veces concuerda con las pautas culturales.

Birdwhistell considera que nosotros “adquirimos” nuestro aspecto físico; y no que hemos nacido con él. Cuando una criatura es pequeña, sus rasgos suelen ser suaves y poco definidos; una naricita arriba de una boquita, ansiosa y casi sin labios; una carita que es todo mejillas y ojos, y que potencialmente puede tomar cualquier rasgo. Hasta las cejas están sujetas a cambios puesto que son móviles y sólo gradualmente adoptarán su posición definitiva a una cierta distancia de los ojos. La distancia exacta es algo que el bebé aprende de los que lo rodean: la familia y las amistades. Birdwhistell dice que esto contribuye a explicar la razón por la que la gente de ciertas regiones se parece tanto entre sí, cuando no se trata de genes compartidos. El nivel de las cejas puede ser una característica distintiva. Hay personas que tienen las cejas muy juntas, mientras que otras —por ejemplo, algunos ingleses de clase alta— las tienen ubicadas tan arriba y separadas, que para los nortemericanos parecen tener un aire de perpetuo asombro.

La línea del cuero cabelludo tampoco se define al nacer sino más tarde, lo que indica que la frente amplia también es un rasgo adquirido. Por lo general, la parte superior de la cabeza alcanza su madurez antes que la inferior. La base de la nariz se eleva entre los nueve y los once años de edad, y debido a que los seres humanos poseen dos juegos de dientes —los “de leche” y los permanentes— la boca recién suele adoptar su forma definitiva más tarde aún, con frecuencia después de la pubertad.

De la misma manera que las personas aprenden a llevar el cuerpo erguido, también aprenden la forma de mantener la boca, y de este detalle depende mucho su aspecto general. A Birdwhistell le agrada indicar que su propio rostro es “más bien tradicional, típico de los estados del centro, el labio inferior algo grueso, las arrugas de alrededor de los ojos muy marcadas y una mala obstrucción bucal”. Realiza una fascinante transformación de su boca, apareciendo con el labio delgado de los habitantes de Nueva Inglaterra, y luego imita a los del oeste del Estado de Nueva York, que tienen el labio inferior proyectado levemente hacia adelante y algo por encima del superior.

No resulta sorprendente que Birdwhistell crea también que, con frecuencia, marido y mujer pueden llegar a parecerse, y que también puede ser cierto que algunos dueños se asemejan a sus perros. El parecido entre marido y mujer es fácilmente inidentificable, si se dejan de lado características como el color del cabello y se observa la expresión de la boca y de los ojos.

Estas teorías acerca del rostro resultan algo inquietantes para las personas que ponderan los parecidos familiares. Desbaratan la vieja costumbre de tratar de decidir a qué lado de la familia se parece un niño y provocan algunas preguntas interesantes como por qué algunos niños se parecen mucho a uno de los progenitores y no al otro, aun cuando el parecido no está basado realmente en la estructura ósea. Pero también explican cómo puede suceder que criaturas adoptadas frecuentemente resultan parecidas a sus padres adoptivos. Las agencias de adopción tratan de combinar el parecido físico, pero algunas veces logran un éxito que va mucho más allá de lo imaginable.

La idea de que los esposos pueden llegar a parecerse, también proporciona algunos interrogantes de interés. Una vez estuve en una reunión, en la que había cinco parejas que tenían aproximadamente quince años de casados cada una, y hallé que en cuatro de ellas se notaba un fuerte parecido, mientras que en la quinta, no existía ninguno. No pude dejar de preguntarme la razón. ¿El fuerte parecido entre los matrimonios representará un buen entendimiento, una debilidad de carácter, o algo totalmente diferente?

De cualquier manera, éste no es el tipo de pregunta que suelen hacerse los especialistas en cinesis. Lo real es que el ser humano es un gran imitador, maravillosamente sensible frente a los signos corporales de sus semejantes. El estudio de comunicación lo demuestra continuamente.

No solamente adquirimos nuestro rostro, dice Birdwhisteft quien cree que la belleza o la fealdad, la gracia o la torpeza, también se adquieren. Notó, por ejemplo, que los niños franceses, independientemente de la belleza que pueden haber tenido cuando pequeños, tienen una tendencia a tornarse poco atractivos al llegar aproximadamente a los siete años. Los niños japoneses suelen metamorfosearse, cambiando su aspecto de muñequitas en jovencitos arrugados y tristes que de alguna manera tienen aire enfurruñado. Tal vez en cada cultura, la gente da por sentando que a cierta edad, los niños se transforman por un tiempo en seres menos atractivos.

Es difícil creer que algo tan concreto como el aspecto físico de un niño, puede ser determinado por medio de pautas culturales. Pero aquí los términos “bello” o “feo” no se refieren únicamente a la forma del rostro, o a la posesión de un perfil clásico. Existe una manera primaria de llevar y mover el cuerpo y también el rostro; los músculos faciales pueden parecer vivaces, laxos o forzadamente tensos. Estos atributos no son biológicos; son respuestas —como lo prueban los estudios de cinesis sobre el galanteo—, respuestas a otras personas, a necesidades interiores, y también en un nivel de largo alcance temporal, a expectativas culturales.

La sociedad nos indica quién es agraciado y quién no, lo que constituye gran parte del síndrome de la belleza. En la generación anterior a la nuestra, un muchacho que midiera más de un metro ochenta era considerado extremadamente alto y se suponía que era desgarbado. Las expectativas han variado y en nuestros días, los jóvenes altos se consideran atrayentes. Entre las mujeres, las niñas de huesos pequeños generalmente alcanzan la madurez más temprano, y como aprenden en la adolescencia a ser graciosas, podrán sentirse más maduras que sus amigas más altas que parecen delgadas, desgarbadas y muy jóvenes para su edad. Con asombrosa frecuencia, la chica alta se vuelve hermosa al llegar a los treinta años, que es justamente cuando sus contemporáneas pequeñas comienzan a tener problemas, porque su única alternativa —según las expectativas sociales— es que siga aparentando tener menos de veinte años o que comience a engordar para pertenecer al tipo de matrona.

El aspecto del cuerpo es otra característica física que puede ser programada culturalmente. Es una cuestión de moda y las modas cambian.

Los rostros que adquirimos y la manera de llevar nuestros cuerpos no solamente tienen el sello de nuestra cultura, sino que al mismo tiempo poseen nuestro propio sello. Es una de las formas que tenemos para indicar a la sociedad si merecemos o no su aprobación. El chico atractivo y vivaz tendrá más atención y oportunidades que otro que no lo es tanto. Pero no todos quieren sobresalir y triunfar, porque generalmente esto entraña nuevas responsabilidades que atemorizan a mucha gente. Al no ser tan atractivas, algunas personas procuran eludir determinadas responsabilidades. También pueden castigarse a sí mismas, a sus padres o a sus cónyuges. La obesidad, por ejemplo, puede ser un autocastigo; puede representar una forma de aislarse de los requerimientos sexuales y algunas personas se sienten más seguras y dominantes cuando tienen mayor tamaño.

El mensaje que se transmite por el aspecto personal no es sólo el que se refiere a la persona en sí sino también a lo que ella expresa. Un acalorado discurso político pronunciado por un hombre de mirada apagada, de rostro de rasgos caídos y de posición corporal incorrecta, no resulta atractivo. El orador nos indica con su aspecto que no tenemos necesidad de prestarle atención, ya que nada interesante tiene que decir.

Los estudios de Birdwhistell sobre la belleza o la fealdad, su aseveración acerca de que “adquirimos nuestros aspecto”, constituye un nuevo enfoque sobre la apariencia personal.

La belleza toma otro cariz si aceptamos el hecho de que nuestro aspecto irradia un mensaje. Este mensaje puede estar dictado en parte por la sociedad, pero no puede descartarse, como muchos creen, como una cuestión de herencia o de suerte.

EL SALUDO DE UN ANTIGUO PRIMATE

En los comienzos de la raza humana, antes de la evolución del lenguaje, el hombre se comunicaba en la única forma en que era capaz de hacerlo: no verbalmente. Los animales continúan comunicándose de este modo y muchos de ellos son capaces de intercambiar información en una medida mucho mayor de lo que se hubiera creído posible hasta hace muy poco tiempo. En cierta forma, el comportamiento no verbal de los seres humanos es notablemente parecido al de los animales, especialmente al de los viejos primates. Nos comunicamos algunas cosas en la misma forma que los animales; pero desde la aparición de la palabra no somos conscientes de que lo hacemos.

Los etólogos han comenzado recientemente a estudiar, a analizar y a comparar los sistemas de comunicación de los hombres y de los animales. Sus métodos y sus descubrimientos tienen cada vez más influencia sobre otros científicos, dedicados al estudio de la comunicación no verbal. Se ha sugerido inclusive, que este campo debería llamarse “etología humana”.

El etólogo es esencialmente un biólogo que se interesa especialmente en el comportamiento que lleva al animal a adaptarse al medio ambiente, incluyendo el entorno social que comprende a otros miembros de las especies. Cuando un etólogo vuelca su atención en el ser humano se pregunta: ¿Hasta qué punto puede comprenderse el comportamiento del hombre como un producto del proceso de la evolución?

La mejor manera de estudiar la evolución del comportamiento del ser humano es comparar las actividades del hombre con las de sus parientes más próximos en la escala zoológica: los monos y los simios. Tenemos bastantes conocimientos acerca de la organización social de los primates, su ecología y sus formas de comunicación. Sorprendentemente poseemos una escasa información similar sobre el hombre. Han sido estudiadas exhaustivamente sus instituciones, su lenguaje, sus procesos mentales superiores, pero sabemos muy poco respecto a su comportamiento: cómo galantea a su pareja, forma una familia, educa a sus hijos y enfrenta a sus semejantes.

Al encarar el comportamiento humano, el etólogo procura describir las actividades de todos los días. Le interesa particularmente encontrar cuáles son las pautas de comportamiento universales del género humano, pues piensa que éstas son las formas más antiguas, y los posibles orígenes que guían las pautas del comportamiento del hombre primitivo o incluso del homínido. Algunas expresiones faciales podrían estar precodificadas en los genes que determinan la estructura del cerebro, y en consecuencia determinar un eventual comportamiento. Cuando las actitudes universales del hombre se encuentran también en los primates inferiores, se considera que constituyen una evidencia adicional de su naturaleza hereditaria. No obstante, otras pautas universales pueden ser determinadas por la anatomía humana. Se ha establecido, por ejemplo, que el signo simbólico de la comida es universalmente el gesto de llevar la mano a la boca. Pero, como para todos los seres humanos la mano y la boca están inevitablemente involucradas en el acto de comer, este gesto que podría ser hereditario, es probable que sea simplemente determinado por razones anatómicas.

Estudios recientes acerca de la forma de saludarse nos proporcionan llamativos ejemplos de ciertas pautas de conducta que comparten el hombre y el simio. Según parece, los animales salvajes se saludan entre sí y los simios lo hacen mediante gestos similares a los del hombre. Jane Goodal, la famosa etóloga que convivió con chimpancés en la selva durante largos períodos, narra que éstos algunas veces se abrazan y se besan, y hasta llegan a rozarse los labios. También se hacen reverencias, se estrechan las manos, y se los ha visto palmeándose la espalda en un típico gesto de bienvenida.

Los otólogos creen que entre los animales el saludo constituye una ceremonia de apaciguamiento. Cuando dos de ellos se aproximan siempre existe el peligro de un ataque físico; por lo tanto uno o ambos harán un gesto de apaciguamiento para demostrar que no existe una intención agresiva. Cualquier persona que dude que el saludo cumple, una función similar entre el género humano, que trate de no saludar a sus amigos y parientes durante una semana. Constatará rápidamente que florecen los sentimientos heridos, el resentimiento y el enojo. Cuando los seres humanos se saludan inclinando la cabeza, posiblemente están indicando cierta sumisión, similar a la que efectúan los chimpancés. El gesto de inclinar la cabeza se encuentra en muy diversas culturas, tal como la presentación de la palma de la mano.

