Conocí a José de Souza Silva en le marco del II Congreso Internacional -Universidad, Desarrollo y Cooperación-  que tuvo lugar en Cuenca, en la sede de la Universidad Salesiana.

Fue no sólo un honor, sino un inmenso placer compartir con José unos momentos de tertulia.

Su voz, más que autorizada, deja oleadas  de palabras dichas con fuerza,  con alma! Sus palabras, no son únicamente del hombre con experiencia académica, sino más bien del hombre latinoamericano (por nominar así) que tiene en su corazón la fuerza de este gran continente.

Oír a Souza es sentir el ímpetu de un caudaloso río, de los muchos que cruzan estas tierras; es sentir el bramido que emerge de un volcán, previo a la erupción. En sentir, que remueve las fibras indias, negras, mestizas que están presentes en cada uno de nosotros, pero que a fuerza de oír un discurso desvalorado por siglos, pero vigente aún, nos lleva a meditar por días. El oír se trasforma en escuchar… escuchar que algo está allí en lo profundo de nuestro ser… escuchar que esas palabras yo las tengo pero no las digo… escuchar que hay esperanza real para mis hijos, para mis nietos para los jóvenes que viven en nuestro continente.

Este artículo es la ponencia que en el I Congreso expuso.(Conferencia magistral presentada en el Primer Congreso Internacional “Universidad, Desarrollo y Cooperación”, realizado en Cuenca, Ecuador, 25-27 de abril de 2007).

Por favor léelo dos, tres, cuatro veces, tantas como sean necesarias para que sean parte tuya, para que las APREHENDAS!!

Tengo la autorización y el privilegio de atesorarlas en este blog.

¿QUÉ DESARROLLO ES POSIBLE?

Descolonizando la dicotomía del superior-inferior en la “idea de desarrollo”. De lo universal, mecánico y neutral a lo contextual, interactivo y ético.
¿Qué desarrollo es posible en América Latina, si todos los modelos
de desarrollo han fracasado en la región desde 1492?
Una forma de contestar a esta  pregunta es haciendo una descolonización de la “idea de desarrollo”. Dicho esfuerzo requiere pensar histórica y filosóficamente las razones comunes
del fracaso de los “modelos” que nos han sido impuestos históricamente, sin caer en la trampa estéril de discutir los adjetivos —integral, endógeno, alternativo, sostenible, deliberativo,
local, territorial, humano— más apropiados para el desarrollo.
La relevancia —o irrelevancia— de lo que hoy llamamos “desarrollo”
es construida por los significados culturalmente atribuidos a su
naturaleza y por las relaciones políticamente establecidas para su dinámica, y no por sus adjetivos.
Inspirados en el modo clásico de innovación de la ciencia moderna creada en Europa occidental, en los siglos XVI y XVII, los “modelos fracasados” tienen, entre otros rasgos comunes, la pretensión de ser universales en su aplicación, concebir la realidad como una máquina y reivindicar neutralidad para sus impactos.

