Mucho se discute sobre la calidad del pensamiento, sobre cómo funcione mejor y con más provecho para quien lo genere. No es posible ser alguien que piensa bien y hacer preguntas pobres, preguntas que no pasan de la esfera de lo trivial, preguntas que no plantean otras alternativas, que no van más allá de lo que se entreteje. Las preguntas funcionales definen las tareas, expresan problemas y delimitan asuntos.

Impulsan el pensar hacia adelante. Los pensamientos cada vez cobran nuevos espacios  y nuevos tiempos. Cada pensamiento es una construcción lingüística semejante a una cascada de agua, se precipita en el espacio de la manera más armoniosa. Su presencia trae frescura y puede dibujar un arco iris con gamas de contenido.

Las contestaciones, por otra parte, a menudo indican una pausa en el pensar.  Establecen la relación de otros pensamientos que flotan. Una contestación crea la certidumbre de lo verídico, de lo que se puede probar. Es solamente aquí,  cuando una contestación genera otras preguntas que, inevitablemente, provoca que  el pensamiento continúe  la indagación.  No puede quedarse estático, se extiende.

Una mente sin preguntas es una mente que no está viva intelectualmente. En nuestra cultura escolar, parece que no hacer preguntas, nos libra de hacer el ridículo. ¡Qué triste  concepción! El no hacer  preguntas equivale a no comprender. Las preguntas superficiales equivalen a comprensión inicial, porque no han madurado; las preguntas que no son claras equivalen a comprensión que no ha salido de las tinieblas de la duda. Si tu mente no genera preguntas activamente,  no estás involucrado en un aprendizaje sustancial.
El pensamiento para que logre instancias significativas, precisa tanto de las preguntas como de las contestaciones adecuadas, esto es preguntas y respuestas esenciales. Si no hubieran hecho preguntas esenciales aquellos pioneros en algún campo del conocimiento, por ejemplo, la física, la matemática, la psicología o la biología; esa disciplina en principio, no se hubiera desarrollado. Cada campo intelectual nace de un grupo de preguntas esenciales que impulsan la mente en la búsqueda de unos hechos y una comprensión particular.

Cada área del saber se mantiene vivo solamente hasta el punto que se generan preguntas
nuevas y éstas se toman en serio como la fuerza que impulsa el pensamiento. Cuando
ya no busca respuestas significativas a preguntas esenciales, muere como ciencia. Para pensar en algo y volver a pensarlo, cada uno de nosotros debe hacer las
preguntas necesarias para pensar lógicamente sobre el tema, con claridad y precisión porque hacer preguntas esenciales significa usar herramientas intelectuales indispensables.

Por lo tanto es imprescindible prestar atención sobre los principios de cómo formular,
cómo analizar la cuestión, y por supuesto evaluar y resolver las preguntas principales. Decidir cuál categoría de preguntas se pueden hacer en cualquier momento es cuestión de juicio propio. A la vez, elaborar  una variedad de preguntas poderosas  es cuestión de iniciativa unida a los conocimientos.
La clave de estudiar provechosamente reside en ser hábiles para pensar pertinentemente, y esto demanda que seamos diestros en hacer preguntas. Cada uno de nosotros nos  esforzamos por llegara tener una mente donde las preguntas esenciales
sean y aparezcan  “por instinto”. Es la clave para el pensamiento productivo, el aprendizaje profundo y  necesariamente vivir con efectividad.

Cuestionar en una mente viva y “aprendiz” nunca termina, toda vez que las preguntas se transforman,  a medida que tenemos respuestas adecuadas.  Estimulan nuevas maneras de pensar, nuevos caminos para seguir mientras nosotros analizamos y  evaluamos el pensar.Mejoramos nuestro pensamiento porque mejoramos cada vez las palabras que empleamos en nuestros constructos lingüísticos.