El etólogo austriaco Irenaus Eibl-Eibesfeldt considera que algunas facetas de las pautas del saludo son realmente universales. En todas las culturas que ha estudiado, comprobó que los amigos, al avistarse a la distancia, se sonríen, luego si se sienten de buen humor hacen un rápido movimiento de cejas —lo denomina un “flash”— e incluso inclinan la cabeza. Filmó este tipo de comportamiento entre los papuanos que aún viven como en la edad de piedra, y cuyo primer contacto con las patrullas gubernamentales ha sido tan reciente, que es poco probable que hayan tenido posibilidades de haberlo adquirido.

¿Cómo puede explicarse que el saludo sea al mismo tiempo universal a toda la humanidad, y específico de cada cultura? La respuesta surge si consideramos al saludo no como un acto aislado, sino como una secuencia de actos. La sonrisa y el “flash” de las cejas ocurren a distancia, mientras que el tironeo de las orejas, el rozar de las mejillas u otro gesto suceden cuando se está cerca. En realidad, un análisis cinético sobre el saludo ha diferenciado cinco etapas sucesivas: avistarse y reconocerse; un saludo a la distancia con un movimiento de la mano o el “flash” de las cejas; el acercamiento; un saludo más próximo, como el beso, y finalmente la separación momentánea.

Algunas veces puede variar el orden. Se avista a una persona; se la reconoce; se la aproxima y luego se la saluda con la mano, por ejemplo. Otras veces, sucede que los individuos ya están próximos y se reconocen; aun en esos casos, realizan algo como unos pasos de danza, alterando sus posiciones y posturas durante una etapa de aproximación estacionaria. Pero la secuencia del saludo inevitablemente termina con un movimiento de retroceso y la forma en que éste se realiza puede ser significativa. Ambos individuos pueden girar sus cuerpos al separarse, o pueden permanecer enfrentados; también uno de ellos puede darse vuelta mientras el otro permanece de frente. Estos pequeños detalles probablemente nos den un índice de la cordialidad de la relación —el darse vuelta obviamente indica menos cordialidad que el permanecer de frente—. Aparentemente, por la forma de saludarse, la gente deja traslucir el tipo de relación que ha tenido en el pasado o tal vez el que espera tener en el futuro.

El análisis del saludo que hemos descrito fue efectuado por el doctor Adam Kendon, un psicólogo con inclinaciones hacia la etología del comportamiento humano. Kendon trabaja en el Hospital Estatal de Bronx, en Nueva York, y sus estudios sobre el saludo fueron realizados en colaboración con el doctor Andrew Ferber, especialista en terapia familiar del mismo hospital.

Kendon nos previene que este estudio no es “el verdadero evangelio del saludo”, ya que se basa en el análisis de una sola película. No obstante la película es fascinante. Comprobé esto mientras la miraba, y escuchaba al doctor Kendon que decía que lo que estaba sucediendo era como observar el comportamiento de animales poco familiares.

La película fue tomada en una fiesta infantil de un niño de cinco años, en el jardín de su casa. Nos muestra a los padres del niño saludando a visitantes de todas las edades, que llegaban solos o en grupos. En total, contiene setenta saludos separados, y el día que entrevisté a Kendon, estaba ocupado analizándolos, ubicando las cinco etapas y buscando similitudes o diferencias entre un saludo y otro.

En la primera secuencia que Kendon me mostró, pasada en cámara lenta, las etapas se notaban claramente. Primero el encuentro visual. Una mujer vestida con un solero floreado, sentada bajo un árbol, se estiró tratando de ver quién llegaba. Luego se puso de pie sonriendo pero mostrando solamente los dientes superiores. La sonrisa “superior”, como la denominan ahora algunos etólogos británicos, se empieza a identificar como la típica sonrisa de bienvenida.

La mujer avanzó al encuentro de los invitados, siguiendo la etapa de aproximación. Visto en cámara lenta, parecía deslizarse sobre el suelo, suavemente como un globo, con el largo cabello notándole por detrás. Exclamó “Hola” con la cabeza hacia atrás y luego la bajó esquivando la mirada. Generalmente, me explicó Kendon, esta breve inclinación de la cabeza sigue a un saludo a distancia.

Al acercarse a lo que para ella representaba el límite de su jurisdicción, se detenía y esperaba, lo hacía siempre en ese lugar cuando recibía a los invitados. Como propietaria del terreno, mantuvo la mirada relativamente fija, por lo general sus invitados se le aproximaron desviando los ojos.

Al penetrar en el territorio de otro, me explicó Kendon, rara vez se mira al dueño directamente a los ojos; esto se podría tomar como un desafío.

Inmediatamente antes de llegar hasta la dueña de casa, una invitada inclinó la cabeza visiblemente, gesto tan común en esta etapa, que Kendon lo ha bautizado “corte en la fase previa al saludo cercano”. Luego la invitada levantó un brazo y lo cruzó frente a sí, ladeó la cabeza y sonrió. Un psiquiatra interpretaría el gesto de cruzar el brazo frente a sí como un gesto de defensa y tal vez sea así. A Kendon le intriga especialmente que Jane Goodall haya observado gestos idénticos entre los chimpancés, particularmente en los más subordinados que se aproximan o son aproximados por uno más dominante.

Luego la invitada extendió su mano haciendo un gesto que dejó la palma a la vista y que nuevamente se asemejó mucho al que realizan los chimpancés. El chimpancé de menor jerarquía ofrece la palma lánguidamente, en lo que parece ser un gesto de pedir limosna; mientras que el animal de mayor status la toma firmemente como para brindar confianza.

Ambas mujeres se dieron la mano, y finalmente retrocediendo, giraron sobre sus talones, lo que indicaría, si Kendon y Ferber están acertados, que aquella no era una relación muy cercana.

La película muestra asimismo, que el comportamiento del dueño de casa difiere del de su esposa. Mientras ella toma distancia en la frontera de su territorio, los brazos y los hombros hacia atrás, la cabeza ladeada y sonriente, el esposo avanza hacia los invitados con el cuello extendido y luego levanta los brazos preparando un abrazo de bienvenida; en forma muy especial, levanta los brazos perpendicularmente a su cuerpo, casi como si sus muñecas estuvieran sostenidas por hilos invisibles. Los invitados varones se acercan a él, mantienen sus torsos erguidos, no extienden sus cuellos, y al levantar los brazos para abrazar los mantienen derechos hacia arriba de manera que queden del lado de adentro, y los del dueño de casa del lado de afuera.

“Hasta ahora, éstas son solamente algunas de las observaciones que hemos realizado”, explicó Kendon, “pero nos preguntamos si la escena del dueño de casa recibiendo a sus invitados es una postura dominante, que sólo se ve entre los machos cuando se saludan en su propio terreno”. Cuando observaba las películas, me pareció una conclusión muy lógica. El gesto del anfitrión era expresivo, abierto como corresponde a una persona que se siente segura en su propio terreno. Los gestos de los invitados eran más reservados.

Después que el anfitrión y los invitados intercambian abrazos, retroceden y uno o ambos miran a otro lado. Kendon denomina a esta actitud “el corte” y considera que es una manera de preservar el equilibrio. Cada tipo de relación excepto una muy reciente, tiene su propio nivel de intimidad, y si un saludo sobrepasa la intimidad que corresponde, se necesita algún corte para volver rápidamente al equilibrio normal. Tal vez ésa sea la razón por la que los saludos muy estrechos se hayan transformado en un ritual —darse la mano, rozarse las mejillas— que sustituye entre los norteamericanos a un verdadero beso en la mejilla. Lo que se transforma en ritual pierde el aura de intimidad y la connotación sexual.

La película sobre el saludo muestra repetidamente a la gente haciendo gestos para corregir su aspecto personal: alisarse el cabello, acomodarse los anteojos o la ropa. Kendon notó que esto ocurre siempre, inmediatamente antes o después de un encuentro cara a cara, y en general nunca mientras la gente conversa entre sí. Los otros primates se dedican a mejorar su apariencia concienzudamente, limpiándose, tanto entre sí como a sus semejantes. Parte de este proceso sirve para mejorar las condiciones de la piel o del pelo, pero “arreglarse” mutuamente puede ser una manera de hacer sociedad, y hacerlo por sí mismo es algunas veces una “actividad desubicada” dentro del grupo. El animal indeciso entre huir o atacar, se sentará y se rascará furiosamente, o se tirará del pelo con nerviosidad, mientras realiza gestos amenazadores. Los especialistas en comunicación humana sugieren que cuando nos rascamos en público, difícilmente sea porque nos pique y la serie de gestos que realizamos para tratar de mejorar nuestro aspecto, realmente no persiguen ese fin. El significado exacto de estos gestos varía según la situación. El arreglarse, por ejemplo, puede implicar una introducción al galanteo como ya hemos visto. Pero muy frecuentemente, parece reflejar en los primates inferiores, alguna tensión interna que no tiene otra salida posible en ese momento. La mayoría de los encuentros entre seres humanos no sólo comienzan con un saludo, también terminan con una despedida. La gente vuelve a aproximarse y realiza otro ritual de despedida. Los etólogos sugieren que como en el caso de la bienvenida, se trata de un gesto de apaciguamiento. Durante un encuentro, todos están presumiblemente ocupados en lo que acontece, pero al separarse, podrán liberarse agresiones contenidas. De cualquier manera, no hay nada más vulnerable que un individuo en retirada. En algunas sociedades, al alejarse de la presencia del rey, los súbditos retroceden inclinándose e incidentalmente protegiendo sus espaldas.

Los seres humanos pueden apaciguarse con palabras o gestos, lo que dicen los tranquiliza mutuamente. De cualquier modo, no vivimos con la sensación de que estamos en presencia de un peligro físico cada vez que nos encontramos cara a cara con otra persona. Pero al escuchar a los etólogos y al observar la película de Kendon, uno se pregunta si en algún profundo nivel inconsciente no mantenemos la precaución física que hemos heredado de nuestros antecesores.

Algún día un investigador realizará un análisis de las despedidas, similar al que se ha hecho de las bienvenidas. Esto brindaría las respuestas a algunas intrigantes preguntas.

En sus estudios sobre el comportamiento en menor escala, el saludo, los etólogos hacen una contribución distintiva para la investigación de la comunicación no verbal. Su trabajo ha influenciado el pensamiento de casi todos los investigadores en este campo. Muchos científicos acostumbran comparar los descubrimientos sobre la comunicación humana con la comunicación animal.

EL ROSTRO HUMANO

Una estudiante de enfermería está sentada en una habitación a oscuras, mirando esa clase de película que se considera digna de una pesadilla. En la pantalla se ve un ser humano que tiene la cara y el cuerpo horriblemente quemados mientras soporta el agónico dolor ocasionado cuando le arrancan diferentes capas de piel.

La chica no está sola durante el experimento. Hay otra mujer encargada de entrevistarla, que está sentada en el otro extremo de la habitación, enfrentando una pared blanca. Ha sido ubicada en ese lugar pues desde allí no puede ver ni a la estudiante, ni a la pantalla.

El dramático filme continúa y la chica se revuelve en el asiento, mientras los segundos transcurren lentamente y en silencio. Luego, por fin aparece un subtítulo en la pantalla: las instrucciones. Debe describir la película, falseando la verdad, como si hubiera estado viendo flores, o niños jugando en un parque. Se oye el ruido de roces de ropa, una silla que se corre y finalmente la mujer que la entrevista, respondiendo a una señal, se da vuelta y enfrenta a la estudiante. La chica finge una sonrisa valiente y comienza: “Debe ser primavera; nunca he visto tantas flores hermosas”.