Por causa de la experiencia colonial de América Latina, es imprescindible responder a algunas preguntas tan
críticas como obvias: ¿Quiénes crearon dichos modelos, desde qué realidad, a partir de cuáles premisas y para alcanzar qué agenda? Rehenes de la lógica de la modernidad-colonialidad
europea, dichos modelos fueron concebidos siempre en ciertos idiomas, creados siempre por determinados actores y nos llegaron siempre desde innegables lugares, que nunca coinciden con nuestros idiomas, actores y lugares. Por lo tanto, dichos modelos fueron concebidos lejos de nuestro contexto y sin compromiso
con nuestro futuro. ¿Por qué?
Para facilitar la dominación para la explotación, los imperios crearon la dicotomía del superior-inferior, con el criterio del racismo para jerarquizar a los grupos humanos, y la premisa del universalismo para “naturalizar” la colonización cultural que establece para el inferior el pensamiento subordinado al conocimiento
autorizado por el superior.
Por ello la humanidad fue dividida en civilizados-primitivos a partir de
1492, y en desarrollados-subdesarrollados desde la Segunda Guerra
Mundial. Bajo el derecho del más fuerte, ellos generan, ellos transfieren
y nosotros adoptamos.
Para facilitar nuestra formación como meros receptores de ideas,
creencias, conceptos, teorías y paradigmas euro-céntricos, nuestros sistemas de comunicación y educación han sido “diseñados” bajo la pedagogía de la respuesta que forja a “seguidores de caminos”. La “normalidad” creada por dichos sistemas de comunicación
y educación nos induce a:
Memorizar las respuestas ya existentes para las preguntas relevantes
del superior.
a. Aceptar nuestra inferioridad y la superioridad del más fuerte como
“natural” para creer que unos pocos grupos nacen favorecidos —
los superiores—, y muchos otros nacen desfavorecidos —los inferiores—.
Convencidos de que los pobres nacen no se hacen, nosotros
aceptamos el proceso histórico, global y desigual, que muchos
llaman “desarrollo”, a través del cual ocurre la creación y apropiación
de la riqueza. Así, nosotros asumimos que para superar al fenómeno
de la pobreza basta trabajar con sus síntomas, los pobres,
sin cuestionar ni superar las relaciones asimétricas intrínsecas
al fenómeno estructural de acumulación de capital.
b. Transformar el cierre de las brechas económicas y tecnológicas
con relación a los parámetros del superior en un fin que equivale a
la búsqueda de la felicidad.

c. Aspirar y competir por la cooperación del poderoso generoso que desea compartir con nosotros los secretos de sus éxitos con nosotros.
d. Aprender por imitación con los “casos exitosos” y “mejores prácticas” del superior.
e. Percibir el crecimiento económico logrado con las contribuciones
de la ciencia y la tecnología modernas del superior como sinónimo
de bienestar para todos.
f. Asumir el papel de sociedades agradecidas que, en cambio por la generosidad—cooperación— del superior, facilitan su acceso a mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes obedientes y cuerpos disciplinados.
g. Permitir el “derecho del más fuerte” en las relaciones internacionales: el superior tiene el derecho a la dominación y el inferior la obligación de la obediencia.
h. Aceptar el uso de la mentira como filosofía de negociación pública
para legitimar la agenda oculta del superior detrás de sus invasiones
e interferencias no invitadas.
i. Asumir la visión de mundo —régimen de verdades— del superior
como la única fuente válida de conocimiento sobre qué es la realidad
y cómo esta funciona.
j. Sentirnos como “anormales” innecesarios, inconvenientes o peligrosos siempre que no estemos de acuerdo con cualquiera de las situaciones anteriores.
Para implementar la dicotomía  del superior-inferior, los imperios
crean un sistema de ideas para interpretar la realidad; sistema de técnicas para transformar la realidad; y, sistema de poder (reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales)
para controlar la realidad, mismos que prevalecen sobre otros
sistemas de ideas, técnicas y poder que condicionan la naturaleza de las relaciones de producción, relaciones
de poder, modos de vida y cultura durante un período de tiempo llamadoépoca histórica.