Este ingenioso experimento fue ideado por Paul Ekman, joven, dinámico, muy conocido, y probablemente el más importante en el campo de la comunicación no-verbal.  Otros científicos se refieren casi con veneración a la computadora, combinada con video tape que posee Ekman. Fue diseñada por él mismo y sus colaboradores que sólo tienen que hacerle una consulta —solicitar por ejemplo todo material archivado acerca de gestos de la mano hacia la boca— y en cuestión de segundos éstos aparecen en la pantalla de televisión. Se puede pasar las imágenes más lentamente o detenerlas a voluntad, para estudiarlas en detalle.

El interés de Ekman por la comunicación se remonta a 1953, cuando empezó a buscar una forma de evaluar lo que sucede durante una sesión de terapia de grupo. Se convenció de que lo que se dice durante ella no proporciona ninguna respuesta real, así que comenzó a investigar el comportamiento no-verbal. Desde hace siete años, Wallace Friesen ha estado colaborando con él en todos sus proyectos. A pesar de que han analizado juntos todos los movimientos corporales, se han concentrado especialmente en el rostro.

El propósito que lo llevó a este experimento filmado fue tratar de aprender algo acerca del engaño. Cuando una persona miente, ¿cuáles son en su expresión los detalles mínimos que la delatan? La estudiante de enfermería fue filmada mientras hablaba sobre la película. Había hecho dos sesiones previas en el laboratorio, durante las que le habían mostrado películas bastante inocuas y hasta alegres y se le dijo que las describiera tal como las veía. De esta manera, podrían comparar los movimientos de su cuerpo en ambas sesiones; en la que dijo la verdad y en la que se le pidió lo contrario, para ver si de alguna manera demostraba que estaba mintiendo.

Todas las personas seleccionadas por Ekman para este experimento eran estudiantes de enfermería porque, según él dice “no es la clase de espectáculo que me gusta mostrar a cualquier persona, excepto a alguien que debe acostumbrarse a este tipo de cosas”. La mayoría de las futuras enfermeras mentían apasionadamente porque intentaban no reaccionar visiblemente ante la mutilación física. Los resultados, sin embargo, demostraron que podían catalogarse en tres categorías: algunas eran extremadamente hábiles para fingir. Al principio, el cuidadoso análisis de su comportamiento no dio ninguna clave que indicara que estaban mintiendo. Otras, aparentemente incapaces de mentir, claudicaban rápidamente durante la sesión y decían la verdad. Otras, en cambio, mentían pero no del todo bien. Una pista fueron los gestos. Realizaron menos de los que habitualmente acompañan una conversación: marcar el compás, dibujando figuras en el aire, señalar, dar ideas de dirección o tamaño. En cambio, la mayoría de los movimientos que hicieron tendían a ser nerviosos o sobresaltados: se pasaban la lengua por los labios, se frotaban los ojos, se rascaban, etcétera.

Un análisis preliminar de las expresiones de las chicas sugirió que las claves se hallaban al comenzar, al terminar y durante la sesión. En otras palabras, la mayoría de las personas sabe fingir una expresión alegre, triste o enojada, pero lo que no sabe es cómo hacerla surgir súbitamente, cuánto tiempo mantenerla, o en qué instante hacerla desaparecer. Lo que los novelistas llaman una “sonrisa estereotipada” es un excelente ejemplo de esto.

El hombre es capaz de controlar su rostro y utilizarlo para transmitir mensajes. Deja trasuntar su carácter puesto que las expresiones habituales suelen dejar huellas. El rostro como transmisor de emociones ha interesado a los psicólogos. Con el correr de los años, su interés se ha volcado fundamentalmente en dos aspectos: ¿Trasmite el rostro emociones? Y si es así, ¿el género humano envía y comprende universalmente este tipo de mensajes? En su reciente libro, Emotion in the Human Face, Paul Ekman examina los experimentos realizados sobre el rostro en los últimos cincuenta años, y concluye que, reanalizados y tomados en conjunto, prueban que las expresiones faciales son un índice confiable de ciertas emociones básicas. Para el lego, esto puede parecer como trabajar sobre lo obvio; pero para Ekman es un punto de comprobación muy importante, puesto que gran parte de su trabajo actual está basado en la creencia de que existe una especie de vocabulario facial.

Más de mil expresiones faciales diferentes son anatómicamente posibles. Los músculos de la cara son extremadamente sensibles y en teoría una persona podría demostrar todas las expresiones en sólo dos horas. Sólo unas pocas, sin embargo, poseen un sentido real e inequívoco y Ekman considera que esas pocas se ven en toda su intensidad en la cocina, en el dormitorio o en el baño, puesto que la etiqueta exige que sean controladas en casi todas las circunstancias. (Deténgase a buscar la diferencia entre un verdadero rugido de furia, una exagerada expresión que muestra todos los dientes y que se ve sólo en momentos de emoción extrema, y el controlado gruñido y la boca tensa que son más comunes.)

El problema de Ekman consistió en encontrar un método eficiente de codificar las expresiones. Eventualmente, mientras trabajaba con Wallace Friesen y el psicólogo Silvan Tomkins, encontró una solución ingeniosa. Una especie de atlas del rostro llamado FAST (Facial Affect Scoring Technique). FAST cataloga las expresiones faciales usando fotografías en vez de descripciones verbales, dividiendo el rostro en tres áreas: la frente y las cejas; los ojos; y el resto de la cara: nariz, mejilla, boca y mentón. Para la emoción de “la sorpresa”, FAST ofrece fotografías de frentes fruncidas por encima de las cejas arqueadas; de ojos muy abiertos, y de bocas abiertas en distintos grados en el “oh” de la sorpresa. El que quiera catalogar una expresión facial, podrá comparar el rostro que le interese, área por área, con las fotografías de FAST. No son necesarias las explicaciones escritas.

Ekman está empleando ahora el FAST en una especie de entrenamiento de sensibilidad visual. El objetivo es enseñar a diferentes personas —vendedores, abogados o cualquiera que tenga interés— para que logren reconocer las expresiones faciales en la conversación cotidiana. Ekman comienza enseñando las expresiones básicas; luego las mezcla de manera que mientras un área del rostro denota una emoción, las otras presentan emociones distintas. (Por ejemplo, unos ojos y cejas enojados sobre una boca sonriente.) El mismo efecto se produce cuando las diferentes expresiones se suceden rápidamente. Se producen las mezclas cuando ambas emociones son simultáneas o cuando la costumbre las liga entre sí. Para un hombre, la ira puede estar íntimamente ligada al temor si su propia ira lo asusta; para otro, el temor puede estar ligado a la vergüenza.

Ekman entrena a sus alumnos para que identifiquen las diferentes expresiones, que son fáciles de confundir, como ser la ira o el disgusto, el dolor y la sorpresa, y reconocer las emociones que se han tratado de disimular. La piéce de résistance, sin embargo, es la que enseña a distinguir una expresión honesta de otra que no lo es. Para el entrenamiento se emplean muchas imágenes, tanto en video tape como en fotografías. Luego se les toma una prueba en video tape del experimento del engaño a los que se entrenaron. Al mostrarles las fotografías donde aparecen exclusivamente las cabezas de las enfermeras, por lo general pueden distinguir por su expresión facial cuándo las chicas mienten o cuándo dicen la verdad. Las personas no entrenadas, por lo general, no notan ninguna diferencia.

Es probable que el FAST resulte un instrumento de inmenso valor para los psicólogos que estudian las emociones. Es difícil estar seguro de lo que siente otro ser humano en un momento dado. Se le puede preguntar, pero puede negarse a contestar; puede mentir o tal vez ni siquiera saber qué es lo que siente. En el laboratorio un investigador puede medir el ritmo cardíaco o respiratorio de una persona mediante el sistema GSR (Galvanic Skin Response), pero si bien estos datos indican la presencia de emociones, no logran diferenciar unas de otras. Algunas veces el investigador puede considerar la situación en que se encuentra el paciente, y tratar de adivinar cuál es su verdadera emoción, pero los abismos son obvios.

Antes de que los científicos puedan considerar al FAST como un método seguro, deberá comprobarse que es realmente confiable. Una de las preguntas que podríamos formular es si todas las personas entrenadas en su utilización extraen las mismas conclusiones sobre lo que ven. Los experimentos de Ekman han demostrado que es así. La próxima pregunta es más difícil de contestar. ¿Puede el FAST realmente medir la intensidad del sentimiento de una persona? La dificultad reside, como ya lo hemos mencionado anteriormente, en la imposibilidad de saber con certeza cuáles son los sentimientos de un individuo, puesto que no podemos basarnos exclusivamente en lo que nos dice.

El interrogante sobre las expresiones universales ha preocupado a los investigadores de las expresiones faciales; y durante años, ha habido una polémica entre Paul Ekman y Ray Birdwhistell. Ekman considera que ha probado a través de estudios comparativos entre diferentes culturas, que efectivamente existen gestos universales: los hombres de todo el mundo se ríen cuando están alegres o quieren parecerlo, y fruncen el ceño cuando están enojados o pretenden estarlo. Como ya he dicho, Birdwhistell sostiene que algunas expresiones anatómicas son similares en todos los hombres, pero el significado que se les da difiere según las culturas. Sin embargo, ésta es una opinión minoritaria. (La mayoría de los científicos considera que por lo menos algunas expresiones son universales.)

La prueba más citada por aquellos que creen en las expresiones universales es el estudio realizado en niños ciegos de nacimiento. Se ha observado que todos los bebés realizan una especie de sonrisa a partir de las cinco semanas, aun los ciegos, que de ninguna manera pueden imitar a las personas que los rodean. Los niños ciegos de nacimiento también ríen, lloran, fruncen el ceño y adoptan expresiones típicas de ira, temor o tristeza.

La evidencia de Ekman, por el contrario, se basa en un estudio comparativo entre diferentes culturas que realizó con Friesen. Utilizando fotografías de rostros cuidadosamente seleccionados que muestran claramente las expresiones básicas —alegría, sorpresa, furia, tristeza, desprecio, disgusto o contento—, pidió a personas oriundas de Norteamérica, Brasil, Japón, Nueva Guinea y Borneo que identificaran las distintas expresiones, y la mayoría de ellas lo logró sin diferencias apreciables. Incluso tuvo éxito con la tribu neolítica Fore de Nueva Guinea, que ha estado aislada del resto del mundo hasta hace tan sólo doce años. Mientras Ekman realizaba sus estudios en las selvas del Pacífico Sur y en universidades norteamericanas, otro psicólogo, Carrol Izard, investigaba entre diez culturas alfabetizadas logrando el mismo resultado positivo.

Ekman, sin embargo, no pretende que la sonrisa de un Fore es un gesto invariable de placer. (En todas las culturas existen lo que él denomina “reglas demostrativas”, que definen cuáles son las expresiones apropiadas a cada situación. Estas reglas pueden exigir que una expresión sea disimulada, exagerada, ocultada o tal vez suprimida por completo. Y cada cultura cuenta además, no solamente con sus propias reglas, sino con sus propios estilos faciales, Los italianos, cuyo comportamiento facial es extremadamente volátil y expresivo, suelen encontrar difícil de sondear el rostro parco de los ingleses.)