La humanidad empezó con la época del extractivismo, cuando dependía de la naturaleza para su existencia, optó por el agrarianismo cuando inventó la agricultura para su sobrevivencia en el neolítico, e inició el industrialismo con la Revolución Industrial a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
Las épocas históricas coexisten, pero la del industrialismo está en crisis.
Su sociedad industrial tiene una coherencia que no está en correspondencia con las posibilidades y límites
del planeta. La humanidad experimenta un cambio de época, y no una
época de cambios. Los cambios globales en marcha no responden a los
estímulos del paradigma del industrialismo sino que están creando otra época histórica nueva pero no necesariamente mejor. Por eso estamos vulnerables, del ciudadano al planeta,y todos estamos en búsqueda de sostenibilidad.
Esta fue la razón por la cual, el último “modelo” de desarrollo
—desarrollo sostenible— ha sido propuesto en Río de Janeiro en 1992.
Incluso, aceptando la hegemonía epistémica del superior, nosotros hemos inventado nuevos adjetivos para legitimar un “modelo” que, otra vez, ha sido concebido por otros actores, en otros idiomas y desde otras realidades.
Para ser sostenible, el desarrollo ahora debe ser “local”, “territorial”,
“humano”, “endógeno”. Sin embargo, muchas iniciativas oficiales de
desarrollo sostenible en América Latina fracasarán, independiente del
adjetivo que vengan a adoptar. Publicado en la forma de libro, Nuestro
Futuro Común, el mismo Informe Brundtland que institucionalizó dicho “modelo”, revela que lo hizo para viabilizar “una nueva era de crecimiento económico”.
Para los sospechosos de siempre, los co-autores del Informe Brundtland, el desarrollo sostenible no pasa de crecimiento económico que se sostiene en el tiempo, así como “desarrollo local” significa crecimiento económico local, “desarrollo territorial” no pasa de crecimiento económico que toma en cuenta el territorio,
“desarrollo humano” significa darle un rostro humano al crecimiento
económico, y “desarrollo endógeno” no pasa de crecimiento económico desde adentro. Dicho Informe ha sido formulado para proponer que todo cambia para que nada cambie.
Su agenda oculta fue asegurar el protagonismo del crecimiento económico, la estrategia histórica, cuantitativa e inmutable de “desarrollo” para la acumulación en el sistema capitalista.
El “desarrollo sostenible” ha sido oficialmente concebido con las mismas características de los modelos que han fracasado en la región desde 1492. Por incluir grupos humanos y sociales (con diferentes valores, creencias historias y aspiraciones en distintos contextos), el desarrollo no se somete a “modelos”. Para ser exitosos,
modelos universales asumen la realidad como homogénea; son creados como diseños globales que ignoran
los contextos y saberes locales.

Pero el“desarrollo” emerge de una trama de  relaciones y significados entre diferentes formas y modos de vida. Su complejidad y dinámica no se encajan en la lógica mecánico-lineal bajo la cual unos generan, otros transfieren y muchos adoptan un cierto modelo
que será exitoso en todos los lugares.
Un “modelo” es un marco cerrado cuyo éxito y beneficios dependen de que el mismo sea integralmente adoptado.
Como las fórmulas y recetas, los “modelos” existen solamente para reproducir —replicar— productos idénticos
cuyo desempeño no depende de la historia ni del contexto.