Las reglas demostrativas fueron comprobadas con claridad en un experimento realizado recientemente por Ekman en Norteamérica y en el Japón, donde la etiqueta exige una sonrisa en casi todas las situaciones. El entorno elegido por Ekman era idéntico en ambos lados del Pacífico. Los individuos seleccionados estaban sentados a solas en una habitación para observar una película del tipo de la que se les mostró a las aspirantes a enfermeras, sólo que algo menos impresionante. Mientras la observaban, fueron filmados y grabados sin tener idea de que esto estuviera sucediendo. Luego penetró en la habitación un hombre para entrevistarlos, japonés en el caso del Japón y norteamericano en el otro. Se solicitó a cada una de las personas que describiera lo que había visto. Mientras observaban la película, japoneses y norteamericanos habían mostrado las mismas reacciones faciales, moviendo los mismos músculos faciales en iguales situaciones. Durante la entrevista los norteamericanos continuaron reaccionando visiblemente, recorriendo toda la gama de expresiones de sorpresa y de desagrado; en cambio los japoneses describieron lo que habían visto con una amable sonrisa en el rostro. De tanto en tanto, cuando miraban hacia otro lado tratando de organizar sus ideas, se notaba un relampagueo fugaz de emoción, de desagrado o de enojo, que solamente podía captarse al pasar la película en cámara lenta.

El concepto de Ekman acerca de las reglas demostrativas y la admisión por parte de Birdwhistell de que desde el punto de vista anatómico existen realmente expresiones universales, parecen aproximar ambos polos de esta polémica, a pesar de que los puntos de vista y los métodos de investigación empleados son muy diferentes. Lo que para Birdwshistell es una evidencia, para Ekman es meramente anecdótico. Por su parte, Birdwhistell considera que los experimentos realizados en laboratorios son a menudo artificiales, planeados y no guardan relación con la vida real.

La pregunta lógica que surge es: ¿si verdaderamente hay expresiones faciales universales para el género humano, cómo se desarrollaron?

Charles Darwin comenzó la investigación en 1872 con su libro The Expresión of the Emotions in Man and Animáis. Comparó las expresiones faciales de un determinado número de mamíferos, incluido el hombre, y sugirió que todas las expresiones humanas primarias podían remontarse hasta algún acto funcional primitivo. El gruñido de furia, por ejemplo, puede provenir del acto de enseñar los dientes antes de morder.

La evolución de la sonrisa es más difícil de explicar y se ha aventurado una serie de teorías diferentes. Richard Andrew, por ejemplo, parte del hecho de que algunos primates, al verse amenazados, emiten un agudo grito de protesta, ruido característico producido con los labios estirados hacia atrás, en lo que parece una sonrisa. Los monos Rhesus hacen también esto y algunas veces emplean esa mueca defensiva-amenazante pero sin molestarse siquiera en emitir sonido alguno. El hombre suele emplear una sonrisa defensiva como gesto de pacificación. Pensemos en el invitado que sonríe avergonzado cuando llega tarde a una cena. Por más débil que parezca su sonrisa es un importante paragolpes que amortigua la agresión, ya que la sonrisa constituye un medio de comunicación sutil, pero vital entre los seres humanos. Existen diferentes historias de guerra que narran cómo un soldado preparado para el combate, al sorprender al enemigo, fue literalmente desarmado por éste con una sonrisa o el ofrecimiento de algo para comer.

La sonrisa de verdadero placer es más difícil de explicar que la sonrisa defensiva, pero Andrew sugiere que puede provenir de la mueca que efectúan automáticamente muchos mamíferos, incluso el hombre, cuando se sobresaltan. Aquella mueca de sorpresa podría haber evolucionado hasta transformarse en una amplia sonrisa de placer; el humor de los adultos depende del factor sorpresa.

En 1966, dos psicólogos, Ernest Haggard y Kenneth Isaacs informaron que mientras pasaban en cámara lenta películas de psicoterapia, habían notado expresiones en el rostro de los pacientes que aparecían por un instante para volver a desaparecer inmediatamente en una fracción de segundo. Las expresiones no eran visibles al pasar la película a velocidad normal; al pasarla nuevamente en cámara lenta, a más o menos un sexto de la velocidad normal, podían ser detectadas en la mayoría de la gente. Estudios posteriores revelaron que estas fugaces expresiones eran reveladoras. Se notó que generalmente ocurrían en pacientes con conflictos. “Yo no estaba enojado”, diría al mismo tiempo que se lo veía momentáneamente muy molesto. Por lo general las personas no tenían escapatoria al enfrentar las expresiones faciales que las ponían al descubierto. Mientras que un paciente comentaba cuánto apreciaba a otra persona, su expresión solía pasar vertiginosamente del placer a la ira y nuevamente al placer. Haggard e Isaacs sugirieron que estas expresiones, que denominaron “micromentarias” o “micros”, no constituyen de por sí mensajes, conscientes o inconscientes sino que son filtraciones de sentimientos verdaderos. En realidad, pueden servir como una válvula de escape que permite a una persona expresar, aunque sea muy brevemente, sus impulsos o sentimientos considerados inaceptables.

Estas diferencias individuales en la percepción fueron claramente demostradas en un experimento realizado por Paul Ekman. En éste, su primer ensayo sobre investigación de expresiones micromentarias, exhibió una película a un grupo de estudiantes universitarios y de enfermeras que incluía varios micros. Los estudiantes no lograron captar los micros cuando la película fue proyectada a velocidad normal, pero sí cuando se la pasó en cámara lenta. En cambio las enfermeras, que tenían aproximadamente diez años de experiencia, descubrieron los micros durante la proyección a velocidad normal.

Al partir de esta base, Ekman comenzó a estudiar los micros mediante un taquitoscopio, aparato que puede reproducir fotografías sobre una pantalla a velocidades que llegan a un centésimo de segundo. Cuando pasaba sus fotografías de rostros a velocidad máxima, las personas insistían en que no veían absolutamente nada.

El experimento con el taquitoscopio es mi juego de magia preferido, dice el doctor Ekman. Usted se lo muestra a una persona y ella pensará que está mirando una pantalla en blanco. Entonces hará lo que ella insiste que son conjeturas y luego usted le explica. “Ahora le probaré que la mayor parte de lo que dijo era acertado”. Lee sus primeras diez respuestas y ella quedará asombrada.

Todos poseemos un aparato de percepción capaz de descifrar rostros a una velocidad de un centésimo segundo, lo que ofrece un interrogante de especial interés: ¿por qué no lo empleamos? Yo pienso que sistemáticamente le enseñamos a la gente desde su infancia a no prestar atención a las expresiones faciales mínimas, porque son demasiado reveladoras.

Obviamente, esta enseñanza se efectúa de manera subconsciente. En cierta forma, el taquitoscopio representa la imagen bastante real de un rostro, puesto que las expresiones faciales pueden variar en sólo medio o un cuarto de segundo, y siempre están relacionadas con las expresiones que las preceden y las que les siguen, acompañadas además de una serie de palabras y de movimientos corporales que distraen la atención. El ojo humano tiene que ser muy veloz para captarlas, y un rostro proyectado por el taquitoscopio es quizás más cercano a lo que se nos presenta en la vida real que las fotografías que podemos estudiar con tiempo.

En el transcurso de sus experimentos con el taquitoscopio el doctor Ekman descubrió un fenómeno muy interesante. Aproximadamente la mitad de las personas entrevistadas perdían continuamente una emoción. Cada individuo parecía tener un punto débil particular. Lograba captar casi todo correctamente pero pasaba por alto las imágenes de rostros que demostraban ira o desagrado. Siempre se trataba de una expresión desagradable; ninguno pareció pasar por alto la alegría. Obviamente, había un mecanismo de bloqueo subconsciente, y parecía estar relacionado con la personalidad del individuo y con el humor en que se hallaba en ese momento.

Ekman investigó este bloqueo en mayor profundidad en otro estudio preliminar en que examinó a treinta individuos mediante el taquitoscopio, y luego les brindó la oportunidad de relajarse tomando un trago y fumando un cigarrillo. Diez de ellos tenían una proporción mucho mayor de alcohol en su bebida; otros diez fumaron cigarrillos de tabaco mezclado con marihuana; y el resto tomó bebida sin alcohol y fumó cigarrillos comunes, un doble efecto de placebo. Cuando todos los individuos volvieron a ser sometidos a la prueba del taquitoscopio, el último grupo reaccionó en forma similar a la inicial. El grupo alcohólico tuvo mayor dificultad para reconocer todas las emociones, excepto la de desagrado, y en ésta, parecían ahora mucho más precisos. Pero lo que más interesó a Ekman fue la reacción del grupo que había fumado marihuana, ya que es creencia popular que su uso acrecienta notablemente la sensibilidad. En realidad, el grupo se comportó notablemente peor en el reconocimiento de la tristeza, del temor y de la ira. Ekman recalca que éste fue un estudio preliminar. No estaba investigando los diferentes estados de ánimo —tanto la marihuana como el alcohol producen efectos totalmente diferentes según las circunstancias—, así que trató de intensificar el estudio de las reacciones.

La mayoría de los investigadores dedicados al estudio de la comunicación no-verbal que conocí, consideran que realizan trabajos científicos básicos y creen que aún falta mucho tiempo para que se pueda dar una aplicación práctica a su trabajo. Sin embargo, Paul Ekman piensa que los estudios de la comunicación no-verbal serán un “campo muy candente” durante unos años, hasta que se logre develar los interrogantes fundamentales. En cuanto a su aplicación práctica, predice que se emplearán en muchos estudios psicológicos sobre la emoción, utilizando como parámetro la expresión facial.

Ekman considera asimismo que no habrá grandes progresos relacionados con la psicoterapia, puesto que los terapeutas ya están empleando los conocimientos existentes sobre la comunicación; piensa además que surgirá una tremenda explotación comercial.

Puedo prever la aparición de institutos dedicados a entrenar vendedores y aspirantes a diferentes puestos. También creo que se empleará la observación de las expresiones faciales durante las entrevistas de personal.

Pienso que la medida de las expresiones se utilizarán para probar la reacción ante distintas propagandas comerciales; ya he sido abordado a ese respecto. No he aceptado. Creo que veremos un creciente entrenamiento del comportamiento facial de los empleados en todo el mundo de los negocios. Considero que es posible enseñar a las personas para que aprendan a engañar mejor.

Algunas de estas predicciones no son muy halagüeñas, pero cuando así se lo comenté, Ekman me dijo que en cuanto la comunicación no-verbal pase a ser parte del conocimiento popular, comenzará a cambiar. En cuanto se publiquen estudios que describan las formas en que la gente disimula que está fingiendo, esas maneras comenzarán a desaparecer para dejar lugar a otras. Esto presenta un nuevo problema para los investigadores de ciencias sociales. Sus estudios sobre el comportamiento pueden precipitar cambios de conducta que a su vez quitarán validez a sus investigaciones anteriores.

La idea de que exista una persona para entrevistar al personal que esté entrenada para registrar expresiones faciales, es algo escalofriante y nos recuerda el 1984 de George Orwell, donde un hombre cometió un “crimen facial” cuando su rostro dejó traslucir que estaba imaginando pensamientos prohibidos. Al explicar a la gente que los movimientos corporales producen una comunicación, ésta se siente desamparada, expuesta y al descubierto aun en completo silencio; después de todo, uno puede negarse a hablar, pero es difícil permanecer inmóvil y sin tensar un solo músculo. Freud escribió: “Aquel que tenga ojos para ver y oídos para escuchar, podrá convencerse de que ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios mantienen silencio, conversará a través de las puntas de sus dedos; la traición brotará de todos sus poros. Una vez oí que un hombre le dijo a una mujer: ¿Te has dado cuenta de que acabas de cruzar las piernas y los brazos al mismo tiempo? Obviamente te has puesto a la defensiva”. Ésta es una irrupción en la intimidad, tan incorrecta como leer o discutir la correspondencia ajena.

Mucha gente se sentirá menos feliz ante la perspectiva de vivir en un mundo en el que algunas personas aprenden a leer el rostro, y otras a mentir con la expresión facial. Sin embargo, este proceso cultural, que es una especie de “diente por diente”, es probablemente tan antiguo como la humanidad misma; un hombre aprendía a usar la lanza; otro inventaba el escudo; el primero mejoraba la lanza y así sucesivamente.

De cualquier manera, yo considero que los beneficios potenciales de esta ciencia sobrepasarán en mucho las mínimas deficiencias que provengan de su uso indebido. Ya que, a medida que las personas se vuelvan más conscientes de sus rostros, ¿cómo podrán dejar de sentirse más próximas a los sentimientos de los demás? Marido y mujer, paciente y terapista, podrán interpretarse mejor uno al otro y captar más rápido la desazón, la ira o el placer para determinar con más claridad la impresión que causan en el otro.

Si al mismo tiempo, las personas se tornan más responsables de lo que hacen con sus propios rostros, terminarán tomando un contacto más íntimo con sus sentimientos personales. Eso es verdaderamente lo que se trata de conseguir en la actualidad mediante la terapia de grupo, la psicoterapia, los encuentros juveniles y otros fenómenos de la vida moderna.

Un saludo cordial nuevamente para tod@s.

El algunas ocasiones me mencionado un tema muy importante como lo es LENGUAJE NO VERBAL.

Aquí doy inicio a una serie de lecturas relacionadas, tomadas de forma literal del libro de Flora Davis, El Lenguaje de los Gestos. Mi libro que es una copia, no tiene datos de edición.

Durante tres semanas tendrán la oportunidad de leer, analizar, escribir ideas relevantes. Con estas ideas van a construir un mini-ensayo, que no llegará a más de tres carillas. Será entregado el día viernes 6 de Junio. (En una de las clases revisaremos la metodología para escribir el mini-ensayo)

Deseo que disfruten de estos capítulos y sobretodo que puedan aplicarlo a la vida diaria; segura estoy que descubrirán relevantes y pertinentes conocimientos.

LA CIENCIA INCIPIENTE

El concepto de comunicación no-verbal ha fascinado, durante siglos, a los no científicos. Escultores y pintores siempre tuvieron conciencia de cuánto puede lograrse con un gesto o una pose especial; y la mímica es esencial en la carrera de un actor. El novelista que describe la forma, en que el protagonista “aplastó con rabia el cigarrillo” o “se rascó la nariz, pensativamente” está penetrando en el terreno de la comunicación no-verbal. También los psiquiatras son agudos observadores que analizan los gestos de sus pacientes y hacen una práctica constante estudiando e interpretándolos.

Pero sólo a comienzos de este siglo se inició una verdadera investigación acerca de la comunicación no-verbal. Desde 1914 hasta 1940 hubo un considerable interés acerca de cómo se comunica la gente por las expresiones del rostro. Los psicólogos realizaron docenas de experimentos, pero los resultados fueron desalentadores, hasta tal punto, que llegaron a la notable conclusión de que el rostro no expresa las emociones de manera segura e infalible.

Durante el mismo período, los antropólogos señalaron que los movimientos corporales no eran fortuitos, sino que se aprendían de igual manera que el lenguaje. Edward Salir escribió: “Respondemos a los gestos con especial viveza y podríamos decir que lo hacemos de acuerdo a un código que no está escrito en ninguna parte, que nadie conoce pero que todos comprendemos. Pero los antropólogos, en su mayoría, no se han esforzado para tratar de descifrar este código. Sólo en la década del cincuenta un puñado de hombres —entre ellos Ray L. Birdwhistell, Albert E. Scheflen, Edward T. Hall, Erving Goffman y Paul Ekman— enfocaron el tema de manera sistemática. Aun después de esto, la investigación de la comunicación fue una especialidad esotérica. Los investigadores que se ocupaban del tema eran individualistas y trabajaban por separado. También tenían un cierto grado de audacia, ya que la especialidad era considerada pseudo-científica. Uno de ellos dijo al respecto: “En un tiempo, todos nos conocíamos, éramos un clan. Cuando dábamos conferencias a grupos de profesionales, con frecuencia nos recibían con una especie de curiosidad y rechazo.”

Todo eso ha cambiado. El nuevo interés científico por la investigación de la comunicación tiene sus raíces en el trabajo básico realizado por aquellos precursores en la materia. Pero el enorme interés que ahora despierta la comunicación no-verbal parece ser parte del espíritu de nuestro tiempo; de la necesidad que mucha gente siente de volver a ponerse en contacto con sus propias emociones. La búsqueda de la verdad emocional que tal vez pueda expresarse sin palabras.

La investigación de la comunicación proviene de cinco disciplinas diferentes: la psicología, la psiquiatría, la antropología, la sociología y la etología. Es una ciencia nueva y controvertida, que contiene descubrimientos y métodos de investigación discutidos con frecuencia. Una consideración esquemática de los distintos puntos de vista y de las metodologías empleadas explica las controversias. Los psicólogos, por ejemplo, al observar la corriente del movimiento del cuerpo humano, eligen las diversas unidades de la conducta por separado: el contacto visual, la sonrisa, el roce del cuerpo o alguna combinación de estos factores, y las estudian en la forma tradicional. Mientras realizan sus experimentos decenas de estudiantes universitarios pasan por sus laboratorios. Generalmente se les da una tarea para distraer su atención, y al mismo tiempo se filma el comportamiento no-verbal, que luego es procesado en estadísticas y analizado.

Por otra parte, los especialistas en cinesis (kinesics, la palabra significa estudio del movimiento del cuerpo humano) prefieren el estudio sistemático. Estos especialistas provienen de diferentes orígenes científicos. Este nuevo campo de investigación tuvo como fundador un antropólogo y ha atraído a psiquiatras, psicólogos y otros. Uno de sus enunciados básicos es que no se puede estudiar la comunicación como un ente separado. Es un sistema integrado y como tal debe analizarse en su conjunto, prestando especial atención a la forma en que cada elemento se relaciona con los demás. Los especialistas en cinesis suelen salir llevando sus máquinas fotográficas al campo, al zoológico, al parque o a las calles de la ciudad, y algunos de ellos sostienen que los psicólogos que permanecen filmando dentro del laboratorio corren el riesgo de captar solamente una conducta forzada y artificial. Al analizar sus propias películas pasadas en cámara lenta, han descubierto un nivel de comunicación entre las personas, tan sutil y veloz, que el mensaje, aunque obviamente posee impacto, pasa casi inadvertido para las mismas.

Los psiquiatras reconocen desde hace mucho tiempo que la forma de moverse de un individuo proporciona datos ciertos sobre su carácter, sus emociones y las reacciones hacia la gente que lo rodea. Durante largos años, Félix Deutsch registró las posiciones y los gestos de sus pacientes. Otros psiquiatras han realizado análisis fílmicos y algunos otros accedieron a ser filmados u observados mientras trataban a sus pacientes. Cada vez más, los terapeutas emplean películas y video tapes para estudiar el comportamiento humano y se valen de ellos como instrumentos en el proceso terapéutico. Al ser confrontados con su propia imagen en la pantalla, los pacientes son estimulados a reaccionar ante la forma de actuar y de moverse, y aprenden en base a su propio comportamiento verbal o no verbal, dentro de un grupo.

Luego están los sociólogos que han observado y descrito una especie de etiqueta subliminal a la que casi todos respondemos, y que conforma nuestro comportamiento tanto en los aspectos fundamentales como en los pequeños detalles. Por ejemplo, todos sabemos cómo evitar un choque frontal en una vereda muy concurrida, a pesar de que nos resultaría muy difícil explicar cómo lo hacemos. Sabemos cómo reaccionar cuando un conocido se hurga la nariz en público; y cómo parecer interesado, y no comprometido en una conversación.

Los antropólogos han observado las diferentes expresiones culturales del lenguaje corporal y han descubierto que un árabe y un inglés, un negro norteamericano y un blanco de la misma nacionalidad no se mueven en la misma forma.

Los etólogos también han hecho su contribución. Tras varias décadas de estudiar a los animales en la selva, han descubierto asombrosas similitudes entre el comportamiento no-verbal del hombre y el de los otros primates. Sorprendidos ante este fenómeno, algunos se están volcando ahora hacia la “etología humana”. Estudian cómo se cortejan los seres humanos, cómo crían a sus hijos, cómo dominan a otros o transmiten su sometimiento, cómo pelean entre sí o hacen las paces. Este comportamiento físico tan concreto puede compararse a la forma en que los monos y los primates mayores encaran el mismo tipo de relaciones.

Por último, hay especialistas “esfuerzo-forma”, un sistema que permite registrar el movimiento corporal, que deriva de la notación de la danza. Lo que se pretende desarrollar es la manera de deducir hechos relacionados con el carácter del hombre, no por la forma particular en que realiza un movimiento sino por el estilo integral en que se mueve.

George du Maurier escribió: “El lenguaje es algo de poca significación. Se llenan los pulmones de aire, vibra una pequeña hendidura en la garganta, se hacen gestos con la boca, y entonces se lanza el aire; y el aire hace vibrar, a su vez, un par de tamborcillos en la cabeza… y el cerebro capta globalmente el significado. ¡Cuántos circunloquios y qué perdida de tiempo…!”

Tal vez podría ser así, si las palabras lo fueran todo. Pero ellas son tan sólo el comienzo, pues detrás de las palabras está el cimiento sobre el cual se construyen las relaciones humanas —la comunicación no-verbal—. Las palabras son hermosas, fascinantes e importantes, pero las hemos sobreestimado en exceso, ya que no representan la totalidad ni siquiera la mitad del mensaje. Más aun, como sugirió cierto científico: “Las palabras pueden muy bien ser lo que emplea el hombre, cuando todo lo demás ha fracasado.”

SEÑALES GENÉRICAS

Al nacer una criatura lo primero que todos preguntan es su sexo. En los primeros días de su vida, la diferencia puede parecer puramente anatómica; pero a medida que el niño crece, comienza a comportarse como varón o mujer. Existe una controversia respecto a si la diferencia en el comportamiento se debe puramente a razones biológicas o a una actitud aprendida. Algunas feministas insisten en que las diferencias de comportamiento son exclusivamente aprendidas y que, dejando de lado las particularidades físicas, las mujeres y los hombres son iguales. Otras personas opinan que los hombres son hombres y que las mujeres son mujeres, y que por razones biológicas, ambos sexos son, se comportan y se mueven en forma totalmente distinta. Los especialistas en cinesis han aportado numerosas evidencias que parecen apoyar a las feministas.

Desde el momento en que nace un bebé, le hacemos saber, de mil maneras sutiles y no verbales, que es un varón o una niña. La mayoría de las personas sostiene en brazos a las niñas y a los varones en forma diferente. En nuestra sociedad y aun a muy tierna edad, los varones suelen estar sujetos a un trato más brusco.

Cada vez que un niño actúa en la forma que concuerda con nuestras convicciones respecto de cómo debe proceder un varón, halagamos su comportamiento. Este halago puede ser algo tan sutil como la inflexión del tono de la voz o la fugaz expresión de aprobación en el rostro; también puede ser verbal y específico (indulgente: “Así hacen los varones…”).

De igual manera halagamos a las niñas cuando muestran gestos eminentemente femeninos. Podremos no retar a los varones por querer jugar a las muñecas, pero rara vez los alentamos para que lo hagan. Tal vez la total ausencia de respuesta —la falta de vibraciones positivas— le haga saber al niño que está haciendo algo que los varones no deben hacer.