Así, nosotros podemos explorar algunas respuestas para la pregunta inicial en la forma de premisas. Para aumentar su relevancia, una concepción de desarrollo debe asumir que:
a. El desarrollo no es universal, sino contextual. Un “modelo” exitoso
en un lugar no será exitoso si es replicado en otros lugares. La realidad
no es homogénea. El desarrollo es específico, es singular en
diferentes contextos.
b. Todos siempre fuimos, somos y seremos apenas diferentes. Nunca
hubo, no hay y nunca existirán civilizados -primitivos o desarrollados-
subdesarrollados. Estas son falsas dicotomías ideológico-epistémicas
creadas para fines de dominación. La dicotomía del “superior-
inferior” facilita la dominación para la explotación. Para
ser relevantes para nuestras sociedades, los sistemas de comunicación
y educación de la región deben abandonar la reproducción de dicha dicotomía. Lo que significa ser “civilizado” y “desarrollado”
ha dependido históricamente de los parámetros del más fuerte,
que los impone para efectos de comparaciones donde él siempre
emerge como superior y los demás como inferiores. Como la civilización occidental es la civilización del tener y no la civilización
del ser, dichos parámetros — cuantitativos— son de naturaleza
material y tecnológica, para que existan siempre “brechas” cuantitativas a ser superadas.
c. No se puede transformar la realidad con respuestas sino con preguntas.
Los educadores latinoamericanos deben adoptar la pedagogía
de la pregunta que forma “constructores de caminos”, porque
no se aprende con la respuesta ya existente, sino con la pregunta
localmente relevante que desafía el talento de los interesados.
Los adultos no se comprometen con la respuesta que escuchan
sino con aquella de la cual participan de su construcción. Para la
relevancia de los esfuerzos de desarrollo es más apropiada la pedagogía de la pregunta de Paulo Freire, que permite problematizar
el mundo desde nuestro contexto, formando constructores de caminos
que todavía no existen, que la pedagogía de la respuesta de la Escuela
de Negocios de la Universidad de Harvard, que nos lleva a
un mimetismo que forja seguidores de caminos ya existentes.
d. El enfoque del “desarrollo de” prevalece sobre el enfoque del “desarrollo en”. El “desarrollo en” un país es un esfuerzo realizado en un lugar geográfico para explotar sus ventajas ecoambientales, sociocul-turales o de otra naturaleza. El “desarrollo de” incluye necesariamente el desarrollo humano y social de la gente de dicho país, y es realizado desde y con la gente, tomando
en cuenta su complejidad, diversidad y diferencias. Por eso, en el “desarrollo en”prevalece la filosofía del “modo clásico”de innovación
de cambiar las cosas para cambiar las personas, mientras en el “desarrollo de” prevalece la filosofía del “modo contextual” de innovación de cambiar las personas que cambian las cosas. No por accidente, el 75% de los procesos de transformación institucional que
fracasa en el mundo tiene como fuente de inspiración el “modo
clásico” de innovación.
e. Debemos aprender inventando desde lo local para no perecer imitando desde lo global. Los modelos
universales no son malos porque son foráneos sino porque,
concebidos desde una realidad particular, son impuestos a otras
realidades donde resultan irrelevantes por ignorar los valores,
creencias, experiencias, historias, saberes, necesidades y aspiraciones
locales. Para ser relevante localmente, el desarrollo “posible” debe
movilizar la imaginación, capacidad y compromiso de los actores
localmente interesados en influenciar ciertos aspectos de su futuro.
f. Sin emoción no hay pasión, y sin pasión no hay compromiso. Para
ser relevante, el desarrollo “posible” en distintos contextos debe
ser capaz de emocionar para apasionar, y apasionar para comprometer
a los actores sociales e institucionales localmente interesados
en participar de la construcción del futuro que tendrá impacto en
su existencia y en la existencia de otras formas y modos de vida. Eso
implica imaginar sueños colectivos para crear fuentes de emoción
colectiva. Como decía Hélder Cámara, el Obispo ya fallecido de la
ciudad de Olinda, estado de Pernambuco, Nordeste de Brasil:
“cuando uno sueña solo, es apenas un sueño; cuando muchos comparten el mismo sueño, es el inicio de la realidad”. Como la complejidad de la realidad hace interdependientes a todas las formas y modos de vida involucrados, la construcción de la sostenibilidad nos transforma en ángeles con apenas un ala, que no logran volar si no lo hacen abrazados.
g. La cooperación ética no entrega el “pescado” ni transfiere el “anzuelo” sino comparte el “arte de hacer anzuelos”.
El enfoque que entrega el pescado atiende a la agenda oculta
del superior diseñada para crear dependencia absoluta entre los inferiores. El enfoque que transfiere el anzuelo atiende a la agenda oculta diseñada para definir los peces que el inferior tendrá acceso, a través del control de la forma y tamaño del anzuelo (modelo) previamente fabricado. El enfoque que comparte el arte de hacer anzuelos es el único que permite a los “talentos humanos” locales, que conocen a sus aguas y a sus peces, desarrollar su capacidad para construir anzuelos en las formas y tamaños que sus realidades, necesidades y aspiraciones requieren.