Es cierto que en algún nivel subliminal también se puede llegar a aprobar o desaprobar un comportamiento más sutil, ya que para determinada altura de su desarrollo los varones comienzan a moverse y desenvolverse como varones mientras que las niñas lo hacen como mujeres. Estas maneras de moverse son más adquiridas que innatas y varían entre una cultura y otra. Por citar sólo un ejemplo, los gestos de las manos que para nosotros son femeninos, o en un hombre afeminados se consideran naturales en muchos países del Medio Oriente; donde tanto los hombres como las mujeres mueven las manos en igual forma.

Es muy poco lo que se sabe hasta ahora acerca del modo en que los niños toman conciencia de sus características genéricas, o de la edad en que comienzan a hacer uso de ellas. Hay indicios de que en el Sur de los Estados Unidos dicha toma de conciencia se produce alrededor de los cuatro años y algo más tarde en el Noreste. Por lo tanto, podría decirse que la edad depende de las diferentes subculturas regionales. Si nos detenemos a observar la forma en que se mantiene la pelvis, veremos que las mujeres la inclinan hacia adelante, mientras que los varones la echan hacia atrás. El ángulo pelviano comienza a ser empleado como característica sexual, sólo cuando el individuo llega al punto de estar capacitado para cortejar a su pareja —lo que no significa que pretenda copular—. El ángulo pelviano responde a ese cambio total y confuso que se produce en la adolescencia, cuando se deja atrás la niñez y los varones parecen repentinamente interesados en las niñas y viceversa.

Las adolescentes deben aprender nuevos movimientos corporales que resultan interesantes por cuanto revelan la forma en que se enseña el código no-verbal. La niña podrá desarrollar rápidamente en la pubertad senos similares a la mujer adulta. Pero luego deberá aprender qué hacer con ellos. ¿Encorvarse y tratar de ocultarlos? ¿Echarlos hacia adelante en forma provocativa? Nadie la aconsejará claramente. Su madre no le dirá: “Mira, trata de levantar tus pechos un par de pulgadas y pon un poco más de tensión en tus hombros. No seas demasiado provocativa, pero tampoco te ocultes del todo.”

Sin embargo, al verla encorvada, le dirá fastidiada: “arregla tu cabello”. Si se excede hacia el otro extremo le dirá que su vestido es demasiado ajustado o simplemente que parece una mujerzuela.

Estas experiencias acerca de los movimientos corporales son más directas que las de los niños más pequeños.

En 1935, la antropóloga Margaret Mead señaló por primera vez en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies que muchas de las premisas que damos por sentadas acerca de lo que es masculinidad o femineidad provienen de la cultura. Dentro de un perímetro de tan solo cien millas, la doctora Mead encontró tres tribus muy diferentes: en una de ellas, ambos sexos eran bravíos y agresivos; en otra, ambos eran suaves y se dedicaban a cuidar los hijos, y en una tercera, en la que los hombres tenían aspecto femenino, se enrulaban el cabello y se encargaban de hacer las compras, las mujeres eran “enérgicas, ejecutivas y desprovistas totalmente de adornos superfluos”. La doctora Mead cree que, efectivamente existen diferencias sexuales, pero que las tendencias básicas pueden ser alteradas por las costumbres. Señala, en síntesis, que “la cultura humana puede impartir patrones de conducta consecuentes o no consecuentes con el género del individuo”.

El antropólogo Ray Birdwhistell se refiere a Sex and Temperament como “uno de los trabajos más importantes jamás realizados en antropología”. Si no produjo cambios más notables en nuestra manera de pensar acerca de lo que es femenino y masculino, dice, ha sido porque resultó demasiado alarmante para aquellas personas que creen —y la mayoría continúa haciéndolo— que los aspectos sexuales de la personalidad se refieren exclusivamente a las hormonas.

El profesor Birdwhistell es el padre de esta nueva ciencia llamada cinesis. Su trabajo sobre las características genéricas han demostrado que los movimientos corporales masculinos y femeninos no están programados biológicamente, sino que se adquieren a través de la cultura y se aprenden en la niñez. Sus conclusiones son consecuencia de innumerables años de analizar películas realizadas en un laboratorio especialmente equipado de la ciudad de Filadelfia.

Los norteamericanos son muy conscientes acerca del sexo y del movimiento corporal. Por ejemplo, si observamos a un inglés o a un latino que cruza las piernas, podemos llegar a sentirnos incómodos. A pesar de que no podríamos definir exactamente por qué, ese gesto puede parecemos afeminado. Sólo algunos de nosotros somos plenamente conscientes de que el hombre norteamericano generalmente cruza las piernas separando levemente las rodillas o tal vez poniendo un tobillo sobre la otra rodilla; por el contrario, los ingleses y los latinos suelen mantener las piernas más o menos paralelas, de la misma manera que lo hacen las mujeres en Norteamérica..

Éstos no son solamente convencionalismos, son prejuicios corporales. A un norteamericano le bastará tratar de adoptar la postura que corresponde a la mujer cuando envía señales genéricas, para darse cuenta de cuan incómodo se siente: las piernas juntas, la pelvis inclinada hacia adelante y arriba, los brazos apretados contra el cuerpo y moviéndolos al caminar, los codos hacia abajo. A su vez, una norteamericana se sentirá incómoda al tratar de adoptar una posición masculina: los muslos algo separados —alrededor de diez a quince grados— y la pelvis echada hacia atrás; los brazos separados del cuerpo y balanceándolos desde los hombros. Estas diferencias no provienen de la anatomía —como podrían ser las caderas más anchas en las mujeres— porque si así fuera, sería universal. Los hombres de Europa Oriental caminan manteniendo las piernas muy próximas entre sí y en el Lejano Oriente suelen llevar los brazos apretados contra la parte superior del cuerpo y cualquier balanceo comenzará recién debajo del codo.

Aun nuestra forma de parpadear está encasillada culturalmente como un signo genérico. Para un norteamericano, un parpadeo rápido resulta masculino. Un hombre que cierra los ojos lentamente y permite que permanezcan cerrados un instante, mientras se mueven bajo los párpados, nos dará la impresión de ser afeminado o un seductor potencial, a no ser que presente algún problema especial o tenga mucho sueño. Sin embargo, ésta es la forma normal en que los hombres de los países árabes cierran los ojos.

¿Los seres humanos emiten señales genéricas constantemente o tan solo algunas veces? Obviamente, los norteamericanos no están siempre de pie con los muslos separados entre diez y quince grados, y la pelvis echada hacia atrás. Las señales se enfatizan en algunas situaciones y se disminuyen en otras. Tampoco representan necesariamente un síntoma de atracción sexual. Es cierto que con frecuencia constituyen un instrumento en el acto de cortejar a la pareja, pero también pueden aparecer en otras situaciones. En la vida diaria de relación entre el hombre y la mujer hay muchos síntomas genéricos, por ejemplo, cuál de ellos lava los platos; o en el comportamiento en público, cuál debe pasar por una puerta en primer término; en todas estas pequeñas situaciones, la atracción sexual es totalmente irrelevante.

Resulta evidente que los norteamericanos no son los únicos en diferenciar los distintos tipos de movimientos que hacen los hombres y las mujeres. Birdwhistell ha estudiado las señales genéricas en siete culturas totalmente diferentes —la Kutenai, la Hopi, la clase alta francesa, la clase alta y la ‘clase trabajadora inglesa, los libaneses y la china Hokka— y en cada una de ellas ha descubierto que la gente puede señalar fácilmente algunos gestos como puramente “masculinos” o “femeninos”, pero que en base a estos gestos puede distinguirse mujeres masculinas u hombres feminoides. Es obvio que las señales genéricas se han desarrollado en éstas, y tal vez en todas las culturas, como respuesta a una necesidad básica del ser humano: la capacidad de distinguir a los hombres de las mujeres.

En algunas especies de animales, el macho y la hembra se parecen tanto, que resulta extraordinario que ellos mismos puedan notar la diferencia. El fenómeno se conoce con el nombre de unimorfismo y dos seres humanos son más unimórficos de lo que pudiera creerse. Si nos detenemos a observar cualquiera de las características sexuales secundarias —tamaño de los senos, forma del cuerpo, distribución del vello, tono de voz, etc.— encontramos una variada gama de superposiciones entre los seres humanos. Existen mujeres de senos pequeños y hombres que los tienen más desarrollados; mujeres que tienen barba y hombres lampiños; mujeres con voz de contralto y hombres con voz de contratenor. Los seres humanos no establecen la diferencia entre el hombre y la mujer solamente por una característica sexual visible, sino por la suma de todas ellas, agregado al hecho de que los hombres y las mujeres se mueven de manera enteramente distinta. Los convencionalismos nos ayudan mediante la manera de vestir o el modo de usar el cabello. El hecho de que los hombres y las mujeres se vistan de manera distinta sugeriría que necesitamos cierta ayuda. Sin embargo, la moda cambia rápidamente y las señales genéricas no. Por lo tanto funcionan como características sexuales terciarias; respaldan a las características secundarias y de este modo hacen que la vida sea algo menos complicada.

En base a sus estudios sobre el género, Birdwhistell refuta diversas teorías populares acerca de la sexualidad humana. Por ejemplo: mucha gente piensa que puede identificar a un homosexual por su aspecto —es decir, por su manera de moverse y su postura—. Sin embargo, especialistas en cinesis no han podido hallar ninguna particularidad, femenina o masculina, que sea por sí misma una indicación de homosexualidad o heterosexualidad. Puesto que no existen movimientos femeninos innatos, resulta obvio que los homosexuales no pueden moverse de manera “femenina”. Un homosexual puede irradiar señales que indiquen que desea ser reconocido como tal, pero en algunos casos, un hombre puede valerse de gestos femeninos simplemente para librarse de la compañía de las mujeres, por cualquier razón y encuentra de este modo la forma sutil y efectiva de conseguirlo. Por otra parte, el hombre que emite señales sexuales muy enfáticamente también logra alejar a las mujeres. Si emite sus señales en una situación inadecuada —por ejemplo, cuando una mujer está en presencia de su esposo—, es imposible que ella le corresponda sin sentir disminuida su condición de mujer.

Entre las mujeres suele suceder que las que parecen más sensuales y extremadamente femeninas, son con frecuencia las que responden en forma menos vehemente ante cualquier aproximación directa y personal. Birdwhistell establece una diferencia entre la mujer sexy y la sensual; esta discrepancia es bastante fácil de observar en cualquier reunión. La mujer sensual comienza la noche mirando desde lejos y asume un aspecto desinteresado; pero cuando habla con un hombre que le gusta, todo su rostro y hasta la postura de su cuerpo cambia. El hombre que llegue a percibir este hecho podrá sentir que, de alguna manera misteriosa, contribuyó a que ella sea más hermosa.

La mujer sexy, por otra parte, es la que usa grandes escotes y está rodeada de hombres. Pero los hombres que la rodean están allí porque, en realidad, no les gustan las mujeres y consideran que ése es el lugar más seguro de la reunión. La mujer sexy está tan ocupada emitiendo la señal de “soy, mujer… soy mujer. . . soy mujer. . .” que no exige nada del hombre que está a su lado, excepto su total atención; por lo demás está tan compenetrada en el desempeño de su papel, que no tiene ningún interés real en sus ocasionales compañeros. En el fondo es una figura trágica. Probablemente la pequeña aprendió a ser una niñita dulce y condescendiente, para agradar a sus padres, que gozaban luciéndose con ella; al mismo tiempo esto le enseñó que con frecuencia, las personas se tratan mutuamente como posesiones. A medida que creció, comenzaron a abordarla hombres que en el fondo no gustaban de las mujeres. Usaban su compañía simplemente para probar su hombría, haciendo de ella lo que las feministas llaman “un objeto sexual”. Al final se transforma en una mujer frágil y ansiosa, que presenta una imagen muy simple de sí misma y ofrece solamente su mercadería. Probablemente dice: “Los hombres sólo están interesados en una cosa. . .” Pero en realidad es ella la que no tiene nada más que ofrecer. Nunca aprendió a responder o intercambiar sentimientos con otro ser humano.

“La comunicación” —dijo Birdwhistell— “no es como una emisora; y una receptora. Es una negociación entre dos personas, un acto creativo. No se mide por el hecho de que el otro entiende exactamente lo que uno dice, sino porque él también contribuye con su parte; ambos participan en la acción. Luego, cuando se comunican realmente, estarán actuando e interactuando en un sistema hermosamente integrado”.

Éste es el quid de las señales genéricas. Son un intercambio básico y sensitivo entre las personas; una manera de afirmar la propia identidad sexual y al mismo tiempo responder a los otros.

COMPORTAMIENTO DURANTE EL GALANTEO

Todos sabemos mucho más de lo que realmente creemos saber. Ésta es una de las aplastantes conclusiones a la que llegamos cuando estudiamos la comunicación no-verbal.

Por ejemplo: toda mujer sabe cómo corresponder a los requerimientos amorosos de un hombre atractivo. Sabe cómo frenar una relación no deseada o cómo alentar a su posible pareja. También sabe cómo controlarse para no parecer demasiado interesada. La mayoría de las mujeres no pueden precisar con exactitud cómo lo hacen. Muchas ni siquiera se dan cuenta de que la técnica es casi enteramente no-verbal, a pesar de que durante la fase del galanteo, los detalles de este tipo pueden transformar un tema ambiguo, como el del estado del tiempo, en una insinuación por demás seductora.

Los primeros estudios acerca de la comunicación no-verbal durante el galanteo fueron realizados por especialistas en cinesis, especialmente el doctor Albert Scheflen, que trabajó con Ray Birdwhistell.

Al analizar películas sobre el galanteo, Scheflen documentó que el amor llega a transformar en bella a una persona —hombre o mujer— y logró señalar la forma en que esto se produce.

Una mujer, por ejemplo, se transforma súbitamente en más bella, cuando responde a un estímulo emocional como la atracción sexual que desencadena cambios sutiles en su organismo. En su fría manera de expresarse, los especialistas definen este delicioso fenómeno como “un estar en disposición para el galanteo inmediato”.

En parte, esta disposición se debe a la tensa inflexión muscular: los músculos se comprimen respondiendo a un toque de atención, de manera que todo el cuerpo se pone alerta. En el rostro, las arrugas que normalmente están muy marcadas, tienden a desvanecerse, del mismo modo que las bolsas debajo de los ojos. La mirada brilla, la piel se colorea o se torna más pálida y el labio inferior se hace más pronunciado. El individuo, que generalmente tiene una postura pobre, suele enderezarse, disminuye milagrosamente el vientre prominente y los músculos de las piernas se ponen tensos; este último efecto suele representarse en las fotos sexy y vulgares. También se altera el olor del cuerpo y algunas mujeres afirman que se modifica la textura de su cabello. Lo extraordinario es que una persona puede sufrir todas esas transformaciones y no tener conciencia de ellas.

La pareja en pleno galanteo también suele ocuparse de su arreglo personal: las mujeres juguetean con el cabello o se acomodan repetidas veces la ropa; el hombre se pasa la mano por el cabello, se endereza las medias o se toca la corbata. Por lo general, éstos son gestos inconscientes que se hacen automáticamente.

A medida que avanza el flirt, las señales son obvias: miradas rápidas o prolongadas a los ojos del otro. Pero también existen algunos signos menos obvios. Durante el galanteo las parejas se enfrentan abiertamente. Rara vez vuelven el cuerpo hacia un lado. Se inclinan el uno hacia el otro y en algunas ocasiones extienden un brazo o una pierna, como para no dejar pasar a ningún intruso. Al hablar con una tercera persona, si están uno junto al otro, dejan a la vista la parte superior del cuerpo de manera educada, los brazos caídos o apoyados en el sillón, pero no cruzados sobre el pecho; al mismo tiempo forman un círculo cerrado con las piernas: las rodillas cruzadas de afuera hacia adentro, de manera tal que las puntas de los pies casi se tocan. Con frecuencia, las personas dramatizan la situación y forman una barricada con los brazos y piernas en esta posición.

Algunas veces, la pareja realiza roces sustitutivos: una mujer puede pasar suavemente el dedo por el borde de una copa en un restaurante, o dibujar imaginarias figuras sobre el mantel. Otras veces adopta actitudes provocativas: cruza las piernas, dejando entrever parte del muslo; apoya la mano en la cadera e inclina desafiante el busto hacia adelante; o se sienta como ausente y se acaricia el muslo o la muñeca. Las parejas durante el galanteo ladean la cabeza, y emplean señales genéricas como la inclinación pelviana. El mostrar la palma de la mano es quizás el más sutil de todos los signos. La mayoría de las mujeres anglosajonas mantienen las manos cerradas y sólo raramente dejan ver las palmas. Pero mientras dura el flirt, las enseñan constantemente. Aun en gestos que se realizan con la palma hacia adentro, como podría ser fumar o taparse la boca al toser.

La mayoría de nosotros al pensar en el galanteo considera en primer término las sensaciones internas —una excitación que proviene decididamente de nuestras vísceras—. Todo lo narrado anteriormente nos puede parecer artificial. Como investigadores del comportamiento humano, los especialistas en cinesis se limitan a estudiar esta rama y se niegan a especular sobre los sentimientos, basándose en el hecho de que éstos no pueden medirse científicamente. Más aun, ni siquiera pueden identificarse con certeza.

Obviamente, los sentimientos están presentes. En el punto culminante del galanteo, por ejemplo, uno se siente atento, atraído hacia la pareja, lleno de euforia. Los gestos que se realizan para tratar de mejorar el aspecto personal son la consecuencia de una repentina toma de conciencia del propio yo. Las caricias diferidas o subrogadas forman parte de ese delicioso conflicto que se plantea entre el deseo de tocar y el sentimiento, de que, tal vez no se debe, conflicto que por lo general es subconsciente. La inclinación pelviana puede llegar a ser una señal tan sutil y automática, al punto que una mujer que camina por la calle distraídamente, se asombra al registrar una sensación semejante en su pelvis cuando se cruza con un hombre que le resulta atractivo; por supuesto, lo mismo puede ocurrirle al hombre. Mostrar las palmas de las manos es otro gesto inconsciente.

Resulta tentador extraer una conclusión simplista sobre este hecho y decir que cuando una mujer muestra la palma de la mano está tratando de conquistar a un hombre, consciente o inconscientemente. Algunas veces es así, pero este mismo gesto también suele significar una bienvenida. Puede no tener connotación sexual alguna, a no ser que ocurra durante un período de galanteo y se relacione con otros gestos indicativos específicos. De cualquier manera, suele producirse con tanta rapidez o sutileza que sólo el ojo avezado puede detectarlo. Personalmente no lo he logrado nunca, con excepción de un par de veces en que me lo han indicado, especialmente en películas pasadas en cámara lenta. Allí resulta obvio: en un intervalo de pocos segundos, durante un normal movimiento de brazos, la palma aparecía hacia arriba, abierta y enfrentaba a la otra persona, indefensa y pidiendo protección. En la vida cotidiana, uno suele interpretar erróneamente este hecho cuando no ocurre en realidad. En una reunión, por ejemplo, la dueña de casa recibía a todos los invitados mostrándoles las palmas de sus manos, excepto a alguno de ellos, y presumiblemente, éste era el invitado que menos le gustaba. (El hecho de ocultar las palmas de las manos ante alguien que no nos agrada, se reconoce vulgarmente en la expresión idiomática que los hombres mascullan enojados: “Le voy a dar un revés.”)

Los estudios realizados hasta el presente sobre la conducta durante el galanteo son fascinantes en sus detalles: representan una tentación para el lector y por este motivo, se puede fantasear al respecto. Una joven que conozco tenía un buen amigo, pero un día decidió que necesitaba algo más que un buen amigo. Se preguntó si podría hacérselo saber empleando con él algunos de los sutiles métodos del galanteo. Pero el problema radica en que, al tratar de fingir —a no ser que se trate de un actor de primera— siempre aparece una falta de asociación, algo que resulta calculado o directamente torpe, porque en el mensaje corporal existe una indicación de que algo, en alguna parte, no es real.

Uno de los problemas que surgen al tratar de interpretar el comportamiento no-verbal, reside en la sorprendente complejidad de las comunicaciones humanas. En sus estudios sobre el quasi-galanteo, el doctor Scheflen nos ofrece un ejemplo casi perfecto. Curiosamente, ese comportamiento es como el galanteo, aunque no tiene el mismo significado.

Mientras observaba las películas de los psicoterapeutas y sus pacientes, el doctor Scheflen descubrió secuencias de galanteo en cada una de ellas. Entonces investigó también los encuentros entre gente sana y notó con sorpresa que, por lo menos entre la clase media norteamericana, el galanteo puede aparecer virtualmente en cualquier situación: en reuniones sociales o en reuniones de negocios; entre padres e hijos, maestros y alumnos; médico y paciente, y aun entre dos hombres o dos mujeres, sin que se infiera de ello ninguna intención homosexual. Vemos a las personas avispadas, llenas de vida, de pie una junto a otra, intercambiando largas miradas, mostrando las palmas de las manos, galanteando; en una palabra, cortejándose entre sí. Debemos sacar en conclusión, por lo tanto, que están rodeadas de sexo y que los norteamericanos se cortejan en cualquier momento y ocasión, o que por el contrario, estas actitudes no son lo que parecen. Debe existir alguna clave especial en el comportamiento, que haga saber a los involucrados en la relación, que la seducción no está en juego.

Un examen detallado de las películas demostró que había elementos calificadores, y que realmente se trataba de un galanteo que tenía una diferencia. Algunas veces, la diferencia era obvia y expresada verbalmente. Una persona podía decir claramente que no estaba tratando de cortejar a otra en ese momento, o podía referirse a otra allí presente o al cónyuge ausente. O tal vez el tema de la conversación estaba totalmente alejado del sexo. Algunas veces, el elemento calificador era más sutil. Ambas personas se enfrentaban girando el cuerpo levemente hacia un lado; una de ellas extendía un brazo o una pierna como para incluir a una tercera persona. Otras veces, ambas miraban continuamente alrededor de sí o conversaban en un tono más elevado que el indicado para una conversación íntima. Un hombre hablaba acerca del amor o del sexo pero de manera casual y en un tono indiferente, recostado en el asiento y sonriendo con los labios, pero no con los ojos. Entre la clase media norteamericana, los niños aprenden estas secuencias de quasi-galanteo, con todas sus sutilezas, en la relación con sus padres, parientes y maestros, mucho antes de ser capaces de separar los elementos calificadores superfluos de lo verdadero.

No debe interpretarse este quasi-galanteo como un signo de que, aunque el sexo esté excluido, es fervientemente anhelado por ambas partes. En realidad, es un medio que sirve a fines completamente diferentes. En las sesiones filmadas de psicoterapia que observó el doctor Scheflen, se lo utilizaba para captar la atención de alguno de los pacientes que parecía estar a punto de desconectarse de la acción del grupo. En una de las películas de terapia familiar, se veía al comienzo a la hija en actitud de galantear, reaccionando obviamente ante el terapeuta. Cuando éste eludió cuidadosamente mirarla o hablarle, ella perdió todo interés en la sesión. Inmediatamente, dos de los niños menores, que al parecer seguían el patrón de conducta normal, también comenzaron a desinteresarse en el proceso. El terapeuta, temiendo perder contacto con la mitad del grupo familiar y enfrascado en ese momento en una conversación con el padre, comenzó una secuencia de quasi-galanteo. La inició mirando fijamente a la chica y por un momento ambos aspiraron el humo de sus cigarrillos en perfecta sincronía. Repentinamente, ella sintiéndose incómoda, giró la cabeza y puso su brazo sobre la falda, formando una barrera. Luego volvió a integrarse al grupo.