Finalmente, no todo lo que es posible es necesariamente relevante. Para ilustrar, la clonación humana es científicamente posible, pero éticamente no todos están de acuerdo que se deben “fabricar” clones humanos “diseñados” para crear seres humanos perfectos o replicar ciertos individuos.
Desde la ética de la existencia, los científicos no tienen el derecho de
decidir solos lo que debe ser clonado apenas porque saben cómo hacer laclonación. Cuando las condiciones, relaciones y significados que generan y sostienen la vida están en cuestión, la relevancia de lo qué debe ser hecho debe emerger de procesos de interacción social con la participación de diferentes grupos de actores sociales e institucionales de la sociedad, y no apenas de las decisiones de científicos y/o de actores poderosos que los financian.
La expresión “otro mundo es posible” de los movimientos sociales
debe ser reemplazada por “otro mundo relevante es posible”.
No queremos otro mundo apenas porque el mismo sería “posible”. Nosotros queremos que sea posible otro mundo “relevante” para todas las formas y modos de vida.

Por lo tanto, contestando a la pregunta inicial, no existe uno sino múltiples desarrollos posibles. Si el desarrollo no se somete a “modelos”, y si no siempre el desarrollo posible significa desarrollo relevante, no existe “una” sino múltiples posibilidades de esfuerzos localmente relevantes de lo que venga a ser localmente negociado como “desarrollo” en diferentes contextos. Eso implica liberarse de lo universal, mecánico y neutral, del “modo clásico” de innovación,
y asumir el contexto como referencia, la interacción como estrategia
y la ética como el garante de la sostenibilidad de un desarrollo relevante, donde quepan todos. Sin embargo, en el marco de la
normalidad neoliberal de la globalización que hizo de América Latina la región más desigual del mundo, ciertos agentes internacionales de los cambios nacionales, como el BancoMundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC), Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Banco Interame-ricano de Desarrollo (BID), Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y Agencia Internacional
de Desarrollo de los Estados Unidos (USAID), entre otros, imponen
un cierto “modelo” de desarrollo como posible y benéfico para todos.
Crean cadenas mentales que definen “lo relevante” como algo siempre inventado en otros idiomas, creado por otros actores y que nos llega desde otros lugares con su “cooperación”.
Eso facilita el acceso de los superiores a los mercados cautivos, materia prima abundante, mano de obra barata, mentes dóciles y cuerpos disciplinados de los inferiores. Este tipo de desarrollo
ha sido siempre posible pero nunca relevante para los grupos sociales
más vulnerables.
El nuevo “modelo” usa conceptos precedidos de la palabra “capital”, como “capital social”, para promover la metáfora del mundo-mercado en la época histórica emergente, en reemplazo a la metáfora del mundo-máquina del industrialismo, y para evitar la metáfora del mundo-ágora de los movimientos sociales. Bajo el régimen
de verdades neoliberales de la globalización corporativa, todo lo
que antes era “recurso” (natural, humano) es reducido a “capital” (natural, humano).

En el mundo-mercado, todo se compra, desde principios
hasta la naturaleza, y todo se vende, desde escrúpulos hasta la vida.
Con la pérdida de parte de la soberanía del Estado-nación, está
emergiendo una especie de gobierno mundial, sin presidente ni elecciones, donde los que deciden no son electos y los que son electos no deciden.
La democracia representativa ya no logra representar a la mayoría; es
una democracia de un día, el día del voto. El auto-proclamado “superior”, está haciendo una gran inversión financiera y manipulando a muchos actores multilaterales para crear nuevas reglas políticas, roles epistemológicos y arreglos institucionales favorables al “modelo” de desarrollo que le interesa, lejos del escrutinio público y de la participación ciudadana.
Su estrategia es sencilla y ha sido muy exitosa: domesticar nuestra voluntad de cambiar al mundo, incluyendo la participación activa de nosotros como inocentes útiles en el proceso de nuestra misma domesticación.
¿Hasta cuándo? ¿A qué costo?

Tarea. Es la tarea más facil de todas. Aprópiate de UNA sóla declaración de Souza y comparte en este blog con tus compañeros. Lo puedes hacer hasta el sábado 27 de junio.

Saludos de Maguita.