En otras películas terapéuticas, filmadas por el doctor Scheflen, pueden verse otras secuencias del comportamiento del galanteo. Una de ellas muestra a un psiquiatra que entrevista por primera vez a una familia —la madre, el padre, la hija, la abuela—. En un lapso de veinte minutos la misma reveladora secuencia se produjo once veces. El terapeuta inició una conversación con la hija o la abuela; inmediatamente la madre comenzó a mostrar una actitud de quasi-galanteo. Cruzaba delicadamente los tobillos, extendiendo las piernas; se ponía una mano en la cadera o se inclinaba hacia adelante. Todas las veces, el terapeuta respondió, a su vez, mediante gestos como acomodarse la corbata, u otros similares, y le formuló una pregunta. Del mismo modo, el padre mostraba signos de nerviosismo, balanceaba un pie, e inmediatamente tanto la hija como la abuela, que estaban sentadas a ambos lados de la madre, cruzaban las rodillas de tal manera que las puntas de sus pies casi se tocaban frente a la madre, formando una invisible barrera protectora. En cuanto esto comenzaba a suceder, la madre “deponía” su actitud: cedía totalmente su tensión muscular y se recostaba hacia atrás en el asiento, permaneciendo aislada de tal manera que para el psiquiatra resultaba autista.

A pesar de que la protagonista de este episodio había empleado técnicas de quasi-galanteo para atraer la atención del terapeuta, no es probable que tuviera realmente intenciones de seducirlo, puesto que no mostró ninguna de las otras pautas de comportamiento adicionales que pueden confirmarlo; sin embargo, por la forma en que reaccionó la familia, resultaba evidente que la conducta seductora de la madre constituía un problema para el grupo familiar. El doctor Scheflen dice que los sistemas de mensajes como los revelados en esta película son comunes. Más aun, piensa que existen en todas las familias y que constituyen todo un vocabulario de gestos de nivel subconsciente. Me imagino que la hija y la abuela notaron sólo parcialmente la inquietud del padre, pero cuando éste comenzó a mover el pie nerviosamente, reaccionaron en conjunto de manera inmediata.

El quasi-galanteo se produce también en situaciones donde existen confusiones genéricas. Cuando una mujer se comporta en forma agresiva o dominante, actuando de una manera que nuestra cultura considera inadecuada a su sexo, el hombre puede valerse del quasi-galanteo para hacerla reaccionar. De igual forma, cuando un hombre actúa pasivamente, la mujer podrá incentivarlo mediante el mismo sistema, para tratar de anular en él ese comportamiento supuestamente femenino.

Algunas veces, el quasi-galanteo y su ausencia actúan como un termostato y mantienen la moral dentro de un grupo. Casi todos hemos sido testigos de una aburrida reunión social o de un tedioso encuentro de negocios, que se anima inmediatamente con la llegada de una persona notable. Los otros concurrentes se vuelven más animados y parecen más atractivos. Si efectuamos un análisis de los movimientos corporales, nos revela que la nueva aparición desató una serie de secuencias de quasi-galanteo. Por otra parte, si uno de los miembros del grupo quasi-galantea excediéndose y elevando el nivel aceptable de intimidad, el resto del grupo comienza a tomar la actitud contraria, tratando de compensar la situación.

El quasi-galanteo, por lo tanto, está muy lejos de ser el deseo frustrado de “A” de acostarse con “B”. Pienso que debe relacionarse con momentos de real armonía, y con un sentimiento, comprendido por el individuo, de agudeza, de bienestar y más aun, de excitación —sentimiento que tiene otros elementos calificadores, diferentes de los que están presentes cuando la atracción sexual está involucrada.

Los estudios de Scheflen sobre el galanteo están basados en la clase media norteamericana. La evidencia existente, que no es mucha, sugiere que no sólo son sutilmente diferentes los patrones en los distintos países, sino que varían aun dentro de los Estados Unidos. El galanteo que se admite como normal en un cocktail de la clase media alta de la ciudad o de los suburbios, podrá ser mal visto en una reunión similar de un pueblo chico, de un área rural o de un barrio de gente trabajadora. El quasi-galanteo entre la clase media puede parecer extraño o aun peligroso para un grupo de gente obrera, entre la que el elemento calificador del galanteo se parece a una imitación burlesca, en lugar de mostrar signos más sutiles.

Pero parece ser que existen ciertas pautas de galanteo que son comunes a todas las partes del mundo. El etólogo austriaco Irenáus Eibl-Eibesfeldt, que fue discípulo y ahora es colega de Konrad Lorenz, ha estudiado el flirteo en seis culturas diferentes y encontró muchos detalles similares entre ellas. Filmó sus películas utilizando un equipo de dos hombres: uno para manejar la cámara, y otro para sonreír y saludar a las chicas. Se vio que tanto en Samoa como en Papua, en Francia, en Japón o en África como en Sudamérica, se producía el mismo tipo de respuesta, en una sucesión de pequeños movimientos de danza de cinesis: una sonrisa, una vuelta, un rápido levantar de cejas en una expresión interrogativa —reacción considerada afirmativa— seguida por el hecho de volver la espalda, la cabeza hacia un lado, algunas veces gacha, mirando hacia abajo, y los párpados bajos. A menudo las chicas se cubrían parte de la cara con la mano y sonreían con vergüenza. Algunas veces seguían al hombre con el rabillo del ojo, o se volvían a echarle otra rápida ojeada antes de mirar hacia otro lado.

El doctor Adam Kendon, un psicólogo que trabajó con Scheflen, comenzó recientemente un análisis sobre el galanteo entre los seres humanos. Surgieron de este análisis ciertos rasgos universales que pueden verse también entre los animales. Los estudios de Kendon, basados en películas de parejas filmadas en parques y en paseos públicos, indican que para las mujeres, el galanteo combina dos elementos diferentes. En primer lugar, la mujer muestra su sexualidad “para atraer al hombre; luego lo tranquiliza mediante un comportamiento infantil —miradas tímidas, la cabeza inclinada hacia un lado y gestos suaves como los de un bebé—. El hombre, a su vez, trata de demostrar su masculinidad parándose muy erguido, gesticulando agresivamente y luego la tranquiliza asumiendo el comportamiento de un niño.

El comportamiento paralelo del animal procede del real peligro físico que involucra el galanteo: el macho se arriesga a un ataque furioso si la hembra no está en ánimo de recibirlo; cuando la hembra inicia el galanteo, algunas veces recibe un castigo antes de que el macho se sienta seguro, y tenga la certeza de que su compañera no se volverá contra él, y no constituirá una amenaza. De esta manera el galanteo entre los animales generalmente consta de dos etapas: primero, uno debe atraer sexualmente al compañero; luego debe conseguir que éste deje de temer un contacto más próximo. Algunas veces usan el recurso de imitar a las crías jóvenes para obtener la confianza de la hembra. El macho del pájaro carpintero suele invitar a la hembra a su nido imitando la actitud del pichón que pide comida. Cuando galantea el macho del hámster imita el grito de las crías.

El galanteo encierra verdaderos riesgos emocionales, aunque son muy pocas las personas que tienen idea de ello. El recato y el comportamiento infantil registrados por la cámara de cine son prueba de ello. El doctor Kendon narra que una vez habló de su teoría sobre el galanteo a una feminista, que luego de pensar un rato, le dijo: “puede que usted tenga razón, pero si es así, la mujer tendrá que cambiar. El recato no es mi idea sobre lo que debe ser la nueva mujer”. Pero, si la teoría de Kendon es acertada, no podrá cambiar, porque si una mujer —o un hombre— no logra atraer y luego captar la confianza de su pareja, dejará de existir el galanteo.

A veces puede ser perjudicial e incómodo dar demasiada importancia al galanteo. Descubrí esto una noche, en una reunión cuando repentinamente me di cuenta de que me encontraba, según la descripción de los especialistas en cinesis, en un estado de excitación y lista para galantear: tenía los ojos brillantes, mi rostro estaba arrebolado, el labio inferior ligeramente abultado y distraídamente me acariciaba el cabello. Por un par de segundos fue una sensación paralizante. Pero una vez que sobrepasé el instante de la toma de conciencia, descubrí que el galanteo o el quasi-galanteo me rodeaba por los cuatro costados. Después de haber hecho este descubrimiento pude relajarme y divertirme —actuando, mirando, sintiendo— en una forma nueva y diferente.

Fascinante!! verdad?  pueden copiar para que puedan revisar más detenidamente.

Hasta la próxima semana, Maguita.

Hola  chicos y chicas. La experiencia del examen fue para muchos relevante y revelador.

Lee con cuidado lo que expresa:

  • P.L. “Para mi este trabajo fue productivo y fructífero porque nunca había conocido nada de Eliseo Verón y me parece interesante la perspectiva desde la cual él mira la Semiótica y sobre todo la preocupación que tiene en la percepción de los discursos. Ya que muchas veces la información que se trasmite en la comunicación es distorsionada y mal entendida, pero nadie presta atención en la fundamental importancia que tiene la recepción eficaz”
  • C.A.  “Me pareció sumamente interesante aprehender más sobre este hermoso mundo del Internet, el conocer que el Blog presenta hipertextos e hipervículos. Que lo que se logra mediante  esto es alimentarnos de conocimientos. Creo que las personas en su mayoría se basan en un medio de estudio tradicional, no se da la oportunidad de conocer más de esta manera.  Luego de haber estudiado esto, me da más y más curiosidad de enredarme en un tejido de información el cual me ayuda  a crecer tanto como mis capacidades de estudiante como en las personales”
  • V.L.  “para mi un examen así significó conocer una nueva forma de construir conocimiento y además darme cuenta que un examen no es necesariamente aprender de memoria un libro o los apuntes sino conocer algo nuevo y poder compartirlo  de alguna manera. Así romper esquemas mentales que tenía sobre el aprendizaje”

Son sólo tres muestras, espero que podamos crear nuevos espacios para darlos a conocer otras apreciaciones, opiniones, juicios de valor.

Te pido rectificar el pedido anterior, accesar a uno de los artículos que publiqué  (Los mundos virtuales son una realidad para hacer negocios.  y/o Las decisiones se adoptarían a nivel inconsciente)  no corre para la nota del examen.

Modifico: escribe un informe que lo vas a entregar el día viernes 16 de Mayo. Por favor lee con cuidado las observaciones personales que escribí en el informe de Bono.

Gracias y buena semana. Maguita.

De la revista electrónica Siglo21 que ya conoces, he tomado dos artículos.

  1. Presiona o haz clic sobre uno de ellos, te envía a la revista.
  2. Allí está todo el artículo.
  3. Procede de igual forma con el otro artículo.
  4. Toma en cuenta no sólo la información relevante, sino utiliza (ponte sombrero) color, rojo, verde y/o amarillo para construir tus pensamientos. (No necesitas identificarlos en el comentario).
  5. “Decide” comentar UNO DE LOS ARTÍCULOS, dentro del blog.
  6. Identifícate con tus nombres completo.

Te recuerdo que puedes hacer un “borrador” previo antes de escribir tu comentario dentro del blog, porque es un espacio público en el mundo.

Ëxito y buenos deseos para tu vida.  Maguita.

TENDENCIAS ESTRATÉGICAS

Los mundos virtuales son una realidad para hacer negocios 21/04/2008

Nota: Tiene una nota de cinco puntos (5) que se incluyen en el examen.  Gracias.

Para recordar.